EL LEGADO DE ADRIANO EN EUROPA Y EL MEDITERRÁNEO

Nota: Aunque la noticia como tal no es reciente, sin embargo el contenido sigue siendo interesante.

La reciente exposición en el British Museum de Londres sobre el emperador Adriano no sólo nos desvela la personalidad de este controvertido y enigmático personaje, sino que también nos incita a viajar y conocer algunas de las grandes obras que realizó a lo largo y ancho de Europa y el Mediterráneo.

1. El Emperador en Londres. British Museum (Londres).
Cualquier disculpa es buena para volver a Londres. Hasta finales de octubre se puede ver la mayor exposición jamás dedicada al Emperador en el British Museum. Pero incluso más adelante, vale la pena acercarse al museo para conocer el busto de Adriano que se encontró en el Támesis, además de una docena de esculturas procedentes de la Villa Adriana de Tívoli, incluidos otro busto del Emperador y una gigantesca cabeza de Hércules, varios capiteles del Panteón y las tabletas de madera encontradas en Vindolanda (un puesto fronterizo en la Muralla de Adriano) donde se refleja la vida de los soldados pero también la del imperio durante su época.

Es además un buen momento para conocer los cientos de objetos de uso diario, mosaicos y el espectacular Templo de Mitras, la antigua Londinium, que ya era durante los primeros siglos de nuestra era una de las ciudades más importantes de Europa. Más información en: www.britishmuseum.org.


2. La Muralla de Newcastle-Carlisle (Reino Unido)
El muro de Adriano en Newcastle (Reino Unido)
Aunque no fue la única muralla que mandó construir durante su reinado -hay otras en Alemania y en Túnez nada es comparable a la que separaba a los civilizados 'británicos' de los bárbaros de Caledonia, que aún permanece en pie al norte de Inglaterra. Ciento veinte kilómetros que se pueden recorrer en coche, andando, a caballo o en bicicleta. A lo largo del recorrido se descubren varios fuertes, campamentos y poblados militares como Vindolanda, Housestead o Chester. Es una buena oportunidad además para conocer Carlisle, la deliciosa capital de Cumbria, donde hay un museo lleno de objetos romanos (Tullie House) pero también una catedral gótica extraordinaria, construida con una llamativa piedra de color rojo.

Newcastle-upon-Tyne que, con su hermana siamesa Gateshead, forma la nueva gran metrópolis del norte de Inglaterra, está cuajada de yacimientos romanos pero también de nuevos edificios como The Sage de Norman Foster o el centro de arte contemporáneo Baltic, ubicado en una antigua fábrica de harina. Todos bajo la atenta mirada del gigantesco Angel del Norte de Anthony Gormley. Información en: www.hadrians-wall.org.


3. Roma, el centro del mundo (Italia) 
El Castelo de Sant 'Angelo en Roma.
Adriano siempre que pudo evitó la capital del imperio, manteniendo una relación de amor odio con una ciudad que nunca lo quiso demasiado. No impidió que terminara construyendo algunos de sus monumentos más carismáticos, comenzando por el Panteón, para muchos el edificio más perfecto e influyente que nos ha legado la cultura romana (a pesar de que hubo que empequeñecer el pórtico original, al no coincidir el tamaño de las columnas encargadas a Egipto con la altura del frontón)... Para terminar con su propia tumba a orillas del Tiber, que ahora todo el mundo conoce como el Castello Sant'Angelo. Pero no son los únicos edificios importantes que nos ha legado.

Muy cerca del Panteón se puede ver lo que se conoce como la Basílica de Neptuno y también vale la pena acercarse a lo que queda del inmenso templo de Venus y Roma que medía en su momento 145 metros por 100, dominando una colina frente al Coliseo. Y si quedan energías, su huella aparece de forma continua tanto en los Museos Capitolinos como en los de Vaticano, donde se conserva una estatua de su favorito Antinoo con los atributos de Osiris.


4. Una villa en Tívoli (Italia)
Villa Adriana, Tívoli (Italia)
A pesar de que muchos de los grandes museos de Europa, incluidos los de Roma, están llenos de esculturas y obras de la villa que Adriano se hizo construir en los alrededores de la capital, todavía resulta impresionante pasearse por sus cerca de 80 hectáreas (aproximadamente la misma extensión que Pompeya). Aquí el Emperador quiso recrear lo mejor de las diferentes culturas de su imperio, superando a los originales. Hay que imaginarse los edificios recubiertos de mármol y otras piedras semipreciosas.

En el corazón del conjunto se escondía su residencia particular, donde con un poco de imaginación podemos reconstruir la vida de este personaje obsesionado con la cultura que tan pronto podía ser el político más audaz de su época, como transformarse en un poeta, astrólogo, amante apasionado o despiadado asesino. Trece siglos más tarde, el hijo de Lucrecia Borgia, Hipolito II d'Este, se inspiró en la Villa Adriana para construir en las cercanías su propio sueño del paraíso en la tierra, la Villa d'Este donde no es difícil reconocer la procedencia de muchas de los materiales utilizados. Tanto una como otra han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad. Información en: www.villa-adriana.net y en www.villadestetivoli.info.


5. Sevilla, tierra de emperadores (España)
Diario de Sevilla
Aunque todavía no está claro si Adriano nació en Hispania o cerca de Roma, de lo que no hay duda es que toda su familia, como la de Trajano -su guardián y predecesor-, procedía de la Bética. Se sabe con seguridad además que siempre se sintió vinculado a Itálica favoreciéndola de forma continua. Sus orígenes se remontaban al siglo III antes de Cristo, siendo la fundación romana más antigua de la Península Ibérica.

Adriano no sólo restauraría muchos de sus monumentos anteriores, sino que incluso ampliaría su territorio con Nova Urbs, un barrio nuevo al norte donde no tardan en construirse grandes mansiones. No es ninguna casualidad que, aparte del anfiteatro, sean estas lujosas edificaciones cubiertas de mosaicos, lo más espectacular de las actuales ruinas de Itálica. Es recomendable completar la visita del yacimiento con un paseo por el cercano Museo Arqueológico de Sevilla y el Palacio de Lebrija, donde se guardan algunas de las mejores piezas encontradas en la ciudad de Adriano. Información en: www.juntadeandalucia.es.


6. Atenas. Atenas, Grecia.
Puerta de Adriano, Atenas (Acrópolis al fondo)
Para Adriano, la capital de mundo no era Roma sino Atenas, una ciudad que representaba casi todo lo que más admiraba. Allí quiso dejar su huella de forma eterna construyendo una nueva metrópolis frente a la que había creado Teseo. Todavía se puede leer en una inscripción en la hermosa Puerta de Adriano, que daba paso a esa nueva urbe, su deseo de pasar a la posteridad como el creador de su propia Atenas aún más grandiosa y espectacular. Sus restos quizás no pueden competir con los de la Acrópolis pero es difícil no conmoverse ante la docena de columnas ciclópeas de su templo de Zeus Olympios, que llegó a albergar una estatua colosal de oro y marfil del dios supremo.

Vale también la pena dirigirse hasta la antigua ágora romana, no lejos de la actual plaza Monastiraki, donde mandó construir una magnífica biblioteca que muy pronto volverá abrir sus puertas. Justo al lado, se están excavando los restos de una gran basílica donde es posible que se encuentren restos del culto a Antinoo, popularizado por los griegos, como agradecimiento a un emperador que tanto hizo por su antigua capital.




7. Cyrene, en la otra Atenas. Cyrene, Libia.
Cyrene (Libia)
De las cinco colonias griegas en la actual Libia, ninguna era comparable a Cyrene, fundada en el 630 a.C., que terminaría dando nombre a toda la región. Los antiguos la consideraban la otra Atenas, contando con tantos monumentos y un ambiente intelectual comparable (tenía su propia escuela de filosofía), a pesar de terminar perdiendo su independencia y transformarse en la capital de un provincia romana. Durante el reinado de Trajano esa prosperidad desapareció por completo al ser destruida a raíz de las luchas entre la comunidad judía y las fuerzas romanas.

Y ahí entra en acción Adriano, quien decide refundar una nueva Cyrene, incluso más espectacular que la anterior, de la que podemos ver todavía sus magníficas ruinas declaradas Patrimonio de la Humanidad, como lo son también los restos de Leptis Magna y Sabratha, los otros dos grandes yacimientos romanos en Libia. En el 2005 arqueólogos romanos encontraron 76 esculturas intactas de aquella época que se pueden ver en el Museo Arqueológico de SAT, muy cerca de Cyrene. 


8. Sagalassos, una ciudad en las nubes. Turquía
Yacimiento arqueológico de Sagalassos (Turquía)
Uno de los protagonistas de la exposición del British Museum es un estatua gigantesca del emperador encontrada hace ahora un año en el yacimiento de Sagalassos o Termessos (Turquía), la antigua capital del reino de Pisidia que Alejandro Magno conquistó en el 333 a.C. Desde entonces esta ciudad, a 1.600 metros de altitud y a menos de cien kilómetros de la actual Antalya (donde se conserva una puerta dedicada a Adriano), se convertiría en una de las grandes metrópolis de la zona. Fue redescubierta en 1706 por Paul Lucas, un emisario de Luis XIV que exploraba la las montañas del sur de Anatolia.

Dos siglos más tarde el arqueólogo William Hamilton la consideraba la ciudad mejor conservada de la época romana en todo Turquía. Sin embargo, el hallazgo de otras aún más impresionantes como Éfeso o Pérgamo hizo que el interés disminuyera por la Ciudad de las Nubes. Sólo a partir de 1990, cuando se han descubierto los restos de los monumentos que Adriano hizo construir en la ciudad, incluida una hermosa biblioteca y un conjunto de elegantes baños públicos, ha vuelto a transformarse en una de las grandes atracciones turísticas de la zona, como ya lo son Aspeados, Perge o la misma Antalya. Información: www.sagalassos.be.

Fuente: Javier Mazorra, 16/09/2008 El Mundo