
[+/-] | LA VIVIENDA EN LA ANTIGUA ROMA: LAS INSULAE |

[+/-] | LA VIVIENDA EN ROMA: LAS VILLAE |
Las villae son las herederas de las tradicionales casas de campo que los romanos poseían como casas agrícolas donde, a la vez que vivían, tenían sus ganados, sus graneros, sus lagares, etc.
Es por ello que desde muy antiguo las villae constaban de dos partes bien diferenciadas: la villa rustica, es decir, la parte dedicada a los criados que se encargaban de las tareas agrícolas y ganaderas, y la villa urbana, es decir, la parte donde residía el dueño de la villa y su familia, así como sus invitados. Esta división también se dejaba sentir a la hora de su construcción, pues la villa rustica obedecía a principios de funcionalidad en función de las exigencias de la práctica agrícola y ganadera, mientras que la villa urbana se construía al uso de las domus señoriales de Roma y, si la fortuna del dueño lo permitía, con todos los lujos, llegando a convertirse incluso en auténticos palacios.
La villa estaba siempre rodeada de terreno: generalmente unos huertos –horti rustici-, pero también por lo que se denomina xystus, es decir, pequeños bosques –nemora- alternados con jardines llenos de plantas exóticas y de lujo, pinos, setos, plátanos, etc; también había alamedas o caminos flanqueados de árboles por donde dar agradables paseos.
El número de villae se incrementó considerablemente en la época imperial, ligadas en ocasiones al latifundismo y al acopio de tierras por un único poseedor.
No obstante, en algunos territorios y zonas del imperio los núcleos de población no eran muy numerosos y la forma de agrupación social eran las villae –que posteriormente darían nombre a lo que actualmente conocemos como villas, pueblos, pequeñas localidades-.
Aragón romano
[+/-] | CICERÓN, DE DOMO SUA CIX |
Quid est sanctius, quid omni religione munitius, quam domus uniuscuiusque civium? Hic arae sunt, hic foci, hic di penates, hic sacra, religiones, caerimoniae continentur; hoc perfugium est ita sanctum omnibus tu inde abripi neminem fas sit.
[+/-] | SOPA DE LETRAS: LA CASA ROMANA |
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Relaciona el nombre de la estancia doméstica con la función que se le daba.
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[+/-] | LA VIVIENDA EN ROMA: LAS DOMUS |
A partir del siglo II a. de C. los romanos pudientes, influidos por la cultura griega, enriquecieron y ampliaron sus casas primitivas, adosando a ellas una segunda vivienda de características griegas; así surge la domus que nosotros conocemos y cuyos exponentes principales podemos encontrar en Pompeya.
La domus es una vivienda unifamiliar, de una sola planta, situada, por lo general, en el núcleo urbano. Su entrada aparece elevada sobre el nivel de la calle y ornamentada por dos pilastras que enmarcaban la puerta de acesso, que solía estar vigilada por un esclavo.
Estancias de una domus
El vestíbulo, situado entre la puerta de la calle y la puerta de acceso al atrio, era una pieza bien decorada donde esperaban los clientes para dar los buenos días o visitar al dueño de la casa (salutatio matutina). Solía tener las paredes pintadas con frescos y los suelos adornados con mosaicos en los que se reproducían mensajes de bienvenida o de advertencia (“cave canem”). En el extremo se encontraba la puerta de acceso a las dependencias privadas de la familia. Tras esta segunda puerta se encontraba un pequeño pasillo (“fauces”), que desembocaba en el atrio.
El atrio era el punto alrededor del cual se articulaba toda la vivienda. Se trataba de un recinto de grandes dimensiones cubierto por una techumbre con las vertientes invertidas hacia abajo, en la que se mantenía sin cubrir un espacio rectangular en el centro: por este hueco, llamado compluvium, se establecía la aireación de la casa y a través de él se recogía el agua de lluvia, que iba a caer a un estanque en el centro del atrio, al que llamaban impluvium, desde el que se llevaba a unas cisternas excavadas en el suelo donde se guardaba para el abastecimiento diario. El compluvium podía estar decorado con toldos o tejas ornamentales que recubrían las juntas y vigas; en el centro del impluvium solía colocarse una fuente.
En una de las paredes del atrio solía haber una hornacina llamada lararium, donde se honraba a los lares, dioses protectores del hogar; solia tratarse de una repisa o un hueco en la pared que se decoraba con pinturas o estatuillas que representaban a los dioses lares; a veces la forma del larario reproducia un templo en miniatura. En el larario se veneraban también los dioses los penates, protectores de la despensa; el genio, espíritu tutelar del pater familias, representado como una serpiente o un hombre cubriendo su cabeza con la toga; los manes, espíritus de los antepasados; además de otros dioses, como Fortuna o Mercurio, que las familias adoraban como protectores.

Ante el larario tenía lugar el culto doméstico, donde el pater familias actuaba como sacerdote, y se celebraban distintos ritos conmemorativos de acontecimientos familiares, como los matrimonios y los nacimientos.
Las ofrendas del larario eran variadas, pero principalmente consistían en flores y guirnaldas para decorarlo, vino para tomar en honor del genio, incienso, además de miel, perfumes, frutas, coronas de flores o pastelillos.
Alrededor del atrio se distribuían las diferentes dependencias de la vivienda. Un pequeño pasillo (andron) comunicaba el atrio con el patio interior de la casa (peristylum).
Aquí se situaba el pozo que abastecía a la casa y al propio jardín, y el sonido de las fuentes acompañaba a los moradores de la casa además de proporcionar humedad y frescura en los días de calor. Como el atrio, el peristilo era también un lugar al que se abrían las estancias más importantes de la casa (tablinum, exedra, etc), pues así podían recibir la luz del día a través de las ventanas en las paredes o con la retirada de los tabiques desplegables; de no existir estos puntos de luz, las habitaciones carecerían casi por completo de ella, pues sólo les llegaría la que entraba por el compluvium situado en el atrio con el que comunicaban casi todas las dependencias.
La entrada al tablinum estaba situado en el atrio en alineación con la puerta de la calle y el vestíbulo; de éste se separaba, generalmente, con paneles de madera plegables o cortinas, de manera que desde el interior el dueño podía controlar todo el atrio y la llegada de las visitas a la casa; facilitaba este control el hecho de que el suelo estuviera algo más elevado que el del resto de la domus. Un tabique de madera, que se retiraba cuando hacía buen tiempo, lo separaba del peristilo, de manera que formaba un pasillo que podía servir de punto de acceso al jardín desde el atrio, sin embargo no solía ser un lugar de paso para los visitantes, que lo hacían a través del andron.
La posición central dentro de la vivienda y la decoración de los tablinos hacen suponer que en ciertas casas pudieron emplearse estas dependencias también como comedores, aunque no en casas grandes y de gran prestigio, donde el "tablinum" y el "triclinium" serían salas separadas.
Los lechos de obra solía tener el lado hacia la mesa más elevado para facilitar la postura. La colocación de los invitados seguía un orden jerárquico muy estricto. Los invitados se tendían en oblicuo en el lecho, con el codo izquierdo apoyado sobre un cojín, y la mano derecha libre para comer. Se les lavaba los pies al entrar y se quitaban el calzado durante la cena. Más adelante se impuso un lecho en forma de media luna, de nombre stibadium.
En las domus más grandes se podían encontrar triclinios de verano o invierno, emplazados en distintos lugares según la orientación de la casa. En muchas casas, sobre todo, en Pompeya se han encontrado triclinios en los jardines, protegidos por una pérgola, toldo o tejado, y, normalmente, frente a una fuente.
Pese a su carácter íntimo, los cubicula se situaban en los laterales del atrio o del peristilo. En las viviendas con plantas altas se ubicaban en éstas, permitiendo la seguridad de la altura abrir ventanas más grandes. A los huéspedes se les acogía en el “hospitium”, un apartamento al que se podía acceder desde la calle o el peristilo.
No existía la cama de matrimonio y lo más próximo a ella es el "lectus genialis" o lecho nupcial donde se consumaba el matrimonio, que en sus origenes estaba situado en el tablinum, como si de un negocio más se tratara.
Las cocinas solían ser oscuras, grasientas y sin chimenea, evacuando los humos por una ventana. Se cocinaba en recipientes sobre trípodes colocados sobre brasas preparadas en fogatas que se hacían en los patios. Éstas se extendían sobre un fogón situado sobre un vano abovedado donde se almacenaba la leña y los utensilios.
A modo de W.C. era frecuente que en las domus hubiera una letrina consistente en un asiento con agujero. Se situaba en la cocina, junto a las pilas de fregar y así se aprovechaba el agua para arrastrar los deshechos. Las mujeres realizaban sus necesidades fisiológicas en sus aposentos, en orinales que las esclavas se encargaban de limpiar.
Pero además de estas letrinas particulares, en la vía pública se colocaban vasijas donde los hombres podían orinar. Esta orina era utilizada en las "fullonicae" (lavanderías) para blanquear la ropa gracias a su alto contenido en amoníaco. Dado su uso industrial, Vespasiano dictó una ley para cobrar un impuesto sobre la orina. También utilizaban la propia orina, mezclada con piedra pómez pulverizada, como dentífrico.

Desde principios del siglo III a.C., con la influencia griega y la aparición de las termas públicas, los romanos más adinerados empezaron a introducir baños privados en sus casas (balneum). La construcción de acueductos y la mejora de las obras públicas hizo accesible el uso de agua para todos y su calentamiento para el baño.
El baño pudo en un principio haber consistido en una bañera aislada, hecha de distintos materiales, o una de obra encajada en una habitación. Cuando estos baños se hicieron más amplios y suntuosos se amplió su espacio y se incorporaron más salas.

Eran las llamadas tabernae, tiendas donde se vendían los productos cosechados en las tierras del dueño de la casa, que eran alquiladas a terceras personas para instalar allí sus negocios. Eran las habitaciones situadas en las alae, a ambos lados de las fauces de entrada y rara vez tenían comunicación con la domus.
Cellae servorum: Pequeñas habitaciones para los siervos, alejadas de la parte noble de la casa.
Exedra: Habitación amplia y decorada, frente al tablinum. Solía utilizarse como sala para recibir visitas.
Oecus: El oecus es un salón de recepción o de reunión. Cuando la magnitud de la clientela era tal que no cabía en el "atrium", la matutina actividad de la "salutatio" (recepción de los clientes) se hacía en el oecus. Y por la tarde, si el número de convidados a cenar sobrepasaba los nueve, que son el número de personas que caben en un "triclinium" (comedor), se acomodaban seis lechos en el oecus. Según Vitrubio, esta estancia está columnada y tiene vistas al jardín.
Mobiliario, iluminación y calefacción.

El lecho era el mueble más importante y suntuoso y servía para dormir, para comer recostado o como sofá. Normalmente son de madera y tienen las patas torneadas. Encima del armazón se colocaba un colchón relleno de lana o plumas, cubierto con una colcha y almohadones de vivos colores.
Para el alumbrado de las casas se utilizaban antorchas, velas y lámparas de aceite (lucernas).
Estas lámparas se colocaban sobre nichos, muebles y pedestales de metal o suspendidas mediante cadenas del techo o de candelabros de metal con varios brazos.

Materiales de construcción
Los muros de la vivienda solían estar hechos de adobe, ladrillos de barro secados al sol, que los romanos llamaban crudo, o por una argamasa de tierra, piedras y arena. Para sostener la techumbre utilizaban columnas de madera, piedra o ladrillo cocido, lo mismo para las jambas de la puerta (ianua). Solían recubrir las paredes interiores y las columnas con capas de yeso que solían pintar fingiendo mármoles veteados, motivos geométrico o florales. La techumbre era recubierta de una capa de ramaje o paja bien tupida. Los suelos eran de tierra apelmazada, pero en la parte noble de la casa (atrio, triclinio) solían recubrirlos de pequeñas piedras o de cantos rodados haciendo dibujos, o con mosaico.
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La disposición de las ciudades griegas está determinada por la orografía del lugar donde se asentaban si bien en la mayoría de ellas encontramos determinados elementos significativos como son la acrópolis, el ágora y las murallas.
La acrópolis era el lugar sagrado, situado generalmente sobre una colina, sirviendo como espacio de reunión de la población en caso de ataque o asedio enemigo. El ágora era el centro de la vida ciudadana y allí se desarrollaban las actividades políticas y económicas.
Las casas estaban situadas sin un plan urbanístico preconcebido, con calles estrechas y sinuosas, sin ningún tipo de pavimento, presentando, por regla general, un aspecto descuidado, llenas de suciedad. Era frecuente que los niños fueran abandonados por sus padres en las calles; también existía un amplio número de vagabundos que vivían donde les era posible.
A pesar de la existencia de un grupo de funcionarios que debían vigilar las vías públicas, el aspecto general de las urbes griegas debía ser bastante deplorable. La ciudad estaba dividida en barrios diferenciados según las clases sociales o la ocupación artesanal de sus habitantes.
La excepción a este caos urbanístico debió ser la ciudad de Mileto donde el arquitecto Hipodamo desarrolló una traza cuadriculada, que en su memoria se llama también red hipodámica.
Teniendo como ejemplo la ciudad de Mileto se construyeron un buen número de urbes en las colonias y en Asia cuando se produjo la expansión helenística con Alejandro.
La mayoría de la población helénica habitaba en unas casas bastante modestas, construidas con materiales absolutamente perecederos por lo que apenas conservamos testimonios arqueológicos.
Estas casas estaban organizadas alrededor de un pequeño patio donde solía estar el pozo en el que se recogía el agua de la lluvia, patio que servía de punto de partida para el acceso a las diferentes habitaciones que apenas tenían ventanas.
Los techos eran planos y en numerosas ocasiones sirvieron para levantar sobre ellos una segunda planta que sobresalía sobre el eje de la calle, lo que era castigado por la administración pública con tributos. Los suelos de las viviendas eran de barro.
Para evitar incendios el fuego era encendido en la calle, aunque no era muy frecuente la existencia de braseros ni chimeneas debido a la carestía de la leña y la práctica inexistencia de conductos de ventilación en los hogares. Cuando el agua del pozo no era suficiente debía acudirse a la fuente pública, trabajo casi siempre reservado a las mujeres.
Las casas de los potentados disponían de mucho más lujo aunque también tenían como eje un patio central con columnas llamado peristilo.
En el video vemos cómo un conjunto de casas ricas descubierto cerca de la Acrópolis ha servido para realizar una reconstrucción hipotética de una de ellas, de finales de la Época Clásica.
Sobre el plano observamos que la disposición de las casas tiene una forma irregular, siendo la del medio mucho más grande, con 10 habitaciones en la planta baja y un amplio patio.
El acceso a la vivienda se realizaba a través de un pequeño pasillo que desembocaba en el gran patio central, verdadero corazón de la casa, donde se situaba el altar para los sacrificios a los dioses familiares. Alrededor del patio se disponían las diferentes estancias. Al otro lado del patio hay una sala con pavimento de mosaico, probablemente para realizar recepciones. Esta estancia da acceso a una dependencia trasera, de uso desconocido.
Atravesando de nuevo el patio llegamos al comedor de los hombres, el andrón o sala de banquetes. En esta sala los varones celebraban el simposio, un banquete privado muy popular en Atenas. Los invitados se recostaban sobre unos lechos llamados kliné, situándose ante ellos unas pequeñas mesas para tener a su alcance alimentos y bebidas.
La planta superior del edificio alberga las habitaciones. En este edificio, el gineceo, la parte de la casa reservada para la esposa, las hijas y las siervas, debía situarse en la parte superior. Las ventanas son escasa y pequeñas. El dormitorio principal, al igual que el resto de las habitaciones, tenía muy pocos muebles: una cama y algunos taburetes y baúles.
Los muros de la casa fueron hechos de adobe, apoyados en un zócalo de piedra. Los tejados, cubiertos de tejas de terracota, eran sustentados por viguería de madera. Desconocemos cuál fue el aspecto de las paredes, aunque muchas casas tenían sus muros enlucidos y pintados, generalmente en color rojo, el más popular, con un zócalo blanco.
Parece ser que el mobiliario utilizado por los griegos no era muy abundante, independientemente del grado de riqueza de los habitantes de las casas. Quizá el elemento más importante fuera la cama, utilizada en variadas funciones, acompañada de mesas, sillas, cofres y almohadones.
Fuente: ARTEHISTORIA.COM