VÍA DE LA PLATA: PRINCIPAL AUTOPISTA DEL MUNDO ROMANO

De Andalucía a Asturias, la Vía de la Plata une la zona occidental de España. 
Recorremos una ruta que la historia ha convertido en punto de encuentro de civilizaciones, culturas y estilos artísticos

Texto y fotos: Mar Junco
Publicado en Metrópoli, suplemento del diario El Mundo

Calzada romana
Entre los años 21 y 19 a.C., el emperador Augusto, tras culminar la conquista de 'Hispania', la gran deseada, inició la construcción de una gran calzada que se convertiría en la principal vía del oeste de la península al unir 'Augusta Emérita' (Mérida), capital de la nueva provincia de Lusitania, con los dos campamentos de la zona norte, Astorga ('Asturica Augusta') y León ('Legio VII'). Esta vía de comunicación fue bautizada como 'Iter ab Emérita Asturican' y se convirtió en la arteria principal del Imperio. La calzada se complementó con otros ramales que unían la fértil vega del Guadalquivir con los puertos del Cantábrico.

Tras la pacificación de Hispania, la calzada se dedicó a satisfacer el tránsito económico y la administración romana. La Vía de la Plata ha sido desde entonces un punto de encuentro de civilizaciones, culturas y estilos artísticos. La Luna de Metrópoli propone un recorrido por las cuatro comunidades por las que discurre la Vía de la Plata, con paradas en las principales ciudades.

1. ANDALUCÍA

Aunque la calzada original tenía como objetivo unir la ciudad de Mérida con Astorga, el inicio de esta ruta se encuentra en la comunidad andaluza, a orillas del Guadalquivir, con una vía construida para enlazar la antigua ciudad de 'Hispalis' (Sevilla) con la que entonces era capital de Lusitania, Mérida. Este camino atraviesa, en su itinerario andaluz, la localidad de Santiponce, donde estaba localizado el legendario asentamiento de 'Itálica', y Carmona.

Torre del oro
SEVILLA. Según la leyenda, fue el forzudo Hércules el que fundó esta ciudad, hoy alegre y colorista, y que se denominó 'Hispalis' durante el imperio romano e 'Isbiliya' bajo el esplendor de Al-Andalus, aunque el mayor auge lo experimentó tras el Descubrimiento de América. Situada a orillas del Guadalquivir -que desde siempre ha marcado la vida y la historia de Sevilla-, la villa posee verdaderas joyas de la arquitectura y la cultura como la Giralda, emblema sevillano, la Catedral, los Reales Alcázares, la Torre del Oro, los Archivos de Indias, la Macarena y los barrios de Triana, Santa Cruz, San Bartolomé y San Vicente.

SANTIPONCE. Aunque se sabe que los tartesos fueron los primeros en asentarse aquí, este pueblo es más conocido por la época de la colonización romana puesto que en este lugar se levantó 'Itálica', la fundación romana más antigua de la Península Ibérica. Dentro del Conjunto Arqueológico de Itálica destaca el Teatro Romano, que data de la época de Augusto, entre los años 30 y 37 d.C., las murallas, la Casa de Exedra -que incluye unas termas y una alargada palestra-, la Casa de Neptuno, el Traianeum -templo dedicado a Trajano- y el Anfiteatro -con capacidad para 25.000 espectadores-.

2. EXTREMADURA

Ruinas de Caparra
Si hay alguna Comunidad Autónoma que se ha volcado con promover y recuperar la herencia de las legiones romanas es, sin duda, la de Extremadura, cuya Junta acaba de recibir el Premio Europa Nostra por el proyecto de rehabilitación -denominado Alba Plata- de esta antigua calzada a su paso por la región. Además, ofrece a los visitantes la posibilidad de recorrer esta histórica ruta con el apoyo de un guía oficial gratuito (más información en el teléfono 924 00 64 58).

Tras entrar por Monesterio y atravesar Zafra y Almendralejo, la Vía de la Plata llega hasta la ciudad de Mérida -la llamada también Roma hispánica-, alcanza Cáceres y Plasencia y sale de la región por la localidad de Baños de Montemayor. Son 300 kilómetros de historia.


Anfiteatro de Mérida
MÉRIDA. Esta ciudad, con tan sólo 50.000 habitantes, atesora un enorme legado de la época del Imperio romano. En cada uno de sus rincones aún perduran restos de aquella grandeza de antaño. Entre los monumentos más relevantes y de obligada visita están el Arco de Trajano -que se cree que pudo ser puerta de acceso a un gran templo de culto imperial-, el Teatro -que poseía una magnífica escena de mármol, dotada de una serie de elementos ornamentales y esculturas de alto valor-, el Anfiteatro -en el que tenían cabida 15.000 personas-, el Circo, el Museo Romano -obra del arquitecto Moneo, donde se guarda desde 1986 una excelente colección de materiales artísticos de la época romana- y las redes de aprovisionamiento de agua de la antigua ciudad.

CÁCERES. Posee un excepcional casco antiguo, muy bien conservado, que la ha hecho ser merecedora del título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad. La imponente iglesia de Santa María, del siglo XXII y que ofrece un gótico austero y una torre cuadrada, el convento de San Pablo (siglo XV) -con una pequeña iglesia gótica-, los palacios de la nobleza -entre los que destacan el de Carvajal, el de los Golfines de Abajo y el de Toledo-Moctezuna-, las ruinas de Caparra y el barrio de la Judería, en el casco viejo y formado por casas sencillas y callejuelas estrechas, son los grandes valores de esta ciudad monumental.

PLASENCIA. En medio de la comarca de La Vera y de los valles de Ambroz y del Jerte, surge esta ciudad, la mayor del norte de Extremadura. Un hermoso corazón viejo e histórico se abre a los visitantes invitando al paseo sosegado. Con más de ocho siglos de antigüedad, la villa conserva un conjunto monumental de gran interés en el que sobresalen obras arquitectónicas como la Plaza Mayor, el Ayuntamiento (siglo XVI), la Catedral vieja (construida entre los siglos XII y XIV) y la nueva (XVI), las murallas del Castillo y numerosas iglesias y casonas nobiliarias.

3. CASTILLA Y LEÓN

Puente sobre el Tormes
En Castilla y León, la Vía de la Plata penetra por las Sierras de Béjar, se adentra en la dehesa salmantina y atraviesa las históricas capitales de Salamanca y Zamora, entrando en La Maragatería. Desde este punto discurre directa hacia León capital, pasando por el pueblo de Astorga, para perderse, finalmente, por el Puerto de Pajares.

SALAMANCA. Situada a la vera del río Tormes, Salamanca -con unos 150.000 habitantes- es la gran ciudad de la cultura y el arte de la región, y atesora un sólido atractivo turístico gracias al valioso legado arquitectónico y artístico. La 'Vieja Helmántica' se convirtió durante la dominación romana en un importante centro urbano y mercantil de la Vía de la Plata. A partir del siglo XIII volvió a entrar en una era de progreso que está directamente ligada a su condición de ciudad universitaria. En la antigüedad se la llamó la 'Pequeña Roma', en alusión a su contenido cultural, religioso y artístico, cuyos máximos valores están representados en la Catedral vieja (románico) y la nueva (gótica), San Esteban (la joya del plateresco), la Universidad, la Casa de las Conchas (XVI), la Plaza Mayor (XVIII) y las murallas.


Catedral de Zamora
ZAMORA. A orillas del Duero, Zamora detentó ya en tiempos romanos cierta importancia como estación de paso de la Vía de la Plata. Aquí estaba 'Ocelo Durii', una de las mansiones del camino. Más tarde, durante la Edad Media, la ciudad gozó de fama por sus sólidas defensas. Bajo sus murallas se produjo la célebre e histórica traición en la que el Rey Sancho II fue asesinado por Bellido Dolfos durante el Cerco de Zamora. El románico es el estilo que imprime carácter a esta ciudad. De obligada visita son la Catedral, las iglesias de la Magdalena, San Claudio, Santa María la Nueva, la Casa del Cid, el Castillo y las murallas románicas.

ASTORGA. En un cerro entre los ríos Tuerto y Jerga, en un punto idóneo para controlar el paso hacia el noroeste de 'Hispania', los romanos levantaron la ciudad de Astorga ('Asturica Augusta') durante la época de Augusto. En el medievo mantuvo también gran importancia, ya que se convirtió en un gran centro hospitalario jacobeo por ser nudo de la Vía de la Plata y del Camino Francés de Santiago. La cercanía de León eclipsó su vida política y económica y hoy es una pequeña villa con historia y con valores culturales y artísticos. La Catedral de Santa María y el Palacio Episcopal -obra de Gaudí- son las dos grandes joyas de la ciudad. Además, en el subsuelo, la urbe esconde muestras de su pasado romano, que pueden ser visitadas con guía.

4. ASTURIAS


Durante el dominio del Imperio, los romanos se plantearon dar una salida al mar a la Vía de la Plata, también llamada 'Via Lata', que en latín significa «vía ancha». La idea era crear un ramal que uniera el Cantábrico con 'Legio VII' (León), que contaba con la dificultad añadida de tener que salvar la Cordillera Cantábrica. Finalmente, la calzada se construyó entrando por el Puerto de Pajares, pasando por Pola de Lena, Mieres y Soto de Ribera, para terminar atravesando las ciudades de Oviedo y Gijón, donde uno de sus barrios aún conserva la denominación de «La Calzada».

OVIEDO. Sus orígenes se remontan al año 761, cuando los presbíteros Máximo y Fromistano fundan un establecimiento agrícola-monástico a los pies del monte Naranco. Es aquí donde se crea un arte peculiar de renombre universal, el Prerrománico, que aúna cierta continuidad artística respecto al reino visigótico. Las iglesias de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo son los edificios más representativos de esta época. Hoy, Oviedo es una ciudad moderna y abierta que alberga, además, un tesoro patrimonial importante. El Palacio de Valdecárzana y Heredia, la Catedral, el Palacio Episcopal, la Universidad, el Teatro Campoamor y San Julián de los Prados son algunos de los monumentos histórico-artísticos de la ciudad.


Elogia del horizonte, Chillida (Gijon)
GIJÓN. Es la ansiada salida al mar de la Ruta Vía de la Plata, ciudad privilegiada que se abre en sus playas y puertos al Cantábrico. Los orígenes históricos de Gijón -hoy, es la mayor ciudad del Principado de Asturias - están en la Campa de Torres, donde se asienta el castro de Noega, uno de los principales poblados fortificados del norte de España (anterior al 409 a.C.). En el Cerro de Santa Catalina, en Cimadevilla, la Gigia romana deja sus huellas en la muralla (siglos III y IV) y en la termas de Campo Valdés (siglo I). La Colegiata de San Juan Bautista, la Iglesia de San Pedro, el Palacio de Revillagigedo, la Capilla de San Lorenzo y el Elogio del Horizonte (obra de Chillida) son algunos de sus monumentos.