LA CONQUISTA DE HISPANIA

Venidos a la Península para expulsar a los cartagineses, los romanos ya no se marcharon. Pero fueron necesarios dos siglos para que las insignias de las legiones alcanzasen el Cantábrico.

El historiador Tito Livio observó que Hispania fue la primera provincia invadida por los romanos, pero la última en ser conquistada. En efecto, la completa sumisión de la península ibérica duró exactamente dos siglos, desde el año 218 al 19 a.C. No fue un período de combate incesante; se calcula que las guerras entre los romanos y los indígenas duraron en total cincuenta años. Aun así, las dificultades que Roma encontró en Hispania contrastan con otras empresas de conquista mucho más fáciles y rápidas, como la «pacificación» de Galia por Julio César, realizada en tan sólo diez años.

La primera llegada de los romanos a Hispania no tuvo como propósito la invasión, sino el frenar el avance de sus enemigos de entonces, los cartagineses capitaneados por Aníbal. Pero una vez puesto el pie en la península, Roma no cejó hasta asegurar su dominio.

Desde el primer punto de abordaje en Ampurias, las fuerzas romanas, dirigidas por los Escipiones, fueron progresando a lo largo de la costa hasta conquistar Cartagena y asentar su dominio en la Bética, que desde entonces se convertiría en la región más codiciada y rica de la península.

Ante la presencia de los nuevos dominadores, la actitud de los indígenas fue variable. En muchos lugares aceptaron la soberanía romana y el proceso consiguiente de «romanización». Pero la tentación de rebelarse estaba muy presente, sobre todo teniendo en cuenta que los gobernadores romanos muy a menudo eran tan avariciosos y despóticos como incompetentes en el terreno militar.

Las dos grandes revueltas indígenas contra Roma tuvieron lugar a mediados del siglo II a.C. Por un lado, los celtíberos resistieron durante dos décadas tras las fortificaciones de Numancia; por el otro, Viriato lideró a los lusitanos en temibles campañas de guerrilla y pillaje.

Siguieron décadas de relativa calma, alterada únicamente por la extensión a Hispania de las luchas civiles de la Urbe. La última gran operación de sometimiento de los indígenas tuvo lugar bajo el reinado de Augusto. Tras reprimir en persona un primer alzamiento de los cántabros, delegó en su hombre de confianza Agripa el aplastamiento de toda resistencia. Desde el año 19 a.C. podía decirse que toda Hispania era una provincia del Imperio.

Historia National Geographic

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