¿CÓMO ERA EL EROTISMO DE GRIEGOS Y ROMANOS?

Las relaciones entre hombres eran corrientes | La mujer tenía un papel distinto en Roma y Atenas | Los burdeles eran un lugar de diversión popular | El mayor tabú era el sexo oral y asumir el rol de pasivo
Artículo extraído de La Vanguardia
hic habitat felicitasUna reciente exposición en Atenas ha reabierto el debate: ¿la vida sexual de los romanos y de los griegos era realmente tan diferente de la nuestra? Detrás de la aparente desinhibición y desenfreno, también existía una doble moral y había tabúes

Acaba de aterrizar en el Foro Romano, en la época dorada de la Roma imperial: al pasearse por las calles empedradas de la capital, colocados en las tiendas y en el inmobiliario urbano, ve unos símbolos fálicos, pinturas eróticas y esculturas un tanto explícitas. Y al entrar en la domus donde se aloja, se le invita a pasar a un cuarto trasero y apartado. Ahí unos cuantos esclavos jóvenes se le insinúan, mientras usted está esperando a su anfitrión, que ha ido a pasar unas horas en un prostíbulo…

Desinhibidos

Es una imagen de lo que podría ocurrir si el sueño de viajar en el tiempo se hiciera realidad. Es cierto que desde la óptica actual termas pompeyanas 1las costumbres sexuales romanas pueden parecer excesivamente desinhibidas y hasta depravadas. Fíjense, a título de ejemplo, en estos versos del poeta Catulo: "¡Qué situación más cómica, Catón, más divertida y apropiada para tus oídos y carcajadas! Hace un momento sorprendí a un chiquillo intentando tirarse a una chica. Yo, que Venus le perdone, de un solo golpe lo he atravesado con mi rígida verga". Ante una situación parecida, más que reírse, lo normal hoy en día, al menos para algunos, sería escandalizarse. "A pesar de que nos creemos totalmente libres, estamos cargados de tabús y limitaciones. Los antiguos romanos habrían considerado la mayoría de nuestras actitudes con respecto al sexo algo inaudito e incluso absurdas. Y muchas de las normas que nosotros solemos dar por sentadas nada tienen que ver con las que ellos seguían. A los ciudadanos de Roma, el sentimiento de culpa que nosotros solemos asociar con el goce sexual les habría parecido raro", escribe John R. Clarke, catedrático de la Historia del Arte de la Universidad de Texas y autor del libro Sexo en Roma, (Oceano Ed.). ¿Es realmente así? ¿Qué peso tenía el sexo en la vida diaria en la época antigua?

Promiscuos

Lupanar, indicación en el suelo Otra exposición en el Museo de Arte de las Cicladas, nos permite contestar en parte a la pregunta que se acaba de formular: el erotismo no sólo era un elemento decorativo (su representación en esculturas y pinturas servía, entre otras cosas, para alejar la mala suerte) sino parte integrante de la vida ciudadana, tanto en la esfera privada como en la pública. "Nuestros antepasados no eran mojigatos", dice el director del museo Nicholaos Stampolidis. "Eran muy tolerantes; su sociedad era abierta. Y el sexo era una fuerza unificadora de la sociedad".

¿Por qué? Venus, la diosa del placer y del amor, era la madre de Eneas, fundador del linaje romano, con lo que siempre gozó en Roma de especial veneración. A su vez, el falo representaba y simbolizaba las misteriosas fuerzas creadoras y fecundadoras del universo, el poder generativo de la naturaleza que protegía la vida contra las fuerzas que pudiesen amenazarlas. De ahí que formara parte del inmobiliario urbano y doméstico.

De clase

Los hábitos sexuales en Roma se heredan en parte de la cultura griega, aunque con unas cuantas diferencias. Los helénicos eran igual octavia_aureusde desinhibidos, pero todo se centraba en una cuestión de género: el hombre tenía derecho a disfrutar (con hombres, esencialmente), mientas que la mujer servía para dar a luz a atenienses y poco más. En Roma, en cambio, los patrones de comportamiento sexual estaban organizados en función de la clase social. La élite tenía las manos libres: no había ningún problema si se frecuentaban prostitutas o esclavos, sea de sexo masculino o femenino, porque se consideraban que estos pertenecían a una categoría inferior. "En esa época, un ciudadano libre podía hacer prácticamente de todo en lo referente al sexo" resume Alfonso Cuatrecasas, doctor en filología clásica y autor de Amor y sexualidad en la antigua Roma, (Ed Letras difusión), un libro muy documentado con una traducción de textos antiguos fiel marco antonio - octaviaal espíritu de la época. Por ejemplo, un ciudadano romano podía tranquilamente acostarse con su mujer en la cama, con un hombre en las termas, con la prostituta en un burdel y con un esclavo en el patio de su casa. Para él existían dos tipos de mujeres: las que servían para casarse, a fin de tener algún hijo, y las que servían para gozar. Al primer grupo pertenecían las ciudadanas romanas. Al segundo grupo, esclavas, extranjeras, prostitutas. Como escribe Plauto, "mientras te abstengas de mujeres casadas, viudas, vírgenes o muchachitos de libre cuna, haz el amor con quien te dé la gana". Al ciudadano romano sólo les estaban vedadas las relaciones con otra mujer de su clase: en ocasiones podía incluso llegar a sufrir la castración. Por lo demás, un miembro de la élite de Roma hasta podía jactarse públicamente de sus amores o lamentarse de sus infortunios amorosos, sin que nadie se sorprendiera ni lo criticara por ello. No se le podía, en ningún caso, acusar de adulterio.


Emperadores

Los emperadores eran los primeros en dar ejemplo. Tiberio, amante del sexo, mandó decorar todas las alcobas Caligula destinadas a este fin con múltiples pinturas ilustrando las distintas posturas sexuales. Calígula llevó la teoría a la práctica: se acostaba con su hermana… y hay más: un día lo invitaron a una boda, se presentó y lo primero que hizo fue violar al novio y la novia. Julio César, además de practicar la homosexualidad, se acostó con prácticamente todas las mujeres de sus amigos senadores y generales. Nerón, gran amante de los bacanales, hizo castrar a un chico, lo vistió de mujer. y se casó con él. El sexo desinhibido no sólo era un privilegio masculino: Julia, la hija de Augusto, y Mesalina, esposa del emperador Claudio, eran asiduas frecuentadoras de prostíbulos. Las clases más humildes eran las que, de cierta manera, pagaban factura de este sistema social. En particular, si uno era esclavo, lo tenía crudo: prácticamente estaba a la merced (sexual) de su amo (y, a veces, de la esposa de este). En Roma todo el mundo daba por sentado que cualquier hombre que perteneciera a la élite poseía un joven y bello esclavo con el que se podían entablar relaciones sin problema alguno. "En términos legales, se trataba de sexo entre el propietario y su propiedad. Teniendo en cuenta que un joven costaba lo que cuesta un coche de lujo hoy en día, no mantener relaciones sexuales con esclavos sería como comprarse un Mercedes y no conducirlo nunca", escribe Clarke.

(Ver al final  anécdotas de Julio César y algunos emperadores romanos)

Matrimonio

En esa época no había muchos espacios para el romanticismo de pareja ya que, como hemos visto, los romanos matrimonio romano - sarcófago- Capodimonteno ligaban, sino fornicaban. En Roma se creía que el amor disminuía la capacidad de pensamiento racional y era visto como algo ridículo. La edad núbil de la mujer era los doce años y la del hombre los diecisiete. La unión matrimonial –sólo heterosexual– era un mero trámite burocrático. "Era una institución aberrante, un acuerdo pactado con mujeres jóvenes, que pasaban directamente de ser adolescentes a convertirse en matronas, con el único objetivo de procrear. Procurar la satisfacción a la mujer no era concebible. No se contemplaba la satisfacción mutua", recuerda Cuatrecasas. El filósofo y poeta Lucrecio sostenía que a la mujer "no le son necesarios los movimientos lascivos…las putas son las que, por su propio interés, suelen realizar estos movimientos y para que el placer del coito les resulte a los hombres más intenso: lo cual no parece en modo alguno que sea necesario a nuestras esposas". La liberación sexual femenina, tal como la entendemos hoy en día, no estaba contemplada. Para que se tenga una idea, Ovidio fue condenado al destierro porque en Ars amandi se atrevió a expresar unos conceptos intolerables para la moral de aquel entonces. "Odio el coito en que el orgasmo no es mutuo. Me gusta la mujer que con gritos expresa su placer y me pide que no corra tanto y me retenga", escribió. Estas frases acabaron costándole la vida.

Mujer

Con todo, hay que introducir un cierto matiz. Entre Grecia y Roma había una diferencia fundamental: en la civilización helénica, las mujeres no tenían ninguna influencia. "Tenemos chicos para nuestro placer, concubinas Laurent_de_la_La_Hyre para nuestras necesidades sexuales y esposas para llevar la casa y darnos hijos", rezaba un proverbio griego de la época. De hecho, en Atenas la homosexualidad entre hombres estaba al orden del día y estaba casi mejor vista que las relaciones heterosexuales (se puede citar la célebre la frase de Oscar Wilde: "Yo hago lo mismo que Sócrates"). La mujer en la antigua Grecia servía únicamene para la procreación. El hombre era su guardián legal. Eurípides llegó a decir que "si la mujer se dejara llevar por sus instintos sería un peligro para el hombre". En Atenas existía la creencia de que ellas tenían una capacidad sexual inagotable y que, por lo tanto, el hombre la tenía que controlar y hasta reprimir. Su subyugación, unida al hecho de que contraían matrimonio a los diez años, hacía que su papel en la vida pública fuera escaso. En cambio, la mujer en Roma, adquiere un mínimo de emancipación. "En Grecia la mujer no tenía ningún peso y era un tanto servil. En Roma seguía estando reprimida sexualmente en el matrimonio, pero tenía vida social, participaba en cenas y conversaciones", dice Cuatrecasas.

Doble moral

Además, como ocurre a menudo cuando se habla de costumbres sociales, había una cierta diferencia entre la doctrina oficial y la realidad. Por ejemplo, incluso ellas no tenían demasiados problemas para satisfacer sus necesidades sexuales. "La mujer que quería tener sexo tenía que hacer un poco como Dr. Jekylll y Mister Hyde. Algunas podían prostituirse ocasionalmente o frecuentaban burdeles para conocer el placer. Salían a la calle, se arreglaban de forma atractiva, se ponían pelucas, se maquillaban. Cambiaban de identidad: había que disimular", destaca Antonio Poveda profesor de Historia Antigua de la Universidad de Alicante y comisario de la exposición Sexo y erotismo: Roma en Hispania, que se celebró el año pasado en el Museo Arqueológico de Murcia. La vida de pareja en aquel entonces no estaba basada en la fidelidad mutua. "La mujer podía ir con otra mujer, no era un problema, no era un infidelidad propiamente dicha. Como el hombre que iba con otro hombre. A partir del imperio, la bisexualidad estaba aceptada y el adulterio era algo normal", afirma Cuatrecasas.

Liberación

Con la llegada del imperio, los derechos de la mujer romana experimentan un notable avance, y no sólo gracias a la posibilidad de un divorcio exprés. En efecto, "durante el siglo I, el matrimonio tradicional, que sometía la mujer a la autoridad de su marido, desapareció para ser substituido por un vínculo que la supeditaba a la autoridad de su padre, con lo que cuando este moría, la mujer tenía derecho a heredar la parte que le correspondía del patrimonio paterno", señala Clarke. Esto les permitió a ellas una mayor autonomía, primero financiera y luego en términos de costumbres sexuales, lo que le permitió gozar del erotismo reinante entre los varones. Es muy indicativo, en este sentido, el comentario del poeta Marcial: "¿Me preguntáis por qué no quiero casarme con una mujer rica? No quiero ser la mujer de mi mujer".

Homosexualidad

Era una característica sobre todo de la civilización griega. En Atenas los hombres sólo se divertían, en AquilesPatroclos- cerámica griega lo referente al sexo, entre hombres. El culto al cuerpo y a la belleza del mismo a través del deporte (gimnasio viene de gimnos y significa desnudo) servía a tal fin. Platón consideraba que el amor entre dos hombres era incluso superior y tenía una carga espiritual. Era frecuente que la relación homosexual formara parte del proceso de iniciación del adolescente griego. En cambio, la época romana se caracterizaba por la ausencia de categorías y etiquetas. "Nuestra concepción de que un hombre es heterosexual, homosexual o bisexual no cabría en la mente de un ciudadano de la antigua Roma. Para él, único objetivo era alcanzar el placer sexual introduciendo el pene en una vagina, en un ano o en la boca de cualquier objeto sexual deseable", escribe Clarke. Eso sí, la homosexualidad se aceptaba sin problemas, pero siempre que el que adoptara una postura pasiva perteneciera a una clase inferior. "No se podía humillar a un ciudadano romano con una penetración anal", recuerda Poveda. No hay que olvidar que en Roma el homosexual pasivo estaba considerado como un infame. Si un romano no caía en este error, entonces, y sólo entonces, como afirma Suetonio, podría decirse "casto". Séneca lo expresa de forma tajante: "la pasividad es un crimen en un hombre libre por nacimiento; en un esclavo es únicamente su deber".

Prostitucion

Los prostíbulos desempeñaban en la antigua Roma un papel esencial, como plataforma de desahogo de los instintos. Como escribió Lupanar 01 Catón el Viejo: "es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres". Las prostitutas pagaban impuestos, tenían que inscribirse en registros para llevar a cabo su actividad (llegaron a contabilizarse más de 30.000) y hasta celebraban su propio día de festividad el 23 de diciembre. El precio de un servicio era relativamente barato (las tarifas equivalían a las de una copa en un taberna) con lo que los burdeles se convirtieron eran lugares idóneos para la clase media. Aparte de los lupanares, comparables a los prostíbulos, el sexo podía Lupanar, camatambién tener lugar en las calles (la palabra prostituta viene de pro statuere y significa estar colocado delante, mostrarse), en los pórticos de los antiguos teatros, en los cementerios y en las termas, que en la edad imperial se convierten en un lugar promiscuo gracias a la desaparición de la separación entre sexos. "En Pompeya se observan prostitutos. De hecho, las prostitutas romanas llegan a quejarse de la competencia de estos últimos", dice Poveda. En efecto, contratar a un chico agraciado salía bastante más caro al cliente porque se consideraba una mercancía de gran calidad.

Tabúes

Pese a este aparente desenfreno, Roma también cultivaba sus tabúes. Ya hemos mencionado el tema del sexo pasivo en las relaciones homosexuales. El otro tabú (en teoría, porque en la práctica la regla se saltaba) era el sexo oral. "Entre los romanos existía el concepto de boca pura. La boca era símbolo de responsabilidad y deber social", recuerda Clarke. A través de ella se hacían discursos y el arte de la oratoria estaba muy considerada en Roma, con lo que la felación era vista como algo sucio. Para un hombre, era una infamia, e incluso para la mujer –siempre que no fuera esclava o prostituta–. Según Clarke, "si el escándalo Clinton- Lewinsky hubiera estallado en la antigua Roma la única culpable habría sido la ex becaria por haber incurrido en un delito de impureza oral". Sólo contaba el orgasmo masculino: procurar placer era un acto de sumisión sexual, para el hombre, algo impensable en esa época. En cuanto al cunnilungus, era tal vez la desgracia mayor, porque, como dijimos antes, era inconcebible pensar que el hombre romano se rebajara al punto de querer procurar placer a una mujer.

Cristianismo

Aunque a nuestros ojos los hábitos sexuales romanos nos pueden parecer un caos o derivar hacia la anarquía, la civilización de Roma duró 1.229 años (en Occidente). Esto demuestra que estas costumbres laxas no eran incompatibles con la gobernabilidad. Los ciudadanos las aceptaban de buen grado y rehuían cualquier forma de represión o reglamentación. "De hecho, el cristianismo apenas consiguió hacer mella en Roma y su influencia al comienzo fue mínima", recuerda Cuatrecasas. En su opinión "el cristianismo era un problema para Roma: defendía la igualdad de costumbres, los mismos derechos hombre y mujer, y promovía un dios único y antiesclavista". Era una auténtica bomba contra las instituciones romanas y era popular únicamente entre la clase más humilde. ¿Por qué entonces la represión de la sexualidad tuvo tanto éxito en los años posteriores? "En el fondo algunos preceptos del cristianismo, como la abstinencia fuera del matrimonio eran la mejor forma de liberación de la humillación que sufría la mujer. Era una forma de rebeldía contra el orden existente", señala Poveda. La caída del Imperio hizo que el cristianismo consiguiera imponer su credo y poco a poco se abandonó la promiscuidad.

¿Modernos?

En conclusión, si bien los romanos (y antes de ellos, los griegos) vivían la sexualidad de una forma muy diferente, es innegable que, en ciertos ámbitos, nos parecemos un poco a ellos. "También en nuestra sociedad rige una cierta doble moral: tenemos sexo antes de casarnos, socialmente condenamos en teoría los prostíbulos y la infidelidad, aunque luego los toleramos. Y la homosexualidad ahora está más aceptada. La auténtica diferencia con la antigüedad es que afortunadamente no hay esclavos y existe el delito de pederastia", sostiene Cuatrecasas. Y no hace falta ir muy atrás para darse cuenta de que, incluso en nuestro país, el derecho al placer de la mujer ha sido una conquista relativamente reciente. "En la España de los años 50 son pocos los hombres que hubieran aceptado esta idea", asegura Cuatrecasas. Como en la antigua Roma.

Emperadores hiperactivos

DOMICIANO
(51-96) Llevaba una vida sexual desenfrenada. Se decía que él mismo depilaba a sus concubinas. Vivía rodeado de prostitutas. Calificó a sus coitos como "gimnasia de cama"

JULIO CÉSAR
(100 a.C.- 44 a.C). Se acostó con muchas mujeres de sus amigos... y enemigos. Fue amante pasivo de reyes e intimó con Cleopatra. Conocido como "marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos"

CLAUDIO
(10 a.C.- 54 d.C) Cuando llegó a la cumbre del poder, sus más estrechas consejeras fueron dos prostitutas. También sus esposas, libertos y favoritas desempeñaron un papel activo en su gobierno

NERÓN
(37- 68) Hizo cortar los testículos a un joven y se casó con él. Le gustaba salir de una jaula recubierto con la piel de una fiera y arrojarse sobre hombres y mujeres atados en un poste. Intentó acostarse con su madre y se disfrazaba para ir a los burdeles

TIBERIO
(42 a.C. - 37 d.C.) Creó el cargo de intendente de placeres. En su retiro de Capri reclutó a grupos de chicas y jóvenes que copulaban por turnos delante de él a fin de excitarlo. Los llamaba "mis pececitos"

CALÍGULA
(12-41) Mantuvo relaciones sexuales con varios hombres y practicó la homosexualidad pasiva. Instaló un prostíbulo en su palacio –se enamoró de una prostituta– y hasta se lucró con dicha actividad. Llegó a acostarse con su propia hermana

AUGUSTO
(63 a.C.-14 d.C.) Hacia fuera, proclamaba austeridad. Pero su afición consistía en desflorar a jovencitas vírgenes. Hasta su propia esposa se las buscaba y las traía de todas partes

Fuente del texto: La Vanguardia

8 Comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué narices pinta Patroclo Y Aquiles junto al apartado homosexual?, ¿tomadura de pelo?, si en la Ilíada cada uno dormía con sus mujeres. Sólo se ve lo que se está predispuesto a ver.

La Homosexualidad NO ERA CARACTERÍSTICA de la civilización griega, era considerada aberrante, y sí, como hubo casos, se hicieron leyes contra ella, considerada desde siempre contra natura. En Esparta las más duras, exilio o muerte.

"Si alguien, siendo un hombre honesto, admiraba el alma de un muchacho e intentaba hacer de él un amigo ideal sin reproche y asociarse con él, aprobaba, y creía en la excelencia de este tipo de entrenamiento. Pero si estaba claro que el motivo de la atracción era la belleza exterior del muchacho, prohibía la conexión como una abominación, y así erastes y eromenos se abstenían de los muchachos no menos de lo que los padres se abstienen de relaciones carnales con sus hijos, o hermanos y hermanas entre ellos." JENOFONTE (Constitución de los lacedemonios, II, 13).

"Cualquier varón espartano que admira a un muchacho laconio, lo admira únicamente como admiraría una estatua muy hermosa. Pues placeres carnales de este tipo son acarreados sobre ellos por Hubris y están prohibidos". (Disertaciones, MAXIMO DE TIRO)

"Si algún ateniense tiene etairese (compañía del mismo sexo), no se le permitirá: convertirse en uno de los nueve arcontes, desempeñar el trabajo de sacerdote, actuar como magistrado del Estado, desempeñar cargo público alguno, ni en el hogar ni en el extranjero, ya sea por elección o por sorteo, ser mandado como heraldo, tomar parte en debates, estar presente en los sacrificios públicos, entrar en los límites de un espacio que ha sido purificado para la congregación del Pueblo, si alguien que se ha involucrado en actividades sexuales ilegales como las descritas, o ejerce una de estas actividades, será ejecutado". (Contra Timarco, orador ESQUINES).

Ya estamos hartos de tragarnos las burradas que repiten todos como cacatúas, existió homosexualidad pero nunca fue aceptada, las cerámicas son en número ínfimas y la mayoría eran sátiros (daemones degenerados), o actos que señalan el mal ejemplo. Las fuentes originales desmienten una de las mayores estafas de la historia a costa de todo un país, cuna de nuestra civilización, esto se acabó. El mito comienza a derrumbarse...

Patricia Echenique Chávez dijo...

¿Tienes algún problema con la homosexualidad mi chavo?

Raquel dijo...

Si piensas que la homosexualidad en Grecia estaba prohibida o que era un tema tabú deberías leer El Banquete de Platón.
No se en el resto de las polis pero desde luego en Atenas era una práctica considerada más elevada que la heterosexualidad, ya que la mujer era considerada mentalmente inferior, y por tanto la relación de amor entre dos hombres trascendía el plano físico y la de una mujer y un hombre no.

luis avellano luzon dijo...

Aquiles y Patroclo eran amantes. Se tienen referencias históricas de ello. Para el inculto que ha comentado, le recomiendo leer la edición pura de La Ilíada y que se deje de adaptaciones para niños. Era falso que en la Antigua Grecia la homosexualidad fuera mal vista, sino solo por algún machorro que siempre los ha habido. Además para tu información, no solo fueron Aquiles y Patroclo homosexuales, sino también San Agustín, Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Oscar Wilde, Tchaikovsky, Alan Turing o Federico García Lorca...

luis avellano luzon dijo...

Pues yo soy historiador del mundo antiguo, y te digo que no estás en lo cierto. La homosexualidad fue muy común en grecia, considerando al activo como un ser superior en el ámbito social y al pasivo como inferior. Para tu información, deja de leer adaptaciones para niños de la Ilíada y lee la versión original traducida, y verás la escena intima de Patroclo con Aquiles. Si no lo entiendes es que tu comprensión lectora es nula. Además, antes de que digas que fue otro mito, ya que en el fondo lo que escondes es la homofobia, Miguel Ángel, Da Vinci, García Lorca, Oscar Wilde, Tchaikovsky, Alan Turing... fueron homosexuales y aportaron grandes avances y arte a la humanidad. Culturízate un poco más y respeta la diferencia para no intentar "hundirlo" con falsos argumentos. Saludos

Manuel Edmundo Sepulveda Adriasola dijo...

Menos mal que en nuestra epoca las relaciones y derechos se están equilibrando entre hombres y mujeres y se terminó la esclavitud,sin embargo en muchos lugares por causa de la pobresa,de la miseria y de la ignorancia se sigue abusando de los menores de edad,prostituyendolos por un plato de comida o un puñado de dólares.

David Vendrell dijo...

Totalmente de acuerdo con los últimos comentarios. Anónimo, no copies fragmentos de obras literarias recopiladas por la UNED de las Islas Baleares porque hasta la UNED se puede equivocar. El primer fragmento sólo prohibe las relaciones entre amados y amantes cuando ésta relación estaba basada en la atracción física. Jenofonte (y su opinión no representa la colectividad) acepta las relaciones cuando el erastés se interesa por la personalidad y la mente del erómenos, cosa que defendía Platón, por ejemplo.

El segundo fragmento si que lo prohibe, pero el tercero està mal traudcido. Según Eva Cantarella en su libro "Según natura. La bisexualidad en el mundo antiguo", la traducción sería (p.74): Ean tis athenaios (si un ateniense se ha prostituido). Esquines no estaba en contra de la pederastia, ja que el mismo la realizaba (hasta en su obra Contra Timarco la alaba al dar ejemplos de relaciones pederàsticas històricas como Harmodio y Aristogitón y nombres de muchachos y jóvenes atractivos de su momento), sino que estaba en contra de la prostitución que supuestamente ejerció Timarco, algo totalmente prohibido. Supongo que si el tercer fragmento està mal traducido, lo más correcto sería revisar la traducción del segundo...

Atentamente, estudiante de tercer curso de Historia de la Universidad Rovira y Virgili, que hará el trabajo de final de grado sobre la sexualidad masculina en la Antigua Grècia.

Anónimo dijo...

Creo que todos tienen un poco de razón, por así decirlo. En realidad, la homosexualidad en el mundo antigsuo tenía otro sentido diferente al actual aparte de que hubiera gays propiamente dichos.

El lema era de dominio bajo el dicho que el hombre que penetra a otro hombre es doblemente hombre. O sea, eran machos dominantes que demostraban su hombría penetrando a otros.

El las guerras, solía ser habitual que el centurión romano penetrara al jefe del ejército derrotado sobre una piedra redonda como símbolo de victoria total. Lo hacía delante del ejército vencido para que vieran la humillación final de su jefe. De ahí el dicho de pasar por la piedra.