PINTURA DE TEMA MITOLÓGICO: FICHA DE LA ALEGORÍA DE LA PRIMAVERA de BOTTICELLI

Botticelli, Alegoría de la primavera o La primavera 
La Primavera, Alegoría de la primavera
Sandro Botticelli 1477-1482
Renacimiento
Galería de los Uffizi, Florencia, Italia

El cuadro no representa una escena concreta de la mitología o de la literatura; es más más bien un conjunto de escenas que giran en torno al tema que da título al cuadro: la llegada de la diosa Flora anunciando la primavera.

En primer lugar, de derecha a izquierda, vemos una joven, de cuya boca brotanBotticelli, Alegoría de la primavera -0 flores,  que gira la cabeza cuando está a punto de ser tomada por sorpresa; el gesto de los labios y mofletes del asaltante, además del movimiento de los cabellos y las ropas de ambos, que parecen agitados por el aire, nos indican que se trata del dios del viento, Céfiro, en el momento de asaltar a  la ninfa Cloris.

Este mito es narrado por Ovidio en Los Fastos (una especie de calendario poético en el que detalla  las festividades romanas y los sucesos que dieron lugar a su creación); al explicar el origen de las Floralia, fiestas que tienen lugar en el mes de mayo, nos informa que en ellas se conmemora la suerte de esta ninfa, de cuya boca salían flores cuando respiraba; el dios de los vientos, Céfiro se enamoró apasionadamente de ella y por la fuerza la convirtió en su esposa. Déspues, arrepintiéndose de su violencia, el dios la transformó en la diosa Flora, y como regalo le otorgó un hermoso jardín en el cual reinaba eternamente la Primavera. 

Botticelli, Alegoría de la primavera -1
A la izquierda de ambos, un poco adelantada, camina la diosa Flora. Su figura estilizada, el aspecto ausente y nostálgico y la mirada perdida  le proporcionan sensación de irrealidad. Avanza mientras esparce las  flores que arroja Cloris por su boca y que  ella recoge en su falda, ajena a la escena que tiene lugar a su derecha, como si la hubiera ya borrado de su pasado. Su apariencia contrasta con la desnudez y las túnicas casi transparentes de sus compañeras, pero también con la vestimenta de Venus, a su izquierda con un vestido algo más recatado. Toda ella  aparece cubierta de flores: una corona de violetas y una ramita de fresas silvestres en la cabeza y otra de mirto en torno a su cuello; en el vestido rosas y en sus manos una mezcla de flores primaverales.

En el centro de la imagen, sirviendo de eje a la composición, con el cuerpo en dirección a la izquierda pero la cabeza ligeramente vuelta  a la derecha y un poco más atrasada que las demás figuras, se encuentra Venus, identificada por el manto rojo, el mirto que crece a su espalda y Cupido sobre su cabeza. Está situada delante de un claro del bosque de arboles en el que la planta  sagrada para la diosaBotticelli, Alegoría de la primavera -4 forma en torno a su silueta una especie de aureola que parece coronarla. Aparece representada  como una Madona del Renacimiento, con el cabello cubierto por una cofia y un fino velo transparente, como las mujeres casadas. Viste una tunica larga y un manto rojo, que cae de forma asimétrica, como el de Mercurio, y ninguna de sus ropas parece  afectada por el soplo de viento que ha agitado el vestido de Flora y la túnica de Cloris.  El vientre prominente, que se observa  en la mayoria de las figuras femeninas, era considerado atractivo  y se consideraba elegante  colocar suavemente la mano él, casi siempre con la intención de atraer la atención sobre la tela del vestido. 

Sobre ella vuela Cupido, dispuesto a disparar sus flechas a una de las tres Gracias, parece que a Castitas, la figura central del grupo, que  mira hacia el dios Mercurio, el mensajero de los dioses y nexo entre el cielo y la tierra. Como en la mayoría de las representaciones,  el dios del amor aparece bajo la forma de un niño desnudo y gordito con alitas en los hombros, el carcaj con las flechas a su espalda y una venda en sus ojos advirtiéndonos de que el amor es ciego y cualquiera puede resultar herido. 

Para esta asociación de Flora, Venus y Cupido en una misma escena de primavera parece haberse inspirado no sólo en las Metamorfosis de Ovidio sino también en estos versos del De Rerum Natura del Lucrecio: 

"Vienen la primavera y Venus,
Y el chico de Venus, el heraldo alado, aparece primero
Y dura sobre las huellas de Céfiro la Madre Flora,
Arpejando los caminos antes de ellos, llena todo
De colores y olores excelentes." 

A la izquierda de Venus danzan tres jóvenes, que, en palabras de Vasari, (arquitecto, escritor y pintor italiano del s. XVI) son "las tres Gracias, que celebran con Venus la llegada de la primavera". En los siglos XVII y XVIII se interpretó que las tres jóvenes danzantes eran las hijas del gigante Atlas, que vigilaba el jardín de las Hespérides y se conoció el cuadro como "El jardín de las Hespérides. A esta confusión contribuyó el hecho de que las frutas que penden del árbol tienen un color amarillo-anaranjado, que evoca las manzanas de oro características de dicho jardín. 

Botticelli, Alegoría de la primavera -2 La figura de Mercurio, situada en el extremo derecho, cierra la composición. Con su yelmo y su espada, parece claramente el guardián del jardín. Estira la mano para tocar las nubes con su caduceo y dispersar la niebla.  Viste ligeramente con un manto rojo, que cae de forma muy asimétrica, lo cual se consideraba un rasgo típico de la Antigüedad y ya era una indicación de que se estaba representando una escena mítica. Parece ajeno a los demás personajes, a los que vuelve la espalda, y su mirada se dirige a lo alto, no sabemos si a la fruta que parece estar a punto de coger o a los cielos que se intuyen a través de las ramas.

La naturaleza aparece enmarcando las distintas escenas. Bajo los pies una capa de hierba oscura en la que se distinguen  nomeolvides, jacintos, iris, siemprevivas, clavellinas y anémonas, flores típicas del mes de mayo toscano,  y de fondo un bosque ordenado y vertical de naranjos, árboles tradicionalmente relacionados con la familia Médici (esta interpretación de las frutas como naranjas parece tener más sentido que la de las manzanas de oro, sobre todo si tenemos en cuenta que este cuadro fue encargado como regalo para la boda del jovencísimo Lorenzo di Pierfrancesco de Médici, primo segundo de Lorenzo el Magnífico). En el centro, detrás de Venus, el bosque de árboles abre un claro en el que crece la planta de mirto, para continuar hacia  la derecha, en cuyo extremo encontramos árboles doblados por la fuerza del viento, en concreto laureles, lo que podría interpretarse como una alusión al novio, Lorenzo, cuyo nombre deriva del latín Laurentius.

La composición tiene forma semicircular siendo el eje central  la figura de Venus, que aparece enmarcada por el mirto  y es resaltada al situarse sobre ella el dios del amor; la imagen de la diosa divide el cuadro en dos grupos diferentes. A un lado, Cloris, Céfiro y Flora  con un tema común, al otro lado las Gracias bailando en corro a punto de ser heridas por las flechas de Cupido y a su lado el dios Mercurio, con el caduceo levantado hacia las nubes.. 

Ahora bien ¿Cómo se interpretan todas estas escenas en un mismo cuadro? La interpretación más aceptada por los especialistas hace una lectura de la obra en clave neoplatónica: en el centro de la composición  la figura de Venus representaría la Humanitas,  en la zona derecha la tríada de personajes representarían el ciclón de la pasión (Céfiro), persiguiendo a la Castidad, convertida, tras ser poseida, en Flora o Primavera (la Belleza), que esparce flores por el mundo. Sobre Venus se sitúa Cupido, el dios del amor, que dirige su flecha a  las Gracias, cuya danza ilustra igualmente la belleza de la pasión amorosa. Castitas mira al dios Mercurio, mensajero de los dioses y nexo de unión entre la tierra y el cielo, que aparta las nubes  del conocimiento humano .

La representación de la primavera como tema central no es infrecuente en la pintura europea desde el Renacimiento. Obras con este título son las de Bassano (segunda mitad del XVI, escuela italiana) o Nicolás Poussin (1594-1665, barroco francés)  en las que la primavera aparece como representación de la naturaleza en dicha estación del año, es decir, con un tratamiento paisajístico. Por su parte Cósimo Tura ( 1430-1495, Quattrocento italiano) o Eduard Manet (1832-1883, impresionismo) ofrecen una versión alegórica representándola como mujer joven; mientras en La Primavera (también conocida como La florera) de Goya (1746-1828) la alegoría queda disuelta en una escena anecdótica e insustancial propia del gusto rococó; la interpretación más caprichosa e irracional, muy apreciada por los surrealistas, es obra de Giuseppe Arcimboldo (1527-1593, manierismo), que la representa como una especie de bodegón antropomorfo a partir de hojas, flores y otros elementos vegetales. 

Los amores de Cloris y Céfiro, o de Flora y Céfiro,  también ha sido motivo de decoración desde la antigüedad en todos los soportes; ejemplo de ello son  el fresco pompeyano conocido como Céfiro y Cloris (79 d.C.), el Triunfo de Flora y Céfiro de Tiépolo (1734-1735, Rococó ), el Triunfo de Flora, también de Tiépolo,  la representación pictórica de Céfiro y Flora de William Adolphe Bouguereau (1825-1905, Academicismo francés) o la estatua Flora con Céfiro de Francois Gaspard Adam (1749, Rococó). 

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