EL RAPTO DE EUROPA

Quellinus, Erasmus, h. 1630.  Museo del Prado
Aunque Europa (ευρυ- ‘ancho’ o ‘amplio’ + οπ- ‘ojo(s)’ o ‘cara’) es el nombre de varias heroínas griegas, la más famosa de todas es la hija de Agenor y Telefasa, reyes de Sidón y de Tiro, que fue amada por Zeus.

Zeus vio a Europa cuando estaba jugando con sus compañeras en la playa de Sidón -o de Tiro- y se enamoró de su belleza; para acercarse a ella se transformó en un manso toro blanco, con los cuernos semejantes al arco de la luna, y bajo esta apariencia se mezcló con las manadas de su padre y fue a tumbarse a los pies de la joven Europa. Ella se asustó un poco al principio, pero después, animada por su aparente mansedumbre, comienza a acariciar tímidamente sus costados, a tocar sus cuernos y termina por sentarse en el lomo del animal. Enseguida el toro-Zeus se levanta y comienza una carrera hacia el mar. Europa grita pidiendo socorro, pero nadie puede ayudarla, y así, agarrada fuertemente a los cuernos que antes había acariciado, se adentra en las olas y se aleja de la orilla. De este modo llegan los dos a la isla de Creta, donde Zeus le reveló su auténtica identidad. Allí, en la ciudad de Gortina, Zeus se unió a Europa junto a una fuente, a la sombra de unos plátanos, que, como testigos de esos amores, obtuvieron el privilegio de conservar siempre sus hojas.

Mientras tanto, Agenor, el padre de Europa, había enviado a sus otros tres hijos varones en busca de su hermana, con la orden de no volver sin haberla encontrado. Estos abandonan Tiro acompañados de Telefasa, la madre, que se une a ellos. Pero los jóvenes no tardan en darse cuenta de que su misión es inútil y comienzan a asentarse en diversos países. Cadmo y su madre continúan el viaje hasta Tracia; después de la muerte de la madre, Cadmo viaja hasta Delfos donde consulta al oráculo, el cual le ordena abandonar la búsqueda de Europa y fundar una ciudad en el lugar en donde se tumbara agotada una vaca a la que habría de seguir.

De los amores de Zeus y Europa nacieron tres hijos: Minos, Sarpedón y Radamantis. Los tres fueron adoptados por el rey de Creta, Asterión, con el que Zeus había casado a Europa una vez que sus amores concluyeron. Previamente a la boda le había otorgado tres presentes muy valiosos; en primer lugar le regaló a Talo, el autómata de bronce, que guardaba las costas de Creta contra cualquier ataque extranjero y que todos los días daba tres vueltas a la isla con sus armas e impedía que ningún extraño pudiera entrar en ella y ningún habitante pudiera salir sin consentimiento del rey; a los que hacía prisioneros les aplicaba un tormento cruel, pues primero colocaba su cuerpo metálico junto al fuego hasta volverlo incandescente y a continuación los estrechaba entre sus brazos; en segundo lugar, le regaló a Laelaps, un perro que no dejaba escapar ninguna presa y, en tercer lugar, una jabalina que jamás equivocaba el blanco.

Tras su muerte Europa recibió honores divinos y el toro cuya forma había adoptado Zeus para unirse a ella se convirtió en una de las constelaciones celestes y fue colocado entre los signos del Zodiaco.

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