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| [+/-] | ACTIVIDADES SOBRE LA GUERRA DE TROYA |
1º.- Señala en un mapa de Grecia los siguientes lugares y por qué hechos son conocidos:
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3º. ¿Qué personajes intervienen en el llamado “juicio de Paris”?. ¿Qué papel representa cada uno de estos personajes? ¿Cuáles son sus atribuciones y qué les caracteriza?
4º.- Uno de los reyes participantes en la guerra de Troya fue Agamenón, jefe de los ejércitos griegos. ¿Qué ofrenda tiene que hacer a los dioses para que le sean favorables? ¿Por qué tiene que hacer esta ofrenda? ¿Qué sucede durante la celebración del sacrificio? ¿Cómo lo interpretan los griegos?
5º.- ¿Quiénes son los héroes? ¿Cuál fue el héroe más famoso de la guerra de Troya? ¿Puedes citar algún otro héroe que conozcas
6º.- ¿Qué hace la diosa Tetis para convertir a su hijo en un ser invulnerable (que no puede ser herido)? ¿Quién es su hijo? ¿Qué malos augurios rodearon el nacimiento de éste?¿Con quién se educa durante su infancia y adolescencia? ¿Qué actividades aprende? ¿Con qué es alimentado?
7º.-¿Qué regala la diosa Tetis a su hijo antes de que éste parta hacia Troya? ¿Por qué no quería la diosa que su hijo fuera a la guerra? ¿Cómo intenta impedírselo?
8º.-. ¿Qué dios fabrica las armas de Aquiles? ¿De qué estan hechas estas armas? ¿A quién se las prestara una vez que empiece la guerra?
9º.- ¿Por qué Aquiles se retira del combate y jura no volver a combatir en defensa de los griegos?
¿Cuánto tiempo permanece alejado del combate? ¿Por qué vuelve a combatir?
10º.- ¿Qué venganza lleva a cabo Aquiles contra el que ha dado muerte a su amigo Patroclo? ¿Qué pretende con esta actuación? ¿Cómo fueron las honras fúnebres de Héctor? Infórmate de cómo eran en la antigüedad las ceremonias fúnebres
11º.- ¿Qué dios había construido las murallas de Troya? ¿Por qué eran inexpugnables?
12º.- ¿Cuánto tiempo duró el conflicto de Troya? ¿Qué diosas protegían y defendían a los griegos y cuáles a los troyanos? ¿Por qué se decantaron por unos o por otros contendientes?
13º.- ¿Qué características destacarías en cada uno de estos personajes
- Helena
- Aquiles
- Paris
- Ulises
- Héctor
15º.- Busca información acerca del equipamiento y las armas de un guerrero griego de la época micénica
16º.- ¿Sabes qué fue de Helena después de la guerra de Troya? ¿Crees que tuvo un final justo?
17º.- Imagina –informándote previamente- cómo sería el paisaje y el terreno de los lugares en que transcurre la guerra de Troya: Troya, Micenas, la isla de Ítaca, Esparta. ¿Y el mar griego cómo lo imaginas?
18º.- Explica las siguientes expresiones y a qué hechos aluden:
- la pereza es su talón de Aquiles
- en la reunión se armó la de Troya
20º.- ¿Qué sabes de la ciudad de Troya? ¿Existió realmente? ¿Cuáles creen que debieron ser las causas reales de esta guerra? ¿Cómo se descubrió esta ciudad? ¿Quién y cuándo se descubrió?
| [+/-] | LA "ILÍADA", LA GUERRA DE TODOS NOSOTROS |
Varias novedades regresan al mundo del misterioso Homero. La universalidad de sus temas mantiene su magnetismo casi tres milenios después.
Pensó que aquel mismo día iba a apoderarse de la ciudad de Príamo, / nada sabía el muy necio todo lo que Zeus tenía previsto hacer”, escribe Homero. No hay nada tan destructivo, tan letal, como la confianza ciega en su propio triunfo, la creencia absoluta en la victoria. Esa es una de las muchas historias universales que contiene la Ilíada. Nunca sabremos con seguridad cuándo y cómo se compuso —los expertos prefieren el verbo “componer” a “escribir” porque no está claro el papel que tuvo la escritura en su creación—. Sobre su autor, Homero, que la tradición describe como un bardo ciego, existen más dudas que certezas. Sin embargo, allí siguen sus relatos, anclados más que nunca en la memoria viva de nuestra cultura.
El dios Zeus ideó una estrategia para ayudar a los troyanos: enviar un falso sueño de victoria al caudillo griego Agamenón, que además acababa de tener un enfrentamiento con el héroe Aquiles. “
Como escribió Gore Vidal en sus memorias: “Al igual que las diferentes capas de Troya, donde en algún profundo lugar están todas esas ciudades amontonadas sobre otras ciudades, uno espera encontrarse con Aquiles y su amado Patroclo y con toda esa fuerza con la que dio comienzo nuestro mundo”.
Ahora que Grecia lleva años enfrentándose a sueños de victoria, Homero está presente en las librerías españolas con una oleada de novedades. En los últimos tiempos se han publicado tres libros sobre su obra —El mundo de Homero (Crítica), de John Freely; El eterno viaje. Cómo vivir con Homero (Ariel), de Adam Nicolson, y La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historia de la ‘Ilíada’(Acantilado), de Caroline Alexander—, además de una historia del mundo en el que surgieron esos relatos, la Grecia clásica, Héroes que miran a los ojos de los dioses (Edaf), del helenista Óscar Martínez García, autor de la última traducción al castellano de la Ilíada(Alianza Editorial, 2010). “Como en todos los libros que llamamos clásicos, en la Ilíada y la Odisea encontramos, nosotros los lectores, el reflejo de nuestra propia experiencia. En estas obras no sólo leemos de forma literal las historias que están contadas: leemos también el texto transformado en metáforas de historias que nos son propias, en símbolos de nuestros temores y deseos”, explica Alberto Manguel, que publicó hace algunos años El legado de Homero (Debate).
Preguntado sobre la recalcitrante actualidad de Homero, Adam Nicolson responde desde su domicilio en Inglaterra: “Tal vez la coincidencia de tantas obras se deba a que estamos viviendo un periodo violento y difícil de nuestra propia historia”. Este autor de grandes libros de viajes y aventuras, cuyo ensayo es a la vez un recorrido vital y literario por Homero, prosigue: “La Ilíada nos cuenta lo que le ocurre a la gente cuando se enfrenta a una realidad brutal. En un mundo caótico, muy inseguro, Homero nos proporciona unos fundamentos muy profundos, es una fuente de conocimiento. Para mí, la gran virtud de su visión es que nos señala que este es el mundo real, el lugar en el que todo ocurre, a diferencia de la tradición cristiana donde la fuerza de la vida parece estar en otro lado. Lo que viene a decirnos Homero es que no se puede dejar la felicidad para más tarde y eso es muy formativo si entra en nuestra mente”.
La fuerza de la Ilíada es tan grande que alguno de los pasajes más famosos de aquella epopeya, como el talón de Aquiles o el Caballo de Troya, ni siquiera aparecen en sus páginas; sino que pertenecen a otras versiones y relatos de aquel conflicto, como la Eneida, de Virgilio, la relectura romana del mito.
En sus 15.693 versos, este poema épico relata un episodio de apenas dos semanas del largo asedio de Troya, que enfrenta a diferentes caudillos guerreros griegos con los troyanos. Transcurre en el noveno año de un conflicto que se prolongará uno más, y que es relatado en decenas de poemas e historias que circulaban de padres a hijos.
Homero no oculta que los soldados griegos están deseando volver a casa. Un regreso que, como demuestran las desventuras de Ulises en la Odisea, no será nada fácil. Con los dioses interviniendo constantemente a favor de uno y otro bando, el centro de la narración se encuentra en el enfrentamiento entre dos héroes, el griego Aquiles y el troyano Héctor, después de que este último haya abatido en combate a Patroclo, el gran amigo del griego. La narración acaba con uno de los momentos más emotivos de la literatura universal, cuando Príamo, el padre de Héctor, viaja hasta el campamento griego para convencer a Aquiles de que le entregue el cadáver de su hijo.
“Una de las cosas más emocionantes de Homero es que es capaz de captar un sentimiento nuevo de la humanidad que estaba surgiendo en ese momento: la compasión por el derrotado”, asegura Óscar Martínez. “Nunca trata a los troyanos como enemigos, sino como seres humanos. Eso ocurre en el encuentro entre Aquiles y Príamo. En la Odisea se captura la palabra nostalgia por primera vez, cuando Ulises en la isla de Calipso dice que siente el dolor del regreso. Cómo no va a hablar de nostalgia un poema que nos describe la historia de un pueblo que se había tenido que desperdigar por todo el Mediterráneo”: "Detúvose el Argifontes a contemplar aquello; y después de admirarlo, penetró en la ancha gruta, y fue conocido por Calipso, la divina entre las diosas, desde que a ella se presentó -que los dioses inmortales se reconocen mutuamente aunque vivan apartados-; pero no halló al magnánimo Odiseo, que estaba llorando en la ribera, donde tantas veces, consumiendo su ánimo con lágrimas, suspiros y dolores, fijaba los ojos en el ponto estéril y derramaba copioso llanto". (Odisea, canto V, v.55ss.)
Freely, experto en el Imperio Otomano y autor de libros de viajes, que enseña en la Universidad Bogazici de Estambul, trata de buscar en su libro lo que hay detrás de la Ilíada y la Odisea, lo que la arqueología y la historia pueden aportar a nuestro conocimiento de Homero, pero también la obsesión de muchos estudiosos por encontrar restos que nos lleven hasta ese mundo de héroes y dioses. Homero canta desde el siglo VIII antes de Cristo a unos acontecimientos que transcurrieron en el siglo XIII aunque, como explica Óscar Martínez, “su musa es la de la épica, no de la historia”. Sin embargo, sí refleja un momento crucial del mundo griego: su renacimiento después de la Edad Oscura cuando, por motivos que se desconocen, la civilización micénica se hundió en apenas unas décadas y la cultura helénica desapareció durante cuatro siglos hasta que resurgió para convertirse en el principio de todo nuestro mundo. En cierta medida, Homero simboliza la victoria de la poesía y la literatura sobre el desastre y la decadencia.
Pensó que aquel mismo día iba a apoderarse de la ciudad de Príamo, / nada sabía el muy necio todo lo que Zeus tenía previsto hacer”, escribe Homero. No hay nada tan destructivo, tan letal, como la confianza ciega en su propio triunfo, la creencia absoluta en la victoria. Esa es una de las muchas historias universales que contiene la Ilíada. Nunca sabremos con seguridad cuándo y cómo se compuso —los expertos prefieren el verbo “componer” a “escribir” porque no está claro el papel que tuvo la escritura en su creación—. Sobre su autor, Homero, que la tradición describe como un bardo ciego, existen más dudas que certezas. Sin embargo, allí siguen sus relatos, anclados más que nunca en la memoria viva de nuestra cultura.El dios Zeus ideó una estrategia para ayudar a los troyanos: enviar un falso sueño de victoria al caudillo griego Agamenón, que además acababa de tener un enfrentamiento con el héroe Aquiles. “
Como escribió Gore Vidal en sus memorias: “Al igual que las diferentes capas de Troya, donde en algún profundo lugar están todas esas ciudades amontonadas sobre otras ciudades, uno espera encontrarse con Aquiles y su amado Patroclo y con toda esa fuerza con la que dio comienzo nuestro mundo”.
Preguntado sobre la recalcitrante actualidad de Homero, Adam Nicolson responde desde su domicilio en Inglaterra: “Tal vez la coincidencia de tantas obras se deba a que estamos viviendo un periodo violento y difícil de nuestra propia historia”. Este autor de grandes libros de viajes y aventuras, cuyo ensayo es a la vez un recorrido vital y literario por Homero, prosigue: “La Ilíada nos cuenta lo que le ocurre a la gente cuando se enfrenta a una realidad brutal. En un mundo caótico, muy inseguro, Homero nos proporciona unos fundamentos muy profundos, es una fuente de conocimiento. Para mí, la gran virtud de su visión es que nos señala que este es el mundo real, el lugar en el que todo ocurre, a diferencia de la tradición cristiana donde la fuerza de la vida parece estar en otro lado. Lo que viene a decirnos Homero es que no se puede dejar la felicidad para más tarde y eso es muy formativo si entra en nuestra mente”.
La fuerza de la Ilíada es tan grande que alguno de los pasajes más famosos de aquella epopeya, como el talón de Aquiles o el Caballo de Troya, ni siquiera aparecen en sus páginas; sino que pertenecen a otras versiones y relatos de aquel conflicto, como la Eneida, de Virgilio, la relectura romana del mito.
En sus 15.693 versos, este poema épico relata un episodio de apenas dos semanas del largo asedio de Troya, que enfrenta a diferentes caudillos guerreros griegos con los troyanos. Transcurre en el noveno año de un conflicto que se prolongará uno más, y que es relatado en decenas de poemas e historias que circulaban de padres a hijos.
Homero no oculta que los soldados griegos están deseando volver a casa. Un regreso que, como demuestran las desventuras de Ulises en la Odisea, no será nada fácil. Con los dioses interviniendo constantemente a favor de uno y otro bando, el centro de la narración se encuentra en el enfrentamiento entre dos héroes, el griego Aquiles y el troyano Héctor, después de que este último haya abatido en combate a Patroclo, el gran amigo del griego. La narración acaba con uno de los momentos más emotivos de la literatura universal, cuando Príamo, el padre de Héctor, viaja hasta el campamento griego para convencer a Aquiles de que le entregue el cadáver de su hijo.
“Una de las cosas más emocionantes de Homero es que es capaz de captar un sentimiento nuevo de la humanidad que estaba surgiendo en ese momento: la compasión por el derrotado”, asegura Óscar Martínez. “Nunca trata a los troyanos como enemigos, sino como seres humanos. Eso ocurre en el encuentro entre Aquiles y Príamo. En la Odisea se captura la palabra nostalgia por primera vez, cuando Ulises en la isla de Calipso dice que siente el dolor del regreso. Cómo no va a hablar de nostalgia un poema que nos describe la historia de un pueblo que se había tenido que desperdigar por todo el Mediterráneo”: "Detúvose el Argifontes a contemplar aquello; y después de admirarlo, penetró en la ancha gruta, y fue conocido por Calipso, la divina entre las diosas, desde que a ella se presentó -que los dioses inmortales se reconocen mutuamente aunque vivan apartados-; pero no halló al magnánimo Odiseo, que estaba llorando en la ribera, donde tantas veces, consumiendo su ánimo con lágrimas, suspiros y dolores, fijaba los ojos en el ponto estéril y derramaba copioso llanto". (Odisea, canto V, v.55ss.)
Freely, experto en el Imperio Otomano y autor de libros de viajes, que enseña en la Universidad Bogazici de Estambul, trata de buscar en su libro lo que hay detrás de la Ilíada y la Odisea, lo que la arqueología y la historia pueden aportar a nuestro conocimiento de Homero, pero también la obsesión de muchos estudiosos por encontrar restos que nos lleven hasta ese mundo de héroes y dioses. Homero canta desde el siglo VIII antes de Cristo a unos acontecimientos que transcurrieron en el siglo XIII aunque, como explica Óscar Martínez, “su musa es la de la épica, no de la historia”. Sin embargo, sí refleja un momento crucial del mundo griego: su renacimiento después de la Edad Oscura cuando, por motivos que se desconocen, la civilización micénica se hundió en apenas unas décadas y la cultura helénica desapareció durante cuatro siglos hasta que resurgió para convertirse en el principio de todo nuestro mundo. En cierta medida, Homero simboliza la victoria de la poesía y la literatura sobre el desastre y la decadencia.
Caroline Alexander: “Homero describe la guerra de forma sincera y precisa”
El libro de Caroline Alexander (Florida, 1956) es un profundo estudio de la Ilíada pero, sobre todo, de lo que esta epopeya nos enseña sobre cualquier guerra. Ha colaborado como periodista con numerosos medios, como The New Yorker o National Geographic y es autora de una recreación del desastroso viaje de Ernest Schackleton a la Antártida, Atrapados en el hielo. La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historia de la ‘Ilíada’ nos sumerge en un mundo salvaje y violento, en el que no hay gloria en morir en combate. Pero, sobre todo, demuestra hasta qué punto Homero está cerca de nosotros.
PREGUNTA. En su libro asegura que Homero es nuestro contemporáneo porque trata asuntos tan cercanos como la rebelión ante un dirigente incompetente o la crueldad de la guerra. ¿Por eso seguimos leyéndolo?
RESPUESTA. Creo que la razón por la que leemos la Ilíada generación tras generación, y el motivo por el que esta historia está tan viva para nosotros tantos siglos después, es porque describe la guerra de una forma sincera y precisa. No es una evocación sentimental o poética de la guerra, sino una caracterización de la guerra tomada de la historia y la experiencia. Los hechos básicos de una guerra, sin importar el tiempo y el lugar, no han cambiado; por eso nos importan todavía los personajes de Homero, sus palabras, sus destinos y sus historias. Homero es un gran poeta no porque utilice un lenguaje poético, sino porque describe de forma certera y auténtica la experiencia de la guerra. Y nos reconocemos en ella.
P. Homero nos muestra que no hay nada peor para un ejército que un sueño de victoria, que creerse invencible. ¿Sigue siendo así?
R. En el canto segundo de la Ilíada, Zeus baraja todas las posibilidades para destruir al ejército griego. Podría enviar una plaga, golpearle con rayos, pero la mejor forma es enviar a su comandante en jefe un sueño ilusorio de victoria. Creo que es imposible leer esa escena sin pensar en el presidente estadounidense George W. Bush y su sueño de victoria de invadir Irak. Creo que las ilusiones de los dirigentes en tiempos de conflicto representan un hecho indeleble de las guerras.
P. Usted escribe que Homero se empeña en mostrar que no hay nada glorioso en las muertes en las guerras y que trata de identificar a cada víctima del combate. ¿Es la Ilíada un libro contra la guerra?
R. Creo que la Ilíada nos muestra que un guerrero puede alcanzar la gloria falleciendo en un conflicto, pero también deja muy claro que la gloria no compensa la pérdida de una vida. Homero refleja la muerte de cada uno de los participantes en la batalla como algo terrible, triste, trágico. De tal forma que guerreros desconocidos, cuyos nombres sabemos pero no mucho más, los héroes que ganan y los héroes que pierden, todos sufren a causa de la guerra. Como civiles, una de las escenas más famosas y más bellas de la Ilíada es cuando Héctor se despide de Andrómaca y de su hijo pequeño. Es cuando Homero nos muestra que la guerra afecta a cada vida que toca. No creo que podamos decir que la Ilíada sea pro o antiguerra, creo que la épica es mucho más sutil: Homero considera que la guerra forma parte de la vida humana de la misma forma que la muerte. Nunca desaparecerá y eso es lo que esta triste historia nos muestra.
P. ¿Sabemos algo con seguridad sobre el autor y la historia de la composición de la Ilíada y la Odisea?
R. No podemos dar nada por seguro. Tenemos buenas razones, basándonos en la lingüística, para estimar que fue un poeta que trabajó en torno al 700/730 [antes de Cristo] en una región que es hoy el oeste de Turquía. El hecho de que un poeta ciego cante la guerra de Troya en la Odisea ha llevado a muchos a pensar, desde la Antigüedad, que puede tratarse de algún tipo de autorretrato.
P. ¿Cuál es su personaje favorito de Homero? ¿Y su escena favorita?
R. Me resultar muy difícil señalar un personaje favorito. Me gusta mucho la caracterización de Sarpedón, que no es un personaje principal como Aquiles o Héctor, pero está magníficamente retratado. Dependiendo del momento, elegiría a cualquier personaje ¡menos a Agamenón! En cambio, mi escena favorita es el momento de la embajada en el canto noveno, cuando los griegos visitan a Aquiles para rogarle que regrese a la batalla y le ofrecen presentes muy valiosos. Les deja de piedra cuando les dice que su vida es mucho más valiosa que cualquier regalo. Ese es el mensaje central de la Ilíada y es especialmente significativo que sea un gran guerrero el que lo transmite.
P. Al final de su libro asegura que la Ilíada es un poema sobre la guerra, que concluye que no hay ninguna recompensa para el héroe que muere en el campo de batalla. Sin embargo, parece que la humanidad no ha entendido todavía ese mensaje.
R. Un soldado moderno puede leer la Ilíada y descubrir, punto por punto, una descripción de su propia experiencia. Creo que su grandeza está en que demuestra que la tragedia de cualquier guerra —la ineptitud de los mandos, la pérdida de vidas, el dolor— nunca cambia.
Homero, hoy
El libro de Caroline Alexander (Florida, 1956) es un profundo estudio de la Ilíada pero, sobre todo, de lo que esta epopeya nos enseña sobre cualquier guerra. Ha colaborado como periodista con numerosos medios, como The New Yorker o National Geographic y es autora de una recreación del desastroso viaje de Ernest Schackleton a la Antártida, Atrapados en el hielo. La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historia de la ‘Ilíada’ nos sumerge en un mundo salvaje y violento, en el que no hay gloria en morir en combate. Pero, sobre todo, demuestra hasta qué punto Homero está cerca de nosotros.
PREGUNTA. En su libro asegura que Homero es nuestro contemporáneo porque trata asuntos tan cercanos como la rebelión ante un dirigente incompetente o la crueldad de la guerra. ¿Por eso seguimos leyéndolo?
RESPUESTA. Creo que la razón por la que leemos la Ilíada generación tras generación, y el motivo por el que esta historia está tan viva para nosotros tantos siglos después, es porque describe la guerra de una forma sincera y precisa. No es una evocación sentimental o poética de la guerra, sino una caracterización de la guerra tomada de la historia y la experiencia. Los hechos básicos de una guerra, sin importar el tiempo y el lugar, no han cambiado; por eso nos importan todavía los personajes de Homero, sus palabras, sus destinos y sus historias. Homero es un gran poeta no porque utilice un lenguaje poético, sino porque describe de forma certera y auténtica la experiencia de la guerra. Y nos reconocemos en ella.
P. Homero nos muestra que no hay nada peor para un ejército que un sueño de victoria, que creerse invencible. ¿Sigue siendo así?
R. En el canto segundo de la Ilíada, Zeus baraja todas las posibilidades para destruir al ejército griego. Podría enviar una plaga, golpearle con rayos, pero la mejor forma es enviar a su comandante en jefe un sueño ilusorio de victoria. Creo que es imposible leer esa escena sin pensar en el presidente estadounidense George W. Bush y su sueño de victoria de invadir Irak. Creo que las ilusiones de los dirigentes en tiempos de conflicto representan un hecho indeleble de las guerras.
P. Usted escribe que Homero se empeña en mostrar que no hay nada glorioso en las muertes en las guerras y que trata de identificar a cada víctima del combate. ¿Es la Ilíada un libro contra la guerra?
R. Creo que la Ilíada nos muestra que un guerrero puede alcanzar la gloria falleciendo en un conflicto, pero también deja muy claro que la gloria no compensa la pérdida de una vida. Homero refleja la muerte de cada uno de los participantes en la batalla como algo terrible, triste, trágico. De tal forma que guerreros desconocidos, cuyos nombres sabemos pero no mucho más, los héroes que ganan y los héroes que pierden, todos sufren a causa de la guerra. Como civiles, una de las escenas más famosas y más bellas de la Ilíada es cuando Héctor se despide de Andrómaca y de su hijo pequeño. Es cuando Homero nos muestra que la guerra afecta a cada vida que toca. No creo que podamos decir que la Ilíada sea pro o antiguerra, creo que la épica es mucho más sutil: Homero considera que la guerra forma parte de la vida humana de la misma forma que la muerte. Nunca desaparecerá y eso es lo que esta triste historia nos muestra.
P. ¿Sabemos algo con seguridad sobre el autor y la historia de la composición de la Ilíada y la Odisea?
R. No podemos dar nada por seguro. Tenemos buenas razones, basándonos en la lingüística, para estimar que fue un poeta que trabajó en torno al 700/730 [antes de Cristo] en una región que es hoy el oeste de Turquía. El hecho de que un poeta ciego cante la guerra de Troya en la Odisea ha llevado a muchos a pensar, desde la Antigüedad, que puede tratarse de algún tipo de autorretrato.
P. ¿Cuál es su personaje favorito de Homero? ¿Y su escena favorita?
R. Me resultar muy difícil señalar un personaje favorito. Me gusta mucho la caracterización de Sarpedón, que no es un personaje principal como Aquiles o Héctor, pero está magníficamente retratado. Dependiendo del momento, elegiría a cualquier personaje ¡menos a Agamenón! En cambio, mi escena favorita es el momento de la embajada en el canto noveno, cuando los griegos visitan a Aquiles para rogarle que regrese a la batalla y le ofrecen presentes muy valiosos. Les deja de piedra cuando les dice que su vida es mucho más valiosa que cualquier regalo. Ese es el mensaje central de la Ilíada y es especialmente significativo que sea un gran guerrero el que lo transmite.
P. Al final de su libro asegura que la Ilíada es un poema sobre la guerra, que concluye que no hay ninguna recompensa para el héroe que muere en el campo de batalla. Sin embargo, parece que la humanidad no ha entendido todavía ese mensaje.
R. Un soldado moderno puede leer la Ilíada y descubrir, punto por punto, una descripción de su propia experiencia. Creo que su grandeza está en que demuestra que la tragedia de cualquier guerra —la ineptitud de los mandos, la pérdida de vidas, el dolor— nunca cambia.
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El mundo de Homero. John Freely. Traducción de Teófilo de Lozoya y Joan Rabasseda. Crítica. Barcelona, 2015. 376 páginas. 22,90 euros.
El eterno viaje. Cómo vivir con Homero. Adam Nicolson. Traducción de Gemma Deza Guil. Ariel. Barcelona, 2015. 432 páginas. 19,90 euros. La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historia de la ‘Ilíada’. Caroline Alexander. Traducción de José Manuel Álvarez-Flórez. Acantilado. Barcelona, 2015. 352 páginas. 27 euros. Héroes que miran a los ojos de los dioses. Óscar Martínez García. Edaf. Madrid, 2015. 327 páginas. 25 euros. |
El País
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| [+/-] | EN BUSCA DE LA GUERRA DE TROYA (Michael Wood) |
Si hay un lugar fascinante para la arqueología por el mito que representa es Troya. La guerra que Homero plasmó en La Ilíada, aupado como uno de los grandes clásicos de la literatura universal, sigue dando noticias. Troya no se rinde, se resiste a mostrar los misterios que los investigadores aún no han podido dilucidar. El periodista inglés Michael Wood (1948) intentó sintetizar en el libro En busca de la guerra de Troya las excavaciones practicadas en el montículo de Hisarlik, el lugar que se supone fue el escenario del asedio y destrucción de la ciudad legendaria, en el noroeste de Turquía. Esta obra publicada en 1985 y revisada veinte años después, se ha traducido al español (Crítica). El texto de Wood -autor de superventas y productor de documentales televisivos- es respetado por unos y vilipendiado por otros, es decir, que recoge la división entre los historiadores que dan carta de realidad a parte de La Ilíada y los que ven en el relato pura fantasía.
En busca de la guerra de Troya es más un libro de preguntas que de respuestas, no es una novela histórica pero tampoco un texto de lectura fácil y amena para aficionados. Estos son algunos de los nombres y cuestiones estudiadas por Wood:
Heinrich Schliemann. El millonario alemán (1822-1890) dedicó los últimos veinte años de su vida "a su obsesión, a su sueño infantil", como dice Wood: hallar las ruinas de Troya y demostrar la verdad del relato de Homero. La historia de este personaje está teñida de aventuras, ambición, entusiasmo e imprudencia. De sí mismo dijo: "Mi peor defecto, ser un fanfarrón y un farolero... pero me proporcionó innumerables ventajas". De Schliemann, que bebió del primer gran explorador de Troya, el inglés Frank Calvert, se conservan 175 volúmenes de cuadernos de excavaciones, 20.000 artículos y 60.000 cartas. Wood lo retrata como un aficionado que paradójicamente podría "ser considerado el padre de la arqueología y, a la vez, un narrador de cuentos chinos". Llegó a ser acusado de amañar las pruebas de sus descubrimientos; fue lo contrario al ejemplo de investigador escrupuloso y metódico. Con su ejército de obreros excavó grandes trincheras, extrajo toneladas de tierra y se llevó por delante parte de las murallas que buscaba. Sin embargo, fijó la clave del yacimiento: Hisarlik era una sucesión de estratos -el más antiguo, del 3.000 a.C.-, fruto de una costumbre de la zona, la constante reedificación, y de sus siguientes colonizadores. Uno de esos estratos fue el escenario de lo que se convirtió en el célebre relato.
La Ilíada' y Homero. Wood recoge "la opinión general" de que esta obra fue compuesta por un poeta que recopiló antiguos relatos orales. El autor señala que Homero ("si es que este existió") vivió "quizá" en el siglo VIII a.C., cuando el relato de Troya ya se contaba en las cortes egeas. Su calidad como bardo le llevó a difundirlo, a su vez, en otros palacios. La tradición siguió hasta que un tirano de la poderosa Atenas del VII a.C., por aquello de construir un relato épico nacional, decidió que los sucesores de Homero pusieran por escrito la gran epopeya, en la que los siempre enfrentados pueblos de la Hélade habían actuado unidos frente al enemigo troyano.
La fecha de la guerra. Wood se basa, entre otros restos, en la cerámica y las cartas escritas en tablillas por los diplomáticos de la época para aventurar que el asedio y destrucción del asentamiento junto al estrecho de los Dardanelos pudo ocurrir en el siglo XIII a. C. (aproximadamente entre 1275 y 1260). Antes de que fuera una ruina calcinada, Wood, tras recopilar todos los hallazgos y excavaciones, se atreve a dibujar cómo pudo ser aquella "ciudad de ovejas, con fábricas rurales, que criaba caballos" y se defendía de los invasores gracias a sus sólidas murallas.
De la principal puerta de entrada a la histórica población "partía una calle adoquinada" que subía hasta el palacio del rey. Bajo este había una veintena de casas en las que vivían los familiares y también los sirvientes del monarca. A la izquierda de la puerta, una enorme torre cuadrada de bloques de piedra caliza que albergaba un altar. A la derecha, una casa alargada para realizar sacrificios de fuego. Finalmente, Wood conjetura que de las casas conservadas se desprende que Troya podía tener en aquella época unos 1.000 habitantes en el interior de las murallas y una extensión de 183 por 137 metros. A estos troyanos se sumarían unos 5.000 en la ciudad inferior y en la llanura.
La guerra se libró en un periodo en el que eran habituales las incursiones de los griegos en Asia Menor para derrocar reyes. Entre estos reinos, Troya tenía una posición dominante, era una ciudad con riquezas, fruto de la navegación marítima y de los derechos aduaneros, y cuya rapiña convertiría además a sus habitantes en esclavos. Wood supone que algún conflicto diplomático provocó que aquel apetecible cruce de caminos se convirtiera en objetivo de los griegos. Y no hay que olvidar que en la era homérica, ser "saqueador de ciudades" era un gran halago para un rey.
Manfred Korfmann. Después de Schliemann, los otros protagonistas de las excavaciones de "la ruina de una ruina" son el también alemán Wilhelm Dörpfeld (1853-1940) y el estadounidense Carl Blegen (1887-1971), que cerró las trincheras en Troya en 1938. Hubo que esperar medio siglo para nuevos descubrimientos, los de Manfred Korfmann (1942-2005), arqueólogo alemán, que pasó sus últimos 17 años revitalizando las excavaciones. Korfmann, el otro nombre germano vinculado a Troya para siempre, acabó de forma muy distinta a Schliemann. Mientras que este no pudo volver a Hisarlik porque los turcos le acusaban de sacar piezas del país sin su permiso y fue un "maltratador de las ruinas", Korfmann logró que la zona fuera declarada parque nacional por el Gobierno de Ankara para una mayor protección y su labor le permitió obtener la nacionalidad turca.
El País
En busca de la guerra de Troya es más un libro de preguntas que de respuestas, no es una novela histórica pero tampoco un texto de lectura fácil y amena para aficionados. Estos son algunos de los nombres y cuestiones estudiadas por Wood:
Heinrich Schliemann. El millonario alemán (1822-1890) dedicó los últimos veinte años de su vida "a su obsesión, a su sueño infantil", como dice Wood: hallar las ruinas de Troya y demostrar la verdad del relato de Homero. La historia de este personaje está teñida de aventuras, ambición, entusiasmo e imprudencia. De sí mismo dijo: "Mi peor defecto, ser un fanfarrón y un farolero... pero me proporcionó innumerables ventajas". De Schliemann, que bebió del primer gran explorador de Troya, el inglés Frank Calvert, se conservan 175 volúmenes de cuadernos de excavaciones, 20.000 artículos y 60.000 cartas. Wood lo retrata como un aficionado que paradójicamente podría "ser considerado el padre de la arqueología y, a la vez, un narrador de cuentos chinos". Llegó a ser acusado de amañar las pruebas de sus descubrimientos; fue lo contrario al ejemplo de investigador escrupuloso y metódico. Con su ejército de obreros excavó grandes trincheras, extrajo toneladas de tierra y se llevó por delante parte de las murallas que buscaba. Sin embargo, fijó la clave del yacimiento: Hisarlik era una sucesión de estratos -el más antiguo, del 3.000 a.C.-, fruto de una costumbre de la zona, la constante reedificación, y de sus siguientes colonizadores. Uno de esos estratos fue el escenario de lo que se convirtió en el célebre relato.La Ilíada' y Homero. Wood recoge "la opinión general" de que esta obra fue compuesta por un poeta que recopiló antiguos relatos orales. El autor señala que Homero ("si es que este existió") vivió "quizá" en el siglo VIII a.C., cuando el relato de Troya ya se contaba en las cortes egeas. Su calidad como bardo le llevó a difundirlo, a su vez, en otros palacios. La tradición siguió hasta que un tirano de la poderosa Atenas del VII a.C., por aquello de construir un relato épico nacional, decidió que los sucesores de Homero pusieran por escrito la gran epopeya, en la que los siempre enfrentados pueblos de la Hélade habían actuado unidos frente al enemigo troyano.
La fecha de la guerra. Wood se basa, entre otros restos, en la cerámica y las cartas escritas en tablillas por los diplomáticos de la época para aventurar que el asedio y destrucción del asentamiento junto al estrecho de los Dardanelos pudo ocurrir en el siglo XIII a. C. (aproximadamente entre 1275 y 1260). Antes de que fuera una ruina calcinada, Wood, tras recopilar todos los hallazgos y excavaciones, se atreve a dibujar cómo pudo ser aquella "ciudad de ovejas, con fábricas rurales, que criaba caballos" y se defendía de los invasores gracias a sus sólidas murallas.
De la principal puerta de entrada a la histórica población "partía una calle adoquinada" que subía hasta el palacio del rey. Bajo este había una veintena de casas en las que vivían los familiares y también los sirvientes del monarca. A la izquierda de la puerta, una enorme torre cuadrada de bloques de piedra caliza que albergaba un altar. A la derecha, una casa alargada para realizar sacrificios de fuego. Finalmente, Wood conjetura que de las casas conservadas se desprende que Troya podía tener en aquella época unos 1.000 habitantes en el interior de las murallas y una extensión de 183 por 137 metros. A estos troyanos se sumarían unos 5.000 en la ciudad inferior y en la llanura.
La guerra se libró en un periodo en el que eran habituales las incursiones de los griegos en Asia Menor para derrocar reyes. Entre estos reinos, Troya tenía una posición dominante, era una ciudad con riquezas, fruto de la navegación marítima y de los derechos aduaneros, y cuya rapiña convertiría además a sus habitantes en esclavos. Wood supone que algún conflicto diplomático provocó que aquel apetecible cruce de caminos se convirtiera en objetivo de los griegos. Y no hay que olvidar que en la era homérica, ser "saqueador de ciudades" era un gran halago para un rey.Manfred Korfmann. Después de Schliemann, los otros protagonistas de las excavaciones de "la ruina de una ruina" son el también alemán Wilhelm Dörpfeld (1853-1940) y el estadounidense Carl Blegen (1887-1971), que cerró las trincheras en Troya en 1938. Hubo que esperar medio siglo para nuevos descubrimientos, los de Manfred Korfmann (1942-2005), arqueólogo alemán, que pasó sus últimos 17 años revitalizando las excavaciones. Korfmann, el otro nombre germano vinculado a Troya para siempre, acabó de forma muy distinta a Schliemann. Mientras que este no pudo volver a Hisarlik porque los turcos le acusaban de sacar piezas del país sin su permiso y fue un "maltratador de las ruinas", Korfmann logró que la zona fuera declarada parque nacional por el Gobierno de Ankara para una mayor protección y su labor le permitió obtener la nacionalidad turca.
El País
| [+/-] | LA VERDAD SOBRE LA GUERRA DE TROYA (La aventura de la Historia) |
Preparan una nueva campaña de excavación en la ciudad que inmortalizó Homero y de la que sólo se conoce una quinta parte. Repasamos su descubrimiento y las teorías encontradas sobre la realidad o ficción de la batalla en la que lucharon Aquiles y Héctor.
Pero Troya existió, tal y como se empeñó en demostrar el pionero arqueólogo Heinrich Schliemmann, que entre 1871 y 1874 encontró sus ruinas en Hissarlik, Turquía, guíandose por la lógica del relato, ya que a diferencia de la mayoritaria corriente de su momento, sí creyó que el texto de Homero arrojaría luz sobre el emplazamiento de sus muros, como finalmente ocurrió. Ahora, una nueva expedición tiene como objetivo volver al estrecho de Dardanelos, Turquía, a hurgar en las entrañas de la ciudad homérica, de la que tan sólo se conoce una quinta parte.
El nuevo estudio, que llevará a cabo William Aylward de la Universidad de Wisconsin-Madison, podría ampliar los conocimientos sobre el yacimiento y alimentar la agriapolémica entre historiadores y arqueológos que se abrió en el mismo momento en el que Schliemman encontró la supuesta primera piedra de la ciudad, debajo de siete estratos que formaron nuevas urbes superpuestas a lo largo de los siglos: ¿Existió la Guerra de Troya?
William Aylward está convencido que las nuevas técnicas arqueólogicas y de estudio químico y biológico servirán para obtener una información mucho más precisa de unas ruinas que siempre han levantado diferencias en la comunidad científica. No en vano, laexpedición en las llanuras turcas dirigida por Manfred Korfmann entre 1988 y 1995 arrojó unos resutaldos tan espectaculares como sospechosos para sus detractores. Según sus conclusiones un gran asedio tuvo lugar en torno al 1.200 a. C. que destruyó la ciudad que se identifica como Troya y no descartaba el hecho de que Homero se basase en un acontecimiento histórico.
Baste decir que en un simposio sobre los hallazgos organizado en la Universidad de Tubinga en 2001, -centro que ha liderado las excavaciones desde 1988- , Korfmann llegó a las manos con sus colegas Frank Kolb y Dieter Harbel, que no sólo negaban la mayor de sus resultados, sino que directamente le acusaban de habérselos inventado. Korfmann murió en 2005 y su legado lo continuó Ernst Pernicka, que dirige ahora el Proyecto Troya de la universidad de la ciudad alemana.
Pero las sospechas no sólo alcanzan a las excavaciones más actuales, el propio Schliemann, héroe por antonomasia de la entonces joven ciencia arqueológica no ha escapado de las dudas sobre sus investigaciones ya que el entusiasta excavador tendía a magnificar sus descubrimientos, manipulando su significado, como en el caso de la Máscara de Agamenón o el Tesoro de Príamo, rey de la ciudad de Troya.
En el primer caso, aunque la pieza es incuestionable que perteneció a un jefe guerrero noble no hay constancia de que haya pruebas evidentes que permitan afirmar que el objeto perteneció a Agamenón, el rey griego que asedió la ciudad de Troya en La Íliada. Simplemete, Schliemman perseguía con tanto ahínco la leyenda de sus amados versos -que conocía de memoria- que estaba a dispuesto a darle el empujón que necesitaban.
El caso del Tesoro de Príamo es aún más controvertido. Según el relato que ha pervivido, Schliemman lo encontró junto a su mujer Sofía, después de haber dado un día libre a sus ayudantes y subordinados intuyendo el formidable descubrimiento que estaba a punto de hacer. Cuando encontró los cerca de 8.000 objetos entre diademas de oro, pendientes, colgantes, pulseras y un sinfín de piezas, los atribuyó directamenre a Príamo, como en el caso de Agamenón. Hay fundadas sospechas, no obstante, de que Schliemann juntó poco a poco esas piezas y las presentó posteriormente como un hallazgo único, para darle más relieve.
Respecto a la historicidad de los versos de Homero, dejando aparte la evidente invención en todo lo relativo a la intervención de los dioses, parece probable que en la ciudad que conocemos como Troya se libró una guerra frente a las murallas, destruida poco antes del 1.200 a. C. Sin embargo, el anális de los datos que contienen los pasajes de La Iliada respecto a técnicas militares, armas, utensilios etc, arrojan numerosas incongruencias, como para pretender que las luchas de Troya pertenezcan a un periodo único y a una única batalla, ya que se describen armaduras, espadas y lanzas, por poner un ejemplo, que difieren entre sí hasta cinco siglos.
Mientras hay autores como Dorpfeld y Sperrling que defienden que la Troya del VII nivel fue atacada por elementos micénicos, lo que darían el sustrato a una histórica guerra entre micenos y troyanos, que Homero habría utilizado como base para su Íliada, otros comoFrank Kolb o Dieter Harbel niegan cualquier viso de historicidad y cualquier relación entre los avatares acaecidos en la histórica Troya, con las luchas descritas por Homero.
Realidad, ficción o una mezcla de ambas, sigue alimentando el debate de uno de los más jugosos yacimientos del planeta, y al que la nueva expedición de William Aylward añadirá nuevos elementos a partir del próximo verano.
| [+/-] | DOCUMENTALES SOBRE TROYA |
La ciudad de Troya fue considerado una ficción hasta que Heinrich Schliemann encontró un posible lugar en 1873. Helena, Aquiles, Héctor, Agamenón, Odiseo, el caballo: tal vez el más conocido elenco de personajes de cualquier evento en la historia del mundo. Desde "el rostro que lanzó mil naves" a la estratagema militar más famoso de la historia, el enfrentamiento épico entre los griegos y los troyanos sirve como uno de los relatos fundamentales de la cultura occidental. Sin embargo, casi todo lo que sabemos de ella proviene de una tradición oral grabadas cientos de años después del hecho. ¿Cuánto sabemos realmente acerca de la guerra? ¿Cuánto de nuestro conocimiento recibido se basa en la ficción? ¿Hay alguna manera de saberlo con certeza? ¿Cuál es la verdadera historia de Troya?. Estos documentales de distintos canales de televisión aportan algunas posibles respuestas
Programa de The History Channel que presenta su propio relato definitivo de los acontecimientos sin tiempo de Troya. |
Este documental de National Geographic dedicado en gran parte a la figura de Heinrich Schliemann analiza, a la luz de los relatos homéricos, lo que puede haber de cierto en sus descubrimientos e hipótesis. |
Otro documental, en este caso español (Programa de TV "Año Cero"), acerca de la verdad que se esconde detrás de esta leyenda. |
Documental de Eagle Media Productions que indaga en el tema y aporta, como los anteriores, su propio enfoque sobre el tema y sus conclusiones. |
| [+/-] | TROYA, LA CAÍDA DE UNA CIUDAD LEGENDARIA |
Durante diez años, los griegos sitiaron en vano la poderosa Troya, hasta que la ciudad fue tomada y destruida gracias a un enorme caballo de madera repleto de guerreros, ingeniado por Odiseo.
Tras diez años de sangriento conflicto, la ciudad de Troya cayó en manos de sus sitiadores griegos, los aqueos, merced a la estratagema de Odiseo: un gigantesco caballo de madera repleto de guerreros.
A finales del siglo XIX, el alemán Heinrich Scliemann desenterró en la colina de Hissarlik, en la costa noroccidental de Anatolia, los vestigios de una antigua ciudad que rápidamente identificó con Troya o Ilión, el escenario de la guerra que relató Homero en su Ilíada.
Como luego certificarían sus sucesores sobre el terreno, lo que en realidad escondía Hissarlik no era una, sino hasta nueve Troyas, una sobre otra. Los arqueólogos encontraron en Troya VI (1700-1250 a.C.) la más firme candidata a ser la ciudad homérica.
Su estratégica posición a la entrada del Bósforo, en la órbita del Imperio hitita, le procuraba un control total sobre el tráfico marítimo, lo que a ojos de los griegos micénicos -la potencia rival y vecina- era tan buen motivo para ir a la guerra como la belleza de Helena, esposa del rey espartano Menelao, cuyo rapto por el troyano Paris fue, según el mito, la causa de la contienda.
Que los habitantes de Troya eran conscientes de una amenaza lo demuestra el hecho de que la ciudad estuviese protegida por una poderosa muralla y unos fosos especialmente diseñados para frenar los ataques de los carros de guerra, el arma de destrucción más característica de la época.
Esta amenaza debió de concretarse hacia 1250 a.C., ya que los estratos arqueológicos que se corresponden con esta fecha ofrecen signos evidentes de una ciudad en estado de emergencia, de un asalto armado y de destrucción por el fuego. Pero lo que no ha determinado la arqueología es la identidad de sus asaltantes ni si la destrucción de Troya se debió a un conflicto a la altura de su leyenda o a una sucesión de esporádicos asaltos.
En este punto, en que la arqueología calla, es donde volvemos la vista a los antiguos poemas que nos hablan de la estratagema genial de un caballo de madera y de la noche funesta en que la inexpugnable ciudad de Troya cayó, envuelta en llamas.
Paradójicamente, aunque el sombrío presagio de su final recorre todo el poema, la Ilíada no narra la destrucción de Troya, y, por su parte, la Odisea tan sólo nos cuenta el final de la guerra como una acción del pasado.
El hecho es que los dos poemas de Homero se limitaban a contar dos episodios del ciclo mítico de Troya -el de la cólera de Aquiles y el del azaroso regreso de Odiseo (o Ulises) a Ítaca-, mientras que el resto de episodios que completaban la leyenda circuló en composiciones que sólo se han conservado de forma fragmentaria, como la Iliupersis o Caída de Ilión, que narraba con detalle los últimos momentos de la ciudadela.
Por ello, los episodios clave de los últimos días de Troya nos han llegado a través de poemas compuestos siglos más tarde, como la Eneida de Virgilio o las Posthoméricas de Quinto de Esmirna, que daba comienzo justo en el punto en que Homero ponía fin a la Ilíada: los funerales de Héctor, hijo de Príamo y heredero del trono de Ilión.
Tras la muerte de Héctor, la ciudad quedaba abocada a la ruina. Pero los troyanos aún recibieron refuerzos, como las amazonas de la reina Pentesilea, quienes nada pudieron hacer ante el empuje de Aquiles, rey de los mirmidones.
Con todo, la tradición nos ha hecho llegar un famoso episodio derivado de este encuentro: cuando Aquiles y la reina quedaron frente a frente, comenzó un duelo entre los dos que se saldó con la muerte de Pentesilea a manos del héroe griego, quien se enamoró de ella en el mismo instante en que la atravesaba con su lanza. Pero a los troyanos todavía les quedaba el auxilio de las tropas etíopes.
Bajo el mando de Memnón, los etíopes constituían el último obstáculo que se interponía entre Aquiles y las puertas de Ilión. Tras esquivar mutuamente sus lanzas, se atacaron con sus espadas hasta que Aquiles encontró una abertura entre las láminas metálicas de su rival y logró arrancarle la vida. Parecía que la victoria estaba de parte de Aquiles, pero mientras éste combatía, el príncipe troyano Paris, raptor de Helena y causante de la guerra, disparó una flecha que, guiada por el dios Apolo, fue a impactar en el talón del señor de los mirmidones.
Tras diez años de duro combate, había caído el mejor de los aqueos y las murallas de Troya aún coronaban intactas el paso de los Dardanelos.
Fue el astuto Odiseo quien dio un vuelco a los acontecimientos, al urdir la estratagema militar más célebre de la historia: los griegos construirían un gran caballo de madera en cuyo interior se escondería un puñado de guerreros; una vez dentro de las murallas abrirían las puertas de Troya al resto del ejército, que se mantendría oculto en la vecina isla de Ténedos.
Esa noche, Ilión fue tomada a sangre y fuego, y los troyanos sufrieron un funesto destino: el viejo rey Príamo vistió su armadura y fue masacrado junto al resto de los defensores.
Tras diez años de sangriento conflicto, la ciudad de Troya cayó en manos de sus sitiadores griegos, los aqueos, merced a la estratagema de Odiseo: un gigantesco caballo de madera repleto de guerreros.
A finales del siglo XIX, el alemán Heinrich Scliemann desenterró en la colina de Hissarlik, en la costa noroccidental de Anatolia, los vestigios de una antigua ciudad que rápidamente identificó con Troya o Ilión, el escenario de la guerra que relató Homero en su Ilíada.
Como luego certificarían sus sucesores sobre el terreno, lo que en realidad escondía Hissarlik no era una, sino hasta nueve Troyas, una sobre otra. Los arqueólogos encontraron en Troya VI (1700-1250 a.C.) la más firme candidata a ser la ciudad homérica.
Su estratégica posición a la entrada del Bósforo, en la órbita del Imperio hitita, le procuraba un control total sobre el tráfico marítimo, lo que a ojos de los griegos micénicos -la potencia rival y vecina- era tan buen motivo para ir a la guerra como la belleza de Helena, esposa del rey espartano Menelao, cuyo rapto por el troyano Paris fue, según el mito, la causa de la contienda.
Que los habitantes de Troya eran conscientes de una amenaza lo demuestra el hecho de que la ciudad estuviese protegida por una poderosa muralla y unos fosos especialmente diseñados para frenar los ataques de los carros de guerra, el arma de destrucción más característica de la época.
Esta amenaza debió de concretarse hacia 1250 a.C., ya que los estratos arqueológicos que se corresponden con esta fecha ofrecen signos evidentes de una ciudad en estado de emergencia, de un asalto armado y de destrucción por el fuego. Pero lo que no ha determinado la arqueología es la identidad de sus asaltantes ni si la destrucción de Troya se debió a un conflicto a la altura de su leyenda o a una sucesión de esporádicos asaltos.
En este punto, en que la arqueología calla, es donde volvemos la vista a los antiguos poemas que nos hablan de la estratagema genial de un caballo de madera y de la noche funesta en que la inexpugnable ciudad de Troya cayó, envuelta en llamas.
Paradójicamente, aunque el sombrío presagio de su final recorre todo el poema, la Ilíada no narra la destrucción de Troya, y, por su parte, la Odisea tan sólo nos cuenta el final de la guerra como una acción del pasado.
El hecho es que los dos poemas de Homero se limitaban a contar dos episodios del ciclo mítico de Troya -el de la cólera de Aquiles y el del azaroso regreso de Odiseo (o Ulises) a Ítaca-, mientras que el resto de episodios que completaban la leyenda circuló en composiciones que sólo se han conservado de forma fragmentaria, como la Iliupersis o Caída de Ilión, que narraba con detalle los últimos momentos de la ciudadela.
Por ello, los episodios clave de los últimos días de Troya nos han llegado a través de poemas compuestos siglos más tarde, como la Eneida de Virgilio o las Posthoméricas de Quinto de Esmirna, que daba comienzo justo en el punto en que Homero ponía fin a la Ilíada: los funerales de Héctor, hijo de Príamo y heredero del trono de Ilión.
Tras la muerte de Héctor, la ciudad quedaba abocada a la ruina. Pero los troyanos aún recibieron refuerzos, como las amazonas de la reina Pentesilea, quienes nada pudieron hacer ante el empuje de Aquiles, rey de los mirmidones.
Con todo, la tradición nos ha hecho llegar un famoso episodio derivado de este encuentro: cuando Aquiles y la reina quedaron frente a frente, comenzó un duelo entre los dos que se saldó con la muerte de Pentesilea a manos del héroe griego, quien se enamoró de ella en el mismo instante en que la atravesaba con su lanza. Pero a los troyanos todavía les quedaba el auxilio de las tropas etíopes.
Bajo el mando de Memnón, los etíopes constituían el último obstáculo que se interponía entre Aquiles y las puertas de Ilión. Tras esquivar mutuamente sus lanzas, se atacaron con sus espadas hasta que Aquiles encontró una abertura entre las láminas metálicas de su rival y logró arrancarle la vida. Parecía que la victoria estaba de parte de Aquiles, pero mientras éste combatía, el príncipe troyano Paris, raptor de Helena y causante de la guerra, disparó una flecha que, guiada por el dios Apolo, fue a impactar en el talón del señor de los mirmidones.
Tras diez años de duro combate, había caído el mejor de los aqueos y las murallas de Troya aún coronaban intactas el paso de los Dardanelos.
Fue el astuto Odiseo quien dio un vuelco a los acontecimientos, al urdir la estratagema militar más célebre de la historia: los griegos construirían un gran caballo de madera en cuyo interior se escondería un puñado de guerreros; una vez dentro de las murallas abrirían las puertas de Troya al resto del ejército, que se mantendría oculto en la vecina isla de Ténedos.
Esa noche, Ilión fue tomada a sangre y fuego, y los troyanos sufrieron un funesto destino: el viejo rey Príamo vistió su armadura y fue masacrado junto al resto de los defensores.
Tomado de:Historia National Geographic
| [+/-] | AGAMENÓN, CONQUISTADOR DE TROYA |
Poderoso rey de Micenas, Agamenón lideró a los griegos en la mítica guerra de Troya, hasta la toma de la ciudad. Pero a su regreso murió de forma trágica, a manos de su esposa y del amante de ésta.
Rey de reyes de la Grecia de la Edad del Bronce, Agamenón dirigió la inmensa flota que se lanzó a la conquista de la rica Troya, pero no pudo escapar a la maldición que pesaba sobre su linaje.
Agamenón, el todopoderoso rey de Micenas, yace desnudo sobre un charco de sangre. Clitmenestra, su esposa, y Egisto, el amante de ésta, acaban de asesinarlo.
Se ha cumplido la maldición que pesaba sobre la familia del rey desde que Atreo, padre de Agamenón, había matado a tres hijos de su hermano Tiestes, con quien se disputaba el trono de Micenas, para luego servírselos como manjar en un festín.
Como narra Esquilo en su obra "Agamenón", cuando Tiestes «descubrió que su acción era sacrílega, rompió a llorar y, vomitando la comida, invocó para la estirpe de Atreo esta maldición, al tiempo que pisoteaba el banquete: "¡Que perezca así toda su descendencia!”».
Fue Egisto, otro hijo de Tiestes, quien consumó la sentencia que pesaba sobre los Atridas, la familia de Atreo. Así concluía la historia de quien fue uno de los principales protagonistas de la guerra de Troya, el episodio que inspiró la Ilíada de Homero.
No sabemos si Agamenón realmente existió, como tampoco sabemos si la expedición de los griegos a Asia tuvo lugar, al menos en la forma en que la contó Homero. Pero el fascinante relato de la Ilíada permite ver en el rey un ejemplo de lo que era un monarca en la Grecia de la Edad del Bronce.
Situado al noreste del Peloponeso, el reino de Micenas ocupaba, en el siglo XIII a.C., una posición estratégica y ejercía una clara preeminencia sobre las fortificaciones rivales de la zona, particularmente Argos, Pilos o el enclave fuertemente amurallado de Tirinto. De ahí que, a pesar de que cada una de estas ciudades fuera independiente, el rey de Micenas fuera considerado el soberano supremo de todos los demás reinos. Ése es el motivo de que en los poemas homéricos Agamenón aparezca como el líder de una poderosa confederación de reinos griegos que lanzó contra aquella ciudad más de mil naves de guerra.
Según Homero, el pretexto de la guerra lo había dado el hermano de Agamenón, Menelao, rey de Esparta, que exigía a los troyanos que la devolviesen a su esposa, la bella Helena, que se había dejado raptar por el joven Paris.
La razón última de la guerra, sin embargo, debió de ser el dominio las rutas de acceso a los preciados metales del mar Negro y el botín que ofrecía Troya. En todo caso, si había alguien capaz de promover y ejecutar una empresa tan temeraria, ése solo podía ser el rey de Micenas.
Homero, en la Ilíada, lo refleja al especificar que Agamenón contribuyó a la armada griega con cien navíos, además de ceder otros tantos a sus aliados del interior, mientras otros reyes como Néstor de Pilos o Diomedes de Argos aportaban noventa y ocho cada uno, y Aquiles, rey de los mirmidones, tan sólo cincuenta. Homero consagró un canto entero a las hazañas de Agamenón: desplegando su orgullo y prestigio sobre su carro, el rey de Micenas despedazaba las falanges de sus adversarios conforme de los encontraba a su paso.
Tan grande fue la masacre que el soberano causó en las filas del enemigo, que los dioses comenzaron a temer por la vida del príncipe troyano Héctor, que avanzaba a su encuentro. El mismo Zeus prohibió a éste que retara a Agamenón a un combate singular, y le ordenó que se mantuviese al margen de la batalla hasta que el rey de Micenas fuera herido.
Cuando en efecto, cayó malherido, el ejército griego, sin Aquiles y con el resto de héroes en retirada, se convirtió en un juguete en manos de Héctor. Pero Héctor puso fin a la vida de Patroclo, el protegido de Aquiles, quien volvió al combate y dio muerte al príncipe de los troyanos. Es en este punto donde Homero pone fin a su Ilíada, con Troya aparentemente condenada.
Sin embargo, las puertas de Ilión seguían cerradas para el enemigo, pues Aquiles cayó en manos de Paris, el raptor de Helena, cuando el dios Apolo guió su flecha hasta el talón del héroe griego, su único punto vulnerable.
La muerte de Aquiles volvió a dejar la escena como al principio: un ejército extenuado y unas murallas que aún resistían. Agamenón parecía resuelto a aceptar la derrota y ordenó preparar las naves para volver a Grecia, pero apareció entonces Ulises, el artífice de la inmortal estratagema del caballo de madera. Troya fue tomada por las tropas griegas, que sembraron la muerte y saquearon implacablemente toda la ciudad.
Agamenón regresó triunfalmente a Micenas en compañía de su esclava Casandra…
Rey de reyes de la Grecia de la Edad del Bronce, Agamenón dirigió la inmensa flota que se lanzó a la conquista de la rica Troya, pero no pudo escapar a la maldición que pesaba sobre su linaje.
Agamenón, el todopoderoso rey de Micenas, yace desnudo sobre un charco de sangre. Clitmenestra, su esposa, y Egisto, el amante de ésta, acaban de asesinarlo.
Se ha cumplido la maldición que pesaba sobre la familia del rey desde que Atreo, padre de Agamenón, había matado a tres hijos de su hermano Tiestes, con quien se disputaba el trono de Micenas, para luego servírselos como manjar en un festín.
Como narra Esquilo en su obra "Agamenón", cuando Tiestes «descubrió que su acción era sacrílega, rompió a llorar y, vomitando la comida, invocó para la estirpe de Atreo esta maldición, al tiempo que pisoteaba el banquete: "¡Que perezca así toda su descendencia!”».
Fue Egisto, otro hijo de Tiestes, quien consumó la sentencia que pesaba sobre los Atridas, la familia de Atreo. Así concluía la historia de quien fue uno de los principales protagonistas de la guerra de Troya, el episodio que inspiró la Ilíada de Homero.
No sabemos si Agamenón realmente existió, como tampoco sabemos si la expedición de los griegos a Asia tuvo lugar, al menos en la forma en que la contó Homero. Pero el fascinante relato de la Ilíada permite ver en el rey un ejemplo de lo que era un monarca en la Grecia de la Edad del Bronce.
Situado al noreste del Peloponeso, el reino de Micenas ocupaba, en el siglo XIII a.C., una posición estratégica y ejercía una clara preeminencia sobre las fortificaciones rivales de la zona, particularmente Argos, Pilos o el enclave fuertemente amurallado de Tirinto. De ahí que, a pesar de que cada una de estas ciudades fuera independiente, el rey de Micenas fuera considerado el soberano supremo de todos los demás reinos. Ése es el motivo de que en los poemas homéricos Agamenón aparezca como el líder de una poderosa confederación de reinos griegos que lanzó contra aquella ciudad más de mil naves de guerra.
Según Homero, el pretexto de la guerra lo había dado el hermano de Agamenón, Menelao, rey de Esparta, que exigía a los troyanos que la devolviesen a su esposa, la bella Helena, que se había dejado raptar por el joven Paris.
La razón última de la guerra, sin embargo, debió de ser el dominio las rutas de acceso a los preciados metales del mar Negro y el botín que ofrecía Troya. En todo caso, si había alguien capaz de promover y ejecutar una empresa tan temeraria, ése solo podía ser el rey de Micenas.
Homero, en la Ilíada, lo refleja al especificar que Agamenón contribuyó a la armada griega con cien navíos, además de ceder otros tantos a sus aliados del interior, mientras otros reyes como Néstor de Pilos o Diomedes de Argos aportaban noventa y ocho cada uno, y Aquiles, rey de los mirmidones, tan sólo cincuenta. Homero consagró un canto entero a las hazañas de Agamenón: desplegando su orgullo y prestigio sobre su carro, el rey de Micenas despedazaba las falanges de sus adversarios conforme de los encontraba a su paso.
Tan grande fue la masacre que el soberano causó en las filas del enemigo, que los dioses comenzaron a temer por la vida del príncipe troyano Héctor, que avanzaba a su encuentro. El mismo Zeus prohibió a éste que retara a Agamenón a un combate singular, y le ordenó que se mantuviese al margen de la batalla hasta que el rey de Micenas fuera herido.
Cuando en efecto, cayó malherido, el ejército griego, sin Aquiles y con el resto de héroes en retirada, se convirtió en un juguete en manos de Héctor. Pero Héctor puso fin a la vida de Patroclo, el protegido de Aquiles, quien volvió al combate y dio muerte al príncipe de los troyanos. Es en este punto donde Homero pone fin a su Ilíada, con Troya aparentemente condenada.
Sin embargo, las puertas de Ilión seguían cerradas para el enemigo, pues Aquiles cayó en manos de Paris, el raptor de Helena, cuando el dios Apolo guió su flecha hasta el talón del héroe griego, su único punto vulnerable.
La muerte de Aquiles volvió a dejar la escena como al principio: un ejército extenuado y unas murallas que aún resistían. Agamenón parecía resuelto a aceptar la derrota y ordenó preparar las naves para volver a Grecia, pero apareció entonces Ulises, el artífice de la inmortal estratagema del caballo de madera. Troya fue tomada por las tropas griegas, que sembraron la muerte y saquearon implacablemente toda la ciudad.
Agamenón regresó triunfalmente a Micenas en compañía de su esclava Casandra…
Tomado de:Historia National Geographic
| [+/-] | HELENA DE TROYA (2003) |
| [+/-] | JEROGLÍFICO MITOLÓGICO IX: LA GUERRA DE TROYA |
| Actor Insp..... Constrictor Doctor Destructor |
Solución ▼
Sólamente falta Héctor
Todas las palabras contienen la secuencia -actor/.../ictor-octor-uctor. Solo falta "-ector" (inspector).
| [+/-] | BODAS DE TETIS Y PELEO |
El joven Peleo era un aventajado discípulo del centauro Quirón a quien éste tenía en gran estima. Fue él el elegido como esposo de la diosa. Al principio intento conquistarla, pero ella, que se sentía humillada por verse obligada a ser la esposa de un mortal, lo rechazó; pero Peleo finalmente consiguió que ella le aceptara como esposo, después de retenerla atrapada entre sus brazos, a pesar de sus sucesivas metamorfosis en llama, en león, en tigre y en serpiente.
La boda de Tetis y Peleo se celebro en el monte Pelión y a ella acudieron invitadas todas las divinidades para festejar el matrimonio con un banquete. Apolo tocó la lira y las Musas cantaron. Quirón le regaló a Peleo una lanza de madera de fresno y Poseidón los caballos inmortales.
La diosa Eris, la discordia, fue la única que no había sido invitada y, en venganza, hizo su aparición durante el banquete, y arrojó sobre la mesa una manzana dorada en la que decía «para la más hermosa».
Algunas fuentes literarias
"(Peleo) se casó con Tetis, hija de Nereo. Poseidón y Zeus habían rivalizado por ella, pero desistieron cuando Temis vaticinó que el hijo de Tetis sería más fuerte que su padre,. Algunos afirman que cuando Zeus iba a unirse a ella, Prometeo había declarado que el hijo que naciera reinaría en el cielo; otros, en cambio, aseguran que no quiso tener relaciones con Zeus, pues había sido criada por Hera, su esposa, y que, éste, indignado, la obligó a casarse con un mortal . Por consejo de Quirón, Peleo la mantuvo agarrada mientras Tetis se metamorfoseaba, y aunque unas veces era de fuego, otras agua, otras un animal, no la soltó hasta verla recuperar su forma primitiva. Peleo se casó con ella en el Pelion, y allí los dioses celebraron la boda con cantos y banquetes. Quirón regaló a Peleo una lanza de fresno, y Posidon los caballos Balio y Janto, que eran inmortales. " (Apolodoro, Biblioteca III, 13, 5, trad. M. Rodríguez de Sepúlveda , Madrid, Gredos, 1985).
"En la boda de Tetis y Peleo, invitaron a todos los dioses excepto a Eris, esto es, la Discordia, quien mas tarde, al presentarse inesperadamente y no ser admitida al banquete, lanzó desde la puerta a los asistentes dijo una manzana y que se la llevara la más hermosa ". (Higino, Fábulas, 92)

























































