LOS GUERREROS DE ESPARTA

La supremacía militar de Esparta en la Antigüedad se basó en su temible infantería de hoplitas. Con su armamento pesado y una disciplina de hierro, los guerreros de Esparta se hicieron casi invencibles.

Por lo menos durante el siglo V y el primer tercio del IV a.C. la antigua Esparta, junto con sus valerosos guerreros, constituía el reino más glorioso de Grecia. Sin embargo hay una gran escasez de fuentes, de modo que casi todo lo que conocemos acerca de su sociedad procede de testimonios escritos por helenos de otras regiones.

Sabemos que, en época clásica, la región de Lacedemonia estaba dominada por los espartiatas, clase social descendiente de los inmigrantes dorios llegados del norte durante el siglo XII a.C., y que la sociedad espartana se dividía en tres grupos principales: homoioi, periecos e hilotas.

El semi-mítico Licurgo, con el fin de crear una raza de perfectos guerreros espartanos, recurrió a unos métodos de selección totalmente inhumanos: si al producirse un nacimiento el bebé era enclenque o presentaba algún defecto físico, se le denegaba su aceptación en el seno de la comunidad y se le arrojaba por una sima de la cercana sierra de Taigeto.

Para el hoplita, el guerrero de élite, no era tan importante el manejo de las armas cortas, sino la formación compacta de combate denominada falange, con maniobras tales como marchar en columna y desplegarse en líneas para repeler una ofensiva, extender un ala para alcanzar un flanco de la falange enemiga, duplicar la profundidad de aquellas filas que estaban sufriendo un ataque más intenso o girar noventa grados al unísono para proteger el ala derecha de la formación.

La disciplina colectiva y la integridad de la formación siempre debía prevalecer en la actuación del soldado, hasta tal punto que si un hoplita era alcanzado durante el combate, el de detrás debía pasar por encima de su cuerpo y ocupar su posición inicial lo antes posible, y si un oficial o incluso un rey resultaba muerto en la batalla, todo seguía igual, incluso esta circunstancia servía para encorajinar a sus subordinados.

En definitiva, el ejército espartano despertaba un intenso temor en sus enemigos, tanto que la ciudad de Esparta pudo permitirse el lujo de no defenderse por murallas.

Historia National Geographic

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