«LOS ASTURES NO ERAN BÁRBAROS, COMERCIABAN INCLUSO CON FENICIOS»

La historiadora María Ferrer ultima ‘Los hijos del Esla’, un libro que reúne todos los conocimientos sobre estas antiguas tribus.


La imagen de bárbaros abrigados con pieles y recluidos en altos castros sin apenas contacto con el exterior se hace añicos gracias a Los hijos del Esla, libro que será editado próximamente por Cultural Norte y en el que la historiadora María Ferrer ofrece una exhaustiva revisión y compilación de los conocimientos obtenidos hasta el momento sobre las tribus astures, antepasados prerromanos de los actuales leoneses y asturianos.

Para ello, Ferrer hizo uso de los textos clásicos pero también rastreó todas las huellas arqueológicas disponibles. Y de esta manera comprobó que la tópica visión de atraso y barbarie no corresponde en absoluto con la realidad histórica. «Las fuentes clásicas nos hablan de las costumbres de los astures y del resto de pueblos que los romanos encontraron durante la conquista. Pero de lo que nos cuentan sólo debemos creer una parte, ya que estos textos fueron escritos con algún que otro siglo de diferencia. Estrabón, por ejemplo, escribe de oídas, pues jamás estuvo en la Península. La finalidad de esos textos es fundamentalmente propagandística: cuanto más fiero e incivilizado es el agresor, más grande y necesaria la victoria sobre ellos».

Ferrer, natural de Trobajo del Camino, estudió Historia en la Universidad de León y cursó un máster en Arqueología y Gestión del Patrimonio en la Universidad de Alcalá. Precisamente Los hijos del Esla. La Asturia de la segunda Edad del Hierro nace en gran medida del trabajo de fin de máster elaborado por esta apasionada por el mundo del pasado que ha participado en numerosas excavaciones sobre el terreno. Preguntada por los aspectos más novedosos de este trabajo, María Ferrer responde que personalmente le sorprendió mucho «el asunto del comercio». «Esta zona tiene fama de contar con una difícil comunicación y sin embargo vemos cómo mantuvieron contactos comerciales, al trueque, con otras poblaciones, algunas tan alejadas como los fenicios de Gadir (Cádiz) en lo que respecta a los cismontanos, mientras los trasmontanos se relacionaban con las Islas Británicas. También me llama la atención que se destaque lo parecidas que son las fíbulas de Lancia y Numancia pero que no se hable, por ejemplo, del parecido entre las arracadas de Lancia y las de apéndice en racimo de uva de influencia mediterránea».

Son varios los aspectos en los que los hallazgos no concuerdan con las fuentes. «Los textos antiguos nos dicen que los astures transmontanos no sabían cultivar y se dedicaban a hacer razzias a pueblos vecinos para conseguir grano, y sin embargo existen restos prerromanos de aperos de labor. Esto nos ofrece un ejemplo más de por qué es tan importante la Arqueología».

Especialmente destacados, por lo infrecuentes y sugestivos, son los capítulos dedicados a vida cotidiana, salud, vivienda y creencias. Páginas que nos acercan al cotidiano existir de aquellos humanos. «Uno de sus alimentos principales era la bellota. Se han hallado molinos de piedra donde, según los clásicos, las mujeres la transformaban en harina. También vivían de la agricultura, ya que en los alrededores de los castros había terreno cultivable, de la ganadería, de la caza y de la pesca en ríos como el Eria. En cambio, no sabemos qué hacían los astures con sus muertos al no haberse hallado necrópolis. Existen algunas teorías —como que se incineraban, se ingerían o se dejaban a la intemperie para que las aves se alimentaran de ellos—, pero sin hallazgos quedan en eso, en teorías».

Dioses y espíritus
En cuanto a la religión, este libro ilustrado con más de 30 fotografías e ilustraciones muestra «algo del panteón astur, sobre todo gracias a la costumbre que los romanos tenían de asimilar las deidades de los pueblos que conquistaban. Por ejemplo, Tilenus (Teleno) sería igual que Marte y Taranis, que Júpiter». Aparte de ese panteón de divinidades mayores y menores «estaba el mundo de los espíritus, a los que rendían culto en noches de luna llena por medio de música y bailes», prosigue.

Ferrer se pronuncia sobre el escaso interés que las administraciones de esta tierra muestran sobre el pasado. «Las instituciones deberían tomarse en serio la Arqueología. Las excavaciones ofrecen trabajo a arqueólogos y operarios, pero la investigación también genera libros y congresos, y coloca en el mapa comarcas enteras. La Arqueología y el turismo van de la mano, pero por desgracia León no cuenta con la publicidad necesaria para atraer a un público hoy infravalorado a pesar de lo que nos supondría su visita».

Diario de León

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