CLAUDIO: MIEDO, ASTUCIA Y PODER

Afectado desde niño por una extraña enfermedad, Claudio supo sobrevivir a la sombra de Tiberio y Calígula. Ya emperador, sorteó varias conjuras hasta su posible envenenamiento por parte de su esposa.


Claudio (10 a.C.- 54 d.C.) fue injustamente descrito por los historiadores antiguos Tácito y Suetonio, ya que éstos lo describieron como un gobernante fácilmente dominado por sus mujeres y sus libertos, es decir, un tonto.

Esta visión ha sido revisada en la actualidad: pese a sus discapacidades físicas, Claudio tuvo que tener ciertas cualidades para mantenerse en el poder durante tanto tiempo, lidiar contra conspiraciones, etc. Sus defectos físicos eran sólo la fachada de una personalidad muy compleja.

Su adolescencia, periodo en el que se cree que enfermó, no debió de resultarle fácil. A lo largo de toda su vida tuvo que soportar innumerables humillaciones que muchas veces provenían del sino de su propia familia; su madre Antonia, cuando quería subrayar la necedad de alguien decía que era más tonto que su hijo Claudio; otras veces, de sus cortesanos y bufones, poniéndole pantuflas en las manos mientras roncaba y despertándole de repente para que se frotara con ellas. Pero detrás de esa figura afeada se escondía un personaje culto, que había sabido lidiar contra las inclemencias de su salud para cultivar la mente. Se conoce de la existencia de ensayos, su capacidad para escribir en griego y latín, sus amistades doctas -como Tito Livio- o su grande conocimiento de la historia.

La suerte de Claudio cambió cuando tras su desapercibido paso por el mandato de Tiberio y Calígula lo ascendió a cónsul. Movido por la excentricidad o por una sibilina lucidez, el destino de Claudio tomaba un nuevo rumbo. Llegado al poder, el elemento que determinó su carácter fue el miedo; cuando al ser asesinado Calígula los soldados escudriñaron el palacio encontraron a Claudio temblando detrás de una cortina; cuenta Suetonio que en los banquetes hacia trabajar a sus soldados de camareros.

Una imagen sin duda desfavorecedora, pero que no le impidió ejercer el gobierno favorablemente: reorganizó la administración (creando departamentos y aumentando los funcionarios), reguló el trato con los esclavos, la usura, la moralidad pública, impulsó numerosa infraestructura pública (como el puerto de Ostia), extendió el derecho de ciudadanía y destacó en la política exterior por su pacifismo.

En general, pesaron más sus virtudes que sus defectos, y el miedo terminó dándole la razón a Claudio ya que terminó siendo asesinado por su propia esposa, Agripina.

Historia National Geographic

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