MARIO CONTRA SILA


Entre los años 133 y 31 a.C. la República romana sufrió una prolongada crisis. Dos de sus protagonistas, Cayo Mario (156-86 a.C.) y Lucio Sila (136-78 a.C.), encarnaron la lucha de facciones y el afán de protagonismo que caracterizó la política de este oscuro período.

Mario y Sila, líderes respectivamente de los partidos popular y senatorial, encarnaron el clima de violencia política que en el siglo I a.C. se adueñó de Roma y que conduciría a la liquidación de la República.

La derrota de Tiberio y Cayo Graco había dejado atrás el enfrentamiento entre partidarios y seguidores del programa reformista de Graco: los populares, encabezados por Mario, y por otro lado los conservadores, los optimates, representados por Sila. El desacuerdo entre estas dos posturas desencadenó en la guerra civil de los años 88 y 82 a.C. Aunque sus dos líderes no coincidieran en una gran batalla final (cabe recordar que Mario murió en el 86 a.C.) su enemistad fue histórica.

La principal fuente para seguir la evolución del proceso se relata en las Vidas paralelas de Plutarco. Sus carácteres, manera de hacer política e incluso costumbres parecían del todo opuestos; mientras Mario representaba el “hombre nuevo” –homo novus– y poseía cualidades intelectuales escasas, el origen de Sila apuntaba a la alta alcurnia –de la familia de los Cornelios–, con una formación cultural elevada y, sin embargo, practicante de una vida de excesos. Muchas eran las diferencias, aunque compartiesen rasgos en común: fueron personajes de carácter férreo, sin respeto por las leyes e instituciones vigentes. Fueron dotados una fuerte valía militar y acumularon varias victorias sobre enemigos externos de Roma.

Participando en distintas tropas en una misma contienda en el norte de África (112-106 a.C), Sila consiguió que Yugurta, líder del bando contrario, le fuese entregado a él y no a Mario. El recelo fue en aumento hasta la construcción de una estatua de oro en la que se representaba dicho episodio. Los partidarios de Mario, agitados, intentaron retirar la ofrenda. En la batalla contra los aliados (91-48 a.C.) volvieron a tener papeles destacados. En la guerra contra Mitríades (88 a.C.) se disputaron las riendas de los ejércitos para asegurarse la gloria militar y el consiguiente ascenso político. El papel menos favorecido fue para Sila, que tuvo que huir, refugiándose en casa de Mario. El gesto de Mario no le ablandó el corazón y tiempo después, puso precio a su cabeza tras el golpe de Estado que él mismo comandó.

La situación se intentó restablecer y en el 86 a.C Mario había vuelto, y fue nombrado cónsul junto a Sila. Pero ya anciano no resistió mucho y moriría quince días después.

0 Comentarios: