LA VIVIENDA EN ROMA: LAS VILLAE

Lo heterogéneo y caótico que resultaba una ciudad así organizada hacía que los ciudadanos más exquisitos, incluidos algunos emperadores, salieran de la ciudad y construyeran sus residencias en el campo, las cuales recibían el nombre de villae.

Las villae son las herederas de las tradicionales casas de campo que los romanos poseían como casas agrícolas donde, a la vez que vivían, tenían sus ganados, sus graneros, sus lagares, etc.
Es por ello que desde muy antiguo las villae constaban de dos partes bien diferenciadas: la villa rustica, es decir, la parte dedicada a los criados que se encargaban de las tareas agrícolas y ganaderas, y la villa urbana, es decir, la parte donde residía el dueño de la villa y su familia, así como sus invitados.  Esta división también se dejaba sentir a la hora de su construcción, pues la villa rustica obedecía a principios de funcionalidad en función de las exigencias de la práctica agrícola y ganadera, mientras que la villa urbana se construía al uso de las domus señoriales de Roma y, si la fortuna del dueño lo permitía, con todos los lujos, llegando a convertirse incluso en auténticos palacios.

La villa rustica prototípica se organizaban entorno a dos corrales o patios –cortes-, uno interior y otro exterior, cada uno de ellos con un pilón –piscina- para abrevar a los animales o para trabajos especiales, como el tratamiento del cuero; alrededor del primer patio estaban estancias para los criados con sus dormitorios –cellae familiares-, con la cocina –culina- donde se realizaban también algunos trabajos con los alimentos; también estaban los cuartos de baño, la bodega, los establos de los bueyes –bubilia- y de los caballos –equilia-; si había gallinero, también estaba en esta zona; lejos de la cocina y del agua estaban las dependencias que necesitaban un lugar seco: graneros –granaria-, hórreos –horrea- y sitios para conservar la fruta –oporothecae-; los almacenes de materiales de fácil combustión solían estar en unas dependencias aparte –villa fructuaria-, separados de la villa rustica.  Esta villa rustica solía estar muy cerca de la era, donde se construían algunos barracones que permitían el almacenaje de los carros –plaustra- o un lugar provisional de almacenamiento de grano en caso de lluvia –nubiliarium-.  En muchas villae rusticae había un ergastulum, una prisión para esclavos que como condena tenían que realizar los trabajos más duros, y un valetudinarium, una estancia para esclavos enfermos.

La villa urbana solía tener vistas a la campiña o al mar; eran construcciones cómodas, bien aireadas en verano y cálidas en invierno. Las habitaciones de las villae podían construirse en edificios separados comunicados por corredores cubiertos –cryptoportici-. Las partes más importantes de las villae más suntuosas eran los comedores -triclinia o cenationes- de verano y de invierno con vistas al paisaje a través de grandes ventanales; dormitorios –cubicula- no sólo para la noche sino también para estudiar o reposar por el día –cubicula diurna-; aposentos de estudio –bibliotheca-, baños –thermae o balnearia- construidos a semejanza de las termas públicas romanas, con todas sus dependencias –apodyterium, frigidarium, tepidarium y caldarium- y en ocasiones piscina para nadar al aire libre –natatio- y gimnasio –gymnasium sphaeristerium-, así como pórticos para pasear si el tiempo no era bueno –ambulationes-, incluso a caballo –gestationes-, más anchos y largos; finalmente, en alguna ocasión se han encontrado hipódromos, es decir, alamedas o terrenos utilizados exclusivamente para la equitación.

La villa estaba siempre rodeada de terreno: generalmente unos huertos –horti rustici-, pero también por lo que se denomina xystus, es decir, pequeños bosques –nemora- alternados con jardines llenos de plantas exóticas y de lujo, pinos, setos, plátanos, etc; también había alamedas o caminos flanqueados de árboles por donde dar agradables paseos.

El número de villae se incrementó considerablemente en la época imperial, ligadas en ocasiones al latifundismo y al acopio de tierras por un único poseedor.

No obstante, en algunos territorios y zonas del imperio los núcleos de población no eran muy numerosos y la forma de agrupación social eran las villae –que posteriormente darían nombre a lo que actualmente conocemos como villas, pueblos, pequeñas localidades-.

Aragón romano