EL EMPERADOR TRAJANO

Marco Ulpio Trajano nació el 18 de septiembre del año 53 en el seno de una familia de ascendencia indígena, en la antigua ciudad romana de Itálica, en Hispania.

Marco Ulpio Trajano fue el primer emperador de origen provincial y, según Dión Casio y Herodiano, era un alloethnés y un externus: un hombre de otra raza y un extranjero. Trajano nació el 18 de septiembre del año 53 -aunque la fecha podría no ser exacta-, hace 1.960 años, en Itálica, una antigua ciudad romana situada en la Bética, la provincia romana que comprendía la mayor parte del territorio de la actual Andalucía.

La familia de Trajano era de ascendencia indígena, parece ser que era natural de la región de Turdetania, posteriormente denominada Bética, cuando fue conquistada por Roma. Se cree que el linaje turdetano de los Trahii, o Traii, se integró en Itálica poco después de la fundación de la ciudad por los romanos en 205 a.C. La antigua Itálica corresponde al actual término municipal de Santiponce, en la provincia de Sevilla, donde probablemente también nació Adriano. Trajano estaba emparentado, además, con los Ulpios, un linaje italiota que residía en Itálica en 143 a.C. Tal vez gracias al enlace con los Ulpios y a la fortuna heredada, el padre de Trajano se trasladó a Roma poco después del nacimiento de su hijo, donde no tardó en ser nombrado senador.

En el año 96 d.C., el reinado de Domiciano, tachado de cruel y despiadado, había terminado con una serie de conspiraciones, persecuciones y asesinatos, incluido el del propio emperador, el 18 de septiembre de ese mismo año. El Senado, principal víctima de aquel gobierno, llevó al trono al anciano Nerva, quien antes de su muerte, acaecida en enero de 98, adoptó a Trajano y y le concedió el título de emperador. Éste ascendió al trono imperial gracias a sus méritos personales, demostrados en la defensa de la frontera germana.

Trajano, que tenía alma de soldado, fue un emperador modesto pero autoritario, no aceptó que se erigieran grandes estatuas en su honor, pero por otro lado, tras su victoria en la campaña de Dacia, trajo a Roma miles de kilos de oro y plata, con lo que pudo financiar la construcción de su colosal foro en la capital. Tras la ocupación del reino nabateo dio al Imperio romano la mayor extensión jamás alcanzada.

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