ADRIANO, IMPERIO Y CONFLICTO

Publius Aelis Hadrianus (AD 76-138), emperador romano procedente de Andalucía, ha quedado como un gobernante culto, que escribía poesía, amaba el mundo clásico griego y fomentaba la arquitectura. En ello ha influido la novela «Memorias de Adriano» (1951), de Marguerite Yourcenar, que en estos últimos cincuenta años ha tenido sobre la figura de este emperador los efectos de un gabinete de imagen.

Presentar sus verdaderos contornos, algo más belicosos y astutos, fue el objetivo de la exposición «Adriano, imperio y conflicto» en el British Museum de Londres.

Adriano sucedió a Trajano, otro emperador andaluz, en el año 117, y mantuvo el laurel sobre su cabeza durante 21 años. El imperio tenía entonces su máxima extensión: iba de Escocia al Sáhara y del Atlántico al Eufrates. Adriano se dedicó a consolidar ese territorio, sin nuevas conquistas y con alguna retirada estratégica. Sacó las tropas de Mesopotamia (el hoy Irak) debido a las continuas revueltas, pero no lo hizo por «buenismo», que casaría bien con el mito que de Adriano nos ha llegado, sino por el frío cálculo del guerrero. El repliegue sirvió para invertir el esfuerzo militar en otro lugar: 580.000 rebeldes judíos, según las crónicas de la época, murieron en el año 132 en un levantamiento sofocado de manera despiadada. Los supervivientes de esa masacre se refugiaron en una cueva del desierto; sus posesiones serían después descubiertas en perfecto estado, tal como hoy se muestran en esta exposición y que sirven para documentar ese lado más brutal de Adriano.

También emerge un emperador astuto, dispuesto a utilizar sus sentimientos como instrumento de manipulación política. Queda sugerido que el exagerado tributo a su joven amante, el griego Antinoo, después de que éste murió ahogado en el Nilo -en su memoria fundó la ciudad Antinópolis en Egipto y fomentó su encarnación como deidad-, pudo obedecer a una maniobra para ganarse el afecto y asegurarse la obediencia de quienes en el imperio hablaban griego, que constituían casi la mitad de la población.

Objetos nunca vistos

A pesar de que algunos reportajes sobre la exposición han mostrado una gran fascinación por esa relación homosexual -no es el caso de la prensa británica, que ha escrito bien poco sobre ese aspecto-, la muestra la incluye como un apartado más, desde luego no determinante. De hecho, es una relación de la que no se sabe casi nada. «Esto no era extraño en el mundo romano, aunque ahora pueda sorprender, además es algo que la historiografía siempre ha sabido», asegura la catalana Charo Rovira, comisaria adjunta de la exposición.

«Adriano, imperio y conflicto» presenta 170 objetos, algunos de ellos nunca sacados de los países de procedencia, como el torso y cabeza de bronce de Tel Shalem (Israel), o los dos pavos reales de bronceprocedentes del mausoleo de Adriano (después Castello Sant' Angelo), traídos de los Museos Vaticanos. La muestra también supone la presentación internacional de las piezas de la gran estatua, de estimados cinco metros de altura, hallada hace un año en una excavación en Sagalassos (Turquía); se trata de una enorme cabeza, un pie con sandalia y un brazo a juego con sus dimensiones. Todo ello convierte en única esta cita de Londres.

El primer emperador con barba

Símbolo de esta contribución para desmontar el mito de Adriano es una estatua encontrada en 1861 en Cirene, que retrata a Adriano vestido de griego y con algo de barriga. Esa imagen contribuyó a etiquetarle de amante de la filosofía griega y más dado al trabajo del intelecto que al de la espada. Recientemente quedó demostrado que el cuerpo de esa escultura no se correspondía con la cabeza de Adriano que en su día equivocadamente le pusieron encima los arqueólogos.

Otro mito derrumbado es la creencia de que los emperadores sólo admitían ser representados en una versión oficial que suprimiera sus defectos. Todos los bustos conocidos de Adriano, además deretratarle con barba -fue el primer emperador en llevarla-, reproducen una malformación del lóbulo de su oreja derecha. Se trata de algo que podía estar relacionado con la herencia genética de problemas cardiacos
Junto a todos estos aspectos está tambien, por supuesto, el gusto por las letras y sus contribuciones arquitectónicas. Allí donde fue, construyó. Desde la Muralla de Adriano, que separa Inglaterra de Escocia, al Panteón romano, cuya estructura es imitada por la Sala de Lectura del Museo Británico, que precisamente alberga la exposición. También está la enorme villa de Tívoli, cerca de Roma, cuya detallada maqueta ocupa un espacio central en la muestra.

Fuente: ABC

Villa Adriana -Teatro Martimo- Tvoli El Muro de Adriano en Newcastle Antinoo como Osiris encontrado en Villa Adriana - Museo del Louvre -Pars Puerta de Adriano en Atenas Villa Adriana - Tvoli Villa Adriana -Canopos- Tvoli Sagalassos - sandalia de Adriano Busto de Vibia Sabina (M. Prado) 01

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