ANÍBAL, EL MAYOR ENEMIGO DE ROMA

El caudillo cartaginés, que juró dedicar su vida a la total derrota de Roma, estuvo a punto de lograr su objetivo cuando atravesó los Alpes y aplastó al ejército romano en Cannas, en 216 a.C.

Desde que, siendo un niño, su padre le hizo jurar odio eterno a Roma, Aníbal soñó con destruir a la gran rival de Cartago. A punto estuvo de lograrlo con su arrolladora invasión de Italia de 218 a.C., pero la suerte se volvió en su contra.

Un historiador romano admitió que Aníbal sobrepasó a todos los generales de su época por su talento militar, aunque otros denunciaron su «perfidia púnica». 
 Cuando aún no había cumplido los treinta años, se lanzó a lo que sería la misión obsesiva de su vida: vengar a su patria y obtener para ella la supremacía en el oeste del Mediterráneo. Contaba para ello con el apoyo del sector político dominante en el Consejo de Cartago, con un entrenado ejército -en el que se mezclaban los componentes africanos e hispanos-, y sobre todo, con un odio inextinguible hacia Roma y lo romano, que le inculcó su padre desde su infancia. Aníbal fue fiel a su juramento hasta el final de sus días.

En cuanto fue proclamado general del ejército cartaginés en Hispania, tras la muerte de su cuñado Asdrúbal, puso en marcha su plan: la provocación de Sagunto, la inmediata partida hacia su objetivo, la perfecta realización de su marcha hasta los Alpes, su irrupción, anunciada pero increíble, en Italia, su habilidad para hacerse con el apoyo de las tribus celtas del norte de la península Itálica... el terror se apoderó de Roma.

Pero luego vendría la maniobra envolvente sobre Roma, detenida inexplicablemente en Capua, los éxitos de Publio Escipión (hijo) en Hispania, el progresivo aislamiento del ejército cartaginés en el sur de Italia, la derrota en Sicilia, el fracaso de la operación envolvente desde Macedonia, hasta el hachazo definitivo que supuso para la estrategia de Aníbal el descalabro de los refuerzos que traía su hermano Asdrúbal de Hispania en la batalla de Metauro (207 a.C.).

 La batalla de Zama, en 202 a.C., constituyo la estrepitosa derrota del sector más belicoso de los cartagineses, capitaneado por los Barca. Escipión el Africano aniquiló finalmente el ejército de Aníbal. Roma exigió su cabeza y Aníbal debió exiliarse; durante doce años vagó por diversas cortes orientales. Hasta que el Senado de Roma envió unos legados para capturar al cartaginés. Pero éste, antes de rendirse, prefirió suicidarse. Corría el año 183 a.C., casualmente, el mismo año en que murió Escipión, el único hombre que le venció en el campo de batalla y con el que siempre había mantenido una relación de mutuo respeto.

Fuente: History National Geographic

Documental de la BBC: "Anibal, el mayor enemigo de Roma"