EL FIN DEL IMPERIO DE OCCIDENTE

Rómulo Augústulo, último emperador de Occidente, fue depuesto en 476 por Odoacro, un caudillo «bárbaro» que fue proclamado rey de Italia por sus tropas. Roma ya no volvería a tener un emperador propio. Respetuoso con las tradiciones e instituciones políticas romanas, Odoacro fue asesinado en 493 por el rey ostrogodo Teodorico.


En el año 476, Odoacro, un audaz caudillo germánico, derrocó al último emperador de Roma, el adolescente Rómulo Augusto. Proclamado rey de Italia, Odoacro mostró respeto por las tradiciones romanas, pero fue asesinado por otro bárbaro, Teodorico.

Durante el último y convulso siglo del Imperio romano de Occidente, los emperadores se encontraban a merced de sus ejércitos, que se componían básicamente de soldados germánicos «federados», es decir, que habían establecido un pacto con el Imperio y, en ocasiones, se habían asentado en su territorio. Los caudillos de estas tropas tenían plena conciencia de su poder, y algunos de ellos, convertidos en «generalísimos», llegaron a actuar como gobernantes de hecho, aunque formalmente estuvieran sometidos a los emperadores.

La aristocracia romana veía con malos ojos el gobierno en la sombra de estos bárbaros, pero su influencia crecía imparable. De este modo, a principios del siglo V, Estilicón, hijo de un vándalo, defendió a Honorio de los godos durante quince años; Aecio, de posible origen escita, derrotó a los hunos de Atila en la batalla de los Campos Cataláunicos (451) en nombre de Valentiniano III; Ricimero, medio suevo y medio visigodo, dominó de tal modo Occidente que llegó a proclamar hasta tres emperadores: Mayoriano (457), Libio Severo (465) y Olibrio (472); y su sobrino, el burgundio Gundebaudo, elevó a la púrpura a Glicerio (473). A estos bárbaros podemos añadir todavía otro nombre, el de Odoacro, quien en el año 476 depuso al último emperador romano de Occidente, Rómulo Augusto.

Odoacro nació hacia 433 cerca del Danubio, en algún lugar entre las antiguas provincias romanas de Nórico y Panonia (en las actuales Austria y Hungría). No se sabe con certeza a qué etnia pertenecía: las fuentes lo hacen indistintamente rugio, hérulo, godo, huno o esciro, aunque lo más probable es que perteneciera a este último pueblo, máxime cuando se cree que su padre era Edecón, un príncipe esciro al servicio de Atila.

Tampoco se sabe con seguridad cuándo entró Odoacro al servicio del Imperio, pero en 473 ya era jefe de la guardia personal de Glicerio (comes domesticorum). Su carrera ascendente culminó dos años después, cuando Rómulo Augusto alcanzó el poder después de que su padre Orestes se rebelara contra el emperador Julio Nepote, quien huyó a Dalmacia. Odoacro fue nombrado entonces general supremo del ejército imperial de Occidente (magister militum per Italiam).

Orestes había derrocado a Nepote al frente de tropas federadas y resultaba inevitable que estos bárbaros reclamaran su recompensa. Durante el último medio siglo, visigodos y francos habían logrado que se les concediera un tercio de las tierras de la Galia como un pago por su función de defensores del Imperio, de acuerdo con la ley romana de las hospitalitas(«hospitalidad»), que asignaba al huésped una tercera parte del patrimonio del anfitrión.

Odoacro, en nombre de su ejército, exigió lo mismo a Orestes en tierras italianas. Cuando éste se negó, el caudillo esciro, aclamado como rey de Italia por sus tropas, sitió a Orestes en Pavía y lo ejecutó tras tomar la ciudad.

Poco después, el 4 de septiembre de 476, depuso a Rómulo Augusto y lo confinó en una fortaleza cerca de Nápoles. El gobierno de Odoacro constituyó una síntesis de las tradiciones romanas y bárbaras. Dado que nunca pretendió asumir el título imperial, aparece en los documentos sólo con el doble título de patricius et rex, «patricio y rey».

En su calidad de caudillo bárbaro, se cuidó de ganarse la lealtad de su ejército concediéndole la hospitalidad que le fue negada por Orestes. De este modo, los bárbaros ya no eran tropas mercenarias de paso, sino la guarnición propia del país. La administración del Imperio, en cambio, siguió en manos de los romanos y se mantuvieron las antiguas instituciones.

Con las medidas citadas, Odoacro se granjeó el apoyo de las clases dirigentes italianas, y especialmente del Senado de Roma, que vio restaurada su gloria pasada. Odoacro resistió el asedio del rey Teodorico el Amalo hasta que, finalmente, éste consiguió una flota con la que bloquear la ciudad por mar. Por mediación de Juan, obispo de Ravena, el ostrogodo ofreció un pacto a Odoacro en virtud del cual ambos gobernarían Italia. Ingenuamente, Odoacro aceptó y Teodorico entró en la ciudad.

Diez días después, durante un banquete, el propio Teodorico lo asesinó, junto con su hermano Onulfo, su mujer Sunigilda y su hijo Tela, así como toda su plana mayor.

Historia National Geographic

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