NERÓN: EL FIN DEL EMPERADOR ARTISTA

En el año 68, estalló una sublevación general contra el corrupto gobierno de Nerón. Depuesto por el Senado, el emperador trató de huir pero al final pidió a un sirviente que le clavara una daga en la garganta.

Los últimos años del reinado de Nerón (54-68 d.C.) fueron complicados. Sus extravagancias personales, sus derroches y sus actos de violencia no sólo habían escandalizado a muchos romanos, sobre todo de las clases altas, sino que habían repercutido negativamente en el gobierno del Imperio. Sus viajes por Grecia y la escasa atención que prestó a la situación en las fronteras del Imperio pusieron en peligro la pax romana, mientras la hacienda pública se acercaba a la bancarrota.

Necesitado de dinero, Nerón desencadenó una persecución contra los senadores ricos con el objetivo de confiscar sus patrimonios. Fue esto lo que provocó las primeras conspiraciones serias contra la vida del emperador. La más importante se desarrolló en el año 65, instigada por el patricio Calpurnio Pisón. La represión ordenada por el emperador se cobró decenas de víctimas, entre ellas el filósofo Séneca y su sobrino, el poeta Lucano. Tras este episodio, las costuras del Imperio empezaron a estallar, sobre todo en Judea, donde una rebelión en el año 66 hizo peligrar la posición de Roma en Oriente.

La peor de las pesadillas de Nerón comenzó a pocas millas de Italia, en la Galia. Allí residía, en la ciudad de Lyon, Julio Víndex, un astuto y ambicioso noble galo. Senador e hijo de senador (cargo éste de senador que se concedió a muchos jefes de las tribus galas aliadas de Roma), Víndex estuvo al servicio de Nerón y fue nombrado gobernador de la Galia Lugdunense, con rango de propretor. Desde su palacio de gobernador en Lyon, Víndex pudo contemplar el estado de ruina económica en que se encontraban las Galias a causa de la avaricia de los recaudadores de impuestos y la inacción de las autoridades romanas. La élite gala, apenas romanizada, estaba presta a volverse contra Roma, y Julio Víndex se convirtió en su cabecilla. Desde Lyon escribió a otros gobernadores del Imperio para manifestarles sus quejas y preparar un alzamiento contra el emperador, considerado el causante de todos los males. La primera noticia del alzamiento de Víndex le llegó a Nerón cuando se encontraba en Grecia, donde había ido a pasar el invierno. Al principio no se la tomó muy en serio.

Galba -gobernador de la Hispania Tarraconense-, por su parte, se proclamó enemigo de Nerón el 2 de abril del año 68 en Cartagena, y aceptó el título de «general del Senado y del pueblo de Roma», aunque todavía no el de emperador como querían sus tropas. Nerón, finalmente, entró en Roma «presa del pánico», según Suetonio. Cuando la noticia de la proclamación de Galba como emperador llegó a Roma, Nerón se mostró en público como un demente. Pero algunas de las medidas bélicas de Nerón no hicieron sino aumentar su impopularidad.

Las noticias de su condena a muerte por el Senado le llegaron de manera indirecta a Nerón a la villa donde se hallaba escondido. Por temor al espantoso suplicio que le reservaban los senadores, el emperador decidió suicidarse con su daga. Pero, finalmente, no pudo, no quiso o no acertó a manejarla él mismo. Tras dejarnos su última frase, «¡Júpiter, qué gran artista muere conmigo!», su liberto Epafrodito le hundió el puñal en la garganta hasta matarle. Es irónico pensar que quien pensaba pasar a la historia como un gran cantante muriese por una herida en la garganta.

Historia National Geographic