EL MUNDO MICÉNICO

La caída de los palacios y el declive de la talasocracia cretense coinciden con un cambio en el contexto histórico del Mediterráneo oriental.

En la Grecia continental se habían producido lentos y progresivos procesos migratorios indoeuropeos (aqueos) a lo largo de la primera mitad del II milenio a.C. que no alteraron las estructuras sociales existentes. Pero entre 1700 y 1500 a.C. se detectan cambios que se relacionan con la llegada de nuevos pueblos: cambian las sepulturas, se desarrollan armas de bronce, aparecen carros de guerra, aparecen los reinos, se fortifican los núcleos protourbanos transformándose en palacios-fortalezas, y se establecen fronteras estables, fruto de la creación de las primeras estructuras estatales.

Los palacios de las ciudades de Micenas, Pilos y Tirinto se sitúan en colinas cercanas a la costa, o lugares destacados, que permitían una defensa fácil y un control del territorio. Apenas hay en ellos desarrollo urbano, casi todo el recinto lo ocupan el palacio y los almacenes, pues la mayor parte del pueblo se asienta en poblados formados en las cercanías de las fortalezas.

Es evidente su carácter defensivo, al estar además rodeados de murallas ciclópeas. A las defensas naturales hay que sumar la construcción de potentes murallas (bloques de piedra enormes sin tallar colocados unos sobre otros en seco) que llegan a alcanzar en algunos tramos los15 m de altura y los 6 metros de grosor.

Tras ascender unas empinadas rampas se llegaba a los diferentes accesos. Se trataba de entradas monumentales construidas en bloques más o menos trabajados y ajustados entre sí. Sobre el dintel y realizado mediante aproximación de hiladas se encontraba el triángulo de descarga.
En Micenas se han encontrado nueve tumbas en forma de tholos que se han dividido en tres grupos en función de su cronología.

El primer grupo lo forman cuatro tumbas construidas con cascajo y con dromos (pasillo de acceso) no revestido, cuya entrada esta situada al mismo nivel que la parte superior del suelo con el fin de evitar dificultades cuando se colocaran los dinteles de las puertas.

El segundo grupo lo constituyen tres tumbas con bóvedas y pasillo de sillería; finalmente el tercer grupo es el formado por las consideradas tumbas de Agamenón y de su esposa Clitemestra, de las que la primera representa la culminación de las denominadas tumbas de tholos, con un dromos muy largo, de unos treinta y cinco metros, cuyas paredes están revestidos de bloques de sillería.

La cámara, compuesta de treinta y seis hiladas formadas con bloques de sillería labrados que crean una bóveda voladiza, es el verdadero recinto funerario en el que se depositaban valiosos ajuares, como una muestra de su carácter aristocrático o real. Todo esto estaba tapado por un verdadero montículo artificial formado por piedra y tierra. Algunas contaban con cámaras laterales para usos rituales o funerarios.

Dentro de la aldea y ocupando la parte más alta de la colina estaba el palacio real cuyo centro era el Mégaron. Las características del megaron resumen, en buena medida, la personalidad de la arquitectura micénica. Se trata de una estancia cerrada, de planta rectangular, precedida de doble pórtico, el exterior abierto a un patio que subraya su monumentalidad y enfatiza la fachada; la estancia principal del megaron, que puede disponer de dos pisos, tiene un hogar en el centro, rodeado de cuatro columnas que soportan el techo, en el que debía abrirse un lucernario cubierto para la iluminación del interior y la salida de humos. El trono se adosaba en la pared de la derecha del que entraba, frente al hogar.

Las columnas , tomadas del modelo minoico, tienen un grosor que desciende desde la parte superior a la inferior, posiblemente acanalado. Las paredes, por su parte, estaban construidas en mampostería con paramentos en las esquinas. Estaban también recubiertas con estucos decorados con pinturas al fresco. Los temas son muy variados: escenas de caza y combate, tauromaquias, procesiones de mujeres... estas representaciones figuradas aparecen como verdaderos cuadros enmarcados por motivos geométricos varios.

Destaca entre sus características la de formarse según una planta de proporciones normalizadas; varían los tamaños, pero la longitud y la anchura guardan una relación prácticamente constante, de forma que no puede ser ni muy ancho ni alargado y estrecho. Quizá sea fruto de la propensión griega a someter a norma, a canonizar, sus creaciones artísticas. Por otra parte, las proporciones del megaron se vierten en muchos otros elementos que componen el conjunto de los palacios micénicos, verdaderos ejemplos de arquitectura modular. Alrededor y con un claro sentido urbanístico (que contrasta con el “desorden” reinante en los palacios minoicos) se disponían una serie de habitaciones.

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