LA HOMOSEXUALIDAD EN EL MUNDO ANTIGUO

Aún hoy se sigue estudiando las investigaciones históricas sobre la homosexualidad en las civilizaciones griega y romana para comprender y mejorar el conocimiento de la historia de la homosexualidad.

Cerámica ática siglo IV a.C.
Recientemente se han reeditado algunas de las más notables obras sobre la homosexualidad en la Grecia y Roma Clásica. Tal es el caso del británico K.J. Dover, autor de "La homosexualidad griega" (1978) o del historiador y filósofo francés Michael Foucault, autor de la célebre Historia de la Sexualidad (1976-1984) que titula su tercer volumen "Escritos sobre la sexualidad y el individuo" (1984). 

Algunos de los conceptos más importantes y compartidos, tanto por Dover como Foucault, son mostrar la actual visión de las conductas sexuales divididas en el binomio homosexualidad/heterosexualidad, algo que no es en absoluto transportable a las personas que vivieron en las civilizaciones griega y romana. Sencillamente ellos no tenían el concepto de homosexualidad. La división moral pasaba por preguntarse si la persona sería activa o pasiva.

Como ya fue explicado en "La homosexualidad en el arte clásico griego" y "La homosexualidad en la literatura clásica griega", las relaciones sexuales más comunes en la antigüedad consistían en la relación entre un hombre de mediana edad y un joven adolescente. A dicha relación se le llamaba "pederastia".

La sociedad griega tenía como práctica educativa que un adulto tenía que educar a un joven a través de esta institución social llamada pederastia. Era una forma de enseñanza y formación del ciudadano en muchos aspectos. Por ello, más allá del terreno sexual, esta práctica se extendía a los conocimientos académicos, militares o políticos. Al adulto se le denominaba "erastés" (amante), y al joven "erómenos" (amado). Era una relación de autoridad y por eso la práctica sexual era muchas veces símbolo de dominación para los poderosos o ricos, y de sumisión para los débiles o pobres.

Por otra parte, tanto por una serie de autores como por otros, hay toda una discusión teórica sobre el amor a los muchachos en Grecia, desde Platón a Luciano. Llama la atención en estos textos teóricos que para un griego o un romano es muy difícil aceptar la idea de que un muchacho que se vea en la obligación (a causa de su condición de hombre libre nacido y de buena familia) desempeñando responsabilidades familiares y sociales, ejerciendo poder sobre otros (como senador u orador en Grecia), aceptando la idea de que este muchacho ha sido pasivo en su relación sexual con un hombre. En conclusión, los poderosos son activos, es una cuestión social. De hecho, estos libros acreditan que en la Antigua Roma existe una ley que prohíbe a los prostitutos (que generalmente son pasivos) ejercer un cargo público.

El hecho de que no se hable de las relaciones homosexuales con tanta relevancia como los que se mantienen con las mujeres sólo quiere decir que los primeros son más difíciles de aceptar desde un punto de vista social, que muchas veces se basaba únicamente en la procreación para la continuación de la familia o el clan.
También hay que tener en cuenta que las relaciones homosexuales entre mujeres también existían. No obstante, los autores que han estudiado la homosexualidad en la antigüedad reconocen que apenas hay evidencias, aunque la lógica nos hace pensar que en unas civilizaciones donde las mujeres vivían rodeadas habitualmente de otras mujeres existan relaciones lésbicas. Michael Foucault llega a afirmar que la homosexualidad masculina en Grecia sólo puede existir en una sociedad muy jerarquizada, done las mujeres ocupan el escalón más bajo, incluso más que los esclavos, quienes eran sodomizados frecuentemente.