AGAMENÓN, CONQUISTADOR DE TROYA

Poderoso rey de Micenas, Agamenón lideró a los griegos en la mítica guerra de Troya, hasta la toma de la ciudad. Pero a su regreso murió de forma trágica, a manos de su esposa y del amante de ésta.


Rey de reyes de la Grecia de la Edad del Bronce, Agamenón dirigió la inmensa flota que se lanzó a la conquista de la rica Troya, pero no pudo escapar a la maldición que pesaba sobre su linaje.

Agamenón, el todopoderoso rey de Micenas, yace desnudo sobre un charco de sangre. Clitmenestra, su esposa, y Egisto, el amante de ésta, acaban de asesinarlo.

Se ha cumplido la maldición que pesaba sobre la familia del rey desde que Atreo, padre de Agamenón, había matado a tres hijos de su hermano Tiestes, con quien se disputaba el trono de Micenas, para luego servírselos como manjar en un festín.

Como narra Esquilo en su obra "Agamenón", cuando Tiestes «descubrió que su acción era sacrílega, rompió a llorar y, vomitando la comida, invocó para la estirpe de Atreo esta maldición, al tiempo que pisoteaba el banquete: "¡Que perezca así toda su descendencia!”».

Fue Egisto, otro hijo de Tiestes, quien consumó la sentencia que pesaba sobre los Atridas, la familia de Atreo. Así concluía la historia de quien fue uno de los principales protagonistas de la guerra de Troya, el episodio que inspiró la Ilíada de Homero.

No sabemos si Agamenón realmente existió, como tampoco sabemos si la expedición de los griegos a Asia tuvo lugar, al menos en la forma en que la contó Homero. Pero el fascinante relato de la Ilíada permite ver en el rey un ejemplo de lo que era un monarca en la Grecia de la Edad del Bronce.

Situado al noreste del Peloponeso, el reino de Micenas ocupaba, en el siglo XIII a.C., una posición estratégica y ejercía una clara preeminencia sobre las fortificaciones rivales de la zona, particularmente Argos, Pilos o el enclave fuertemente amurallado de Tirinto. De ahí que, a pesar de que cada una de estas ciudades fuera independiente, el rey de Micenas fuera considerado el soberano supremo de todos los demás reinos. Ése es el motivo de que en los poemas homéricos Agamenón aparezca como el líder de una poderosa confederación de reinos griegos que lanzó contra aquella ciudad más de mil naves de guerra.

Según Homero, el pretexto de la guerra lo había dado el hermano de Agamenón, Menelao, rey de Esparta, que exigía a los troyanos que la devolviesen a su esposa, la bella Helena, que se había dejado raptar por el joven Paris.

La razón última de la guerra, sin embargo, debió de ser el dominio las rutas de acceso a los preciados metales del mar Negro y el botín que ofrecía Troya. En todo caso, si había alguien capaz de promover y ejecutar una empresa tan temeraria, ése solo podía ser el rey de Micenas.

Homero, en la Ilíada, lo refleja al especificar que Agamenón contribuyó a la armada griega con cien navíos, además de ceder otros tantos a sus aliados del interior, mientras otros reyes como Néstor de Pilos o Diomedes de Argos aportaban noventa y ocho cada uno, y Aquiles, rey de los mirmidones, tan sólo cincuenta. Homero consagró un canto entero a las hazañas de Agamenón: desplegando su orgullo y prestigio sobre su carro, el rey de Micenas despedazaba las falanges de sus adversarios conforme de los encontraba a su paso.

Tan grande fue la masacre que el soberano causó en las filas del enemigo, que los dioses comenzaron a temer por la vida del príncipe troyano Héctor, que avanzaba a su encuentro. El mismo Zeus prohibió a éste que retara a Agamenón a un combate singular, y le ordenó que se mantuviese al margen de la batalla hasta que el rey de Micenas fuera herido.

Cuando en efecto, cayó malherido, el ejército griego, sin Aquiles y con el resto de héroes en retirada, se convirtió en un juguete en manos de Héctor. Pero Héctor puso fin a la vida de Patroclo, el protegido de Aquiles, quien volvió al combate y dio muerte al príncipe de los troyanos. Es en este punto donde Homero pone fin a su Ilíada, con Troya aparentemente condenada.

Sin embargo, las puertas de Ilión seguían cerradas para el enemigo, pues Aquiles cayó en manos de Paris, el raptor de Helena, cuando el dios Apolo guió su flecha hasta el talón del héroe griego, su único punto vulnerable.

La muerte de Aquiles volvió a dejar la escena como al principio: un ejército extenuado y unas murallas que aún resistían. Agamenón parecía resuelto a aceptar la derrota y ordenó preparar las naves para volver a Grecia, pero apareció entonces Ulises, el artífice de la inmortal estratagema del caballo de madera. Troya fue tomada por las tropas griegas, que sembraron la muerte y saquearon implacablemente toda la ciudad.

Agamenón regresó triunfalmente a Micenas en compañía de su esclava Casandra…

Tomado de:Historia National Geographic