SACOS DE DESECHOS HUMANOS REVELAN SECRETOS DE LA ANTIGUA ROMA

Imagenes de una cloaca Romana  -  Fotografa  de Domenico Camardo - Herculaneum Conservation ProjectPuede a la mayoría de nosotros nos resultara desagradable tener que rebuscar entre centenares de sacos de excrementos humanos; sin embargo los investigadores están haciendolo en Italia, y encantados.

Ciertamente, con 2.000 años de edad, las heces “no son nada desagradables”, afirma el historiador Romano Andrew Wallace-Hadrill. “No huelen absolutamente a nada. Es como si fuera abono”.

Diez toneladas del material han sido excavadas del pozo séptico bajo la antigua ciudad de Herculano, cerca de Nápoles. Se dice que el depósito, sin precedentes, está aportando nuevas informaciones sobre la vida diaria del antiguo Imperio Romano.

Originado desde los edificios y tiendas, y desembocando en las alcantarillas, el depósito supone la recolección más grande jamás encontrada de desechos Romanos, y los investigadores lo datan sobre el 79 D.C. Ese año, una catastrófica erupción volcánica del Monte Vesuvio enterró Herculano, junto con su vecina, mucho más conocido, Pompeya.

Se han encontrado joyas perdidas, monedas y piedras semi-preciosas de una tienda, junto con elementos de decoración del hogar como lámparas rotas y cerámica, según Wallace-Hadrill, director del Proyecto de Conservación Herculano, una iniciativa del Instituto de Humanidades Packard.

Y, viniendo de un distrito que en su día estaba habitado por tenderos y artesanos, el material orgánico acaba de revelar lo que un Romano típico habría comido habitualmente en esta ciudad costera, de acuerdo con lo descrito por los científicos del proyecto, quienes colaboraron con el Colegio Británico de Roma y las autoridades arqueológicas de Nápoles y Pompeya.

Pescado, higos e hinojo.

Semillas, huesos, fragmentos de conchas, y otros restos sugieren que los residentes de Herculaneo tenían una dieta diversa, que incluía pollo, cordero, pescado, higos, hinojo, olivas, y moluscos. “Esto era una dieta totalmente estándar para la gente ordinaria del pueblo”, dijo Wallace-Hadrill.

“Es una gran dieta, cualquier doctor la recomendaría”, añadió.

Mientras los roedores rellenos y otras delicatesen similares de la élite Romana son bien conocidos gracias a los registros históricos, se sabe menos de la alimentación Romana habitual, anotó Wallace-Hadrill.

“Es importante tener una idea de cuáles eran los elementos básicos”.

Un “montón fétido” que revela la vida romana.

Con unas medidas de unos 70 metros de largo y un metro de ancho, y aproximadamente entre dos y tres metros de alto, se pensó en un primer momento que la gran estructura subterránea era el sistema de alcantarillado de Herculaneo. Pero no se encontró ninguna desembocadura.

“Todos los restos de las letrinas y toda la basura que se tiraba por los conductos se acumulaba y se convertía en abono, en una fosa séptica”, dijo Wallace-Hadrill.

Los restos fueron excavados y pasados por una serie de coladores por un equipo dirigido por Mark Robinson de la Universidad de Oxford.

El primer proceso capturaba objetos de mayor tamaño como cerámicas y huesos. Y el segundo separaba objetos más pequeños, como nueces y semillas.

“Es en esos procesos progresivos donde, pieza por pieza, conseguimos más y más información”, dijo Wallace-Hadrill.

Un futuro análisis microscópico de pedazos de heces de antiguos Romanos podría revelar pruebas de enfermedades, como infecciones por bacterias o parásitos, añadió.

Hasta ahora, sólo se han examinado 70 de los 774 sacos de restos que se han llenado durante la última década.

“Si miramos detenidamente todos los detalles”, dijo, “esto duraría una eternidad”.


Fuente: National Geographic