LOS INVENCIBLES SOLDADOS DE ESPARTA

Cuando, después de una larga marcha, los combatientes espartanos llegaban al campo de batalla, el sonido de sus flautas y el destello de los escudos atemorizaban a los ejércitos enemigos.


Desde el siglo VIII a.C., el surgimiento de una nueva estructura de combate, la falange, hizo del ejército espartano el más temido de Grecia por la excelente preparación y organización de sus fieros combates.

Pocas escenas despertaban mayor temor y admiración en la Grecia clásica que la visión de las tropas espartanas. Su presencia se asociaba a la profesionalidad, a la intensa preparación física y mental y a la entrega total, virtudes que encontraban su máximo exponente en la selecta unidad de los hippeis, trescientos hoplitas elegidos anualmente por los éforos o magistrados entre los espartiatas mejor preparados para servir como guardia privada del rey.

Los hippeis se disponían en el ala derecha del ejército. Ésta era la más vulnerable, porque sus miembros no contaban con el escudo del compañero para proteger su costado derecho -con el brazo derecho sostenía la lanza, y con el izquierdo, el escudo- y porque solía recibir las maniobras envolventes del ejército enemigo.

El sonido de las flautas y de las trompetas que acompañaba a las filas de los espartanos o lacedemonios no sólo aumentaba su espectacularidad, sino que cumplía un papel fundamental. Según Tucídides, no era un rito religioso más, sino que se trataba de una costumbre que «tiene como finalidad que las tropas avancen de forma igualada marchando al compás de la música y no se descomponga así su orden de batalla, cosa que les suele ocurrir a los ejércitos en el momento de marchar al ataque». La música creaba la cadencia de marcha adecuada en la formación hoplítica y, en los momentos clave, en el fragor de la batalla, la música de las trompetas elevaba los ánimos de los soldados hasta límites insospechados.

La imbatibilidad del ejército lacedemonio explica que en 431 a.C., en el inicio de la guerra del Peloponeso, que enfrentó a Esparta y Atenas, Pericles ordenara a todos los habitantes de la región del Ática que se refugiaran tras las poderosas murallas de la capital, Atenas. Pese a las acusaciones de cobardía que recibió el general por rehuir el combate terrestre contra el ejército del rey Arquidiamo II de Esparta, muchos atenienses comprendieron la necesidad de centrar sus esfuerzos en la flota, dado que una batalla campal contra los espartanos implicaba una derrota segura.

La gerousia, el consejo de ancianos, era el órgano de gobierno facultado para tomar la iniciativa de emprender una acción militar, que después debía ser aprobada o rechazad por la asamblea de los espartiatas. Competía a los éforos efectuar el reclutamiento entre los espartiatas de edades comprendidas entre los 20 y los 60 años, comenzando, por lo general, por los más veteranos.

Los motivos para emprender una expedición militar eran muy diversos. Podía estar en juego la autonomía espartana, como fue el caso de la batalla de Platea en 479 a.C., donde se destruyó la amenaza persa; podía también tratarse de enfrentamientos para obtener la hegemonía en Grecia, en especial ante Atenas y Tebas, las principales competidoras de Esparta. Y en varias ocasiones el ejército lacedemonio hubo de reprimir las rebeliones de los hilotas o esclavos mesemios; éstos eran los pobladores de Mesenia, región que los espartanos habían conquistado hacia finales del siglo VIII a.C. y cuya población habían esclavizado. Por último, eran frecuentes las disputas fronterizas con regiones vecinas en el Peloponeso, sobre todo con Argos y Arcadia.

Al amanecer del día en que se iba a librar la batalla, en ocasiones ya a la vista del enemigo, los hoplitas abrillantaban sus escudos, preparaban sus armas y peinaban con esmero sus largos cabellos, un ritual que tenía una elevada carga simbólica y psicológica.

El ejército espartano no solía encarnizarse con los rivales derrotados. Según Tucídides, «los lacedemonios, gracias a su resistencia, sostienen las batallas durante largo tiempo y con firmeza hasta el momento en que ponen en fuga al enemigo, pero una vez lo han hecho huir, sus persecuciones son breves y a corta distancia».

Historia National Geographic