LIVIA, LA PRIMERA EMPERATRIZ DE ROMA

Tras su matrimonio con Augusto, Livia Drusila se convirtió en un modelo de matrona romana, al tiempo que ejercía desde la sombra una poderosa influencia política con el fin de lograr su principal objetivo: convertir a su hijo Tiberio en el sucesor de su marido en el trono imperial.

Tras escandalizar a Roma con su adulterio con Augusto, Livia se convirtió en modelo de virtud conyugal, al tiempo que ejercía todo su espíritu de intriga para garantizar la sucesión de su hijo, Tiberio.

Los historiadores romanos y griegos han dejado importantes testimonios sobre su figura, pero es difícil reconocer en ellos la imagen de una persona real. Los historiadores antiguos se regían por una intencionalidad política: criticar un régimen, el Principado, en el que las mujeres, por primera vez en la historia romana, se permitían opinar, maniobrar e influir en la política, hasta entonces coto privado de los hombres.

Livia fue la mujer más importante en la etapa inicial del Imperio romano, y constituyó el único antepasado común de todos los emperadores Julio-Claudios. Cuando murieron los herederos de Augusto, Livia, su segunda esposa, propuso a sus dos hijos varones, habidos de un primer matrimonio, y en particular de Tiberio. Todos sus esfuerzos se dirigieron a asegurarse de que Augusto lo adoptaba primero como hijo y lo reconocía más tarde como su sucesor en el trono. Ello le valió a Livia una fama de mujer intrigante y hasta criminal, que no hace entera justicia al relevante papel que desempeñó en la historia de Roma.

El matrimonio de Livia con Octavio, llamado Augusto ya desde el año 27 a.C., fue más que feliz. Con él discutía asuntos de Estado, además, Livia manejaba los hilos de la política familiar de la dinastía, concertando matrimonio o divorcios. A sus órdenes, además, se debieron algunas ejecuciones y asesinatos que sirvieron para despejar del camino a los Julios y los Claudios, e imponiendo a su favorito en la sucesión: su hijo Tiberio.

Pero no todo en Livia fue negativo: nunca abandonaba a sus familiares y amigos caídos en desgracia, y extendió sus redes de conocidos, parientes, amigos y clientes por todo el territorio del Imperio romano en Europa, Asia y África. La obra maestra de Livia fue la sucesión de Augusto en la persona de su hijo mayor, Tiberio. Sin embargo, el matrimonio entre Julia y Tiberio no llegó a funcionar.

Aún así, en el año 7 d.C., Tiberio fue adoptado como hijo y sucesor por el anciano Augusto. En el testamento de su marido, Livia pasaba a ser adoptada por Augusto como hija, recibiendo el nombre de Julia Augusta. Tiberio no soportaba a su madre, y se retiró a la isla de Capri.

Livia murió en el año 29 d.C., a los 86 años de edad. Livia fue venerada como diosa, sobre todo en las provincias asiáticas y en Egipto, al menos hasta finales del siglo II, según la arqueología.

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