CARTA A UN DESTERRADO de CLARIBEL ALEGRÍA



Mi querido Odiseo:
Ya no es posible más
esposo mío
que el tiempo pase y vuele
y no te cuente yo
de mi vida en Itaca.
Hace ya muchos años
que te fuiste
tu ausencia nos pesó
a tu hijo
y a mí.
Empezaron a cercarme
pretendientes
eran tantos
tan tenaces sus requiebros
que apiadándose un dios
de mi congoja
me aconsejó tejer
una tela sutil
interminable
que te sirviera a ti
como sudario.
Si llegaba a concluirla
tendría yo sin mora
que elegir un esposo.
Me cautivó la idea
que al levantarse el sol
me ponía a tejer
y destejía por la noche.
Así pasé tres años
pero ahora, Odiseo,
mi corazón suspira por un joven
tan bello como tú cuando eras mozo
tan hábil con el arco
y con la lanza.
Nuestra casa está en ruinas
y necesito un hombre
que la sepa regir
Telémaco es un niño todavía
y tu padre un anciano,
preferible, Odiseo
que no vuelvas
los hombres son más débiles
no soportan la afrenta.
De mi amor hacia ti
no queda ni un rescoldo
Telémaco está bien
ni siquiera pregunta por su padre
es mejor para ti
que te demos por muerto.
Sé por los forasteros
de Calipso
y de Circe,
aprovecha Odiseo
si eliges a Calipso
recuperarás la juventud
si es Circe la elegida,
serás entre sus chanchos
el supremo.
Espero que esta carta
no te ofenda
no invoques a los dioses
será en vano
recuerda a Menelao
con Helena
por esa guerra loca
han perdido la vida
nuestros mejores hombres
y estás tú donde estás.
No vuelvas, Odiseo
te suplico.
Tu discreta Penélope

Claribel Alegría, "Carta a un desterrado".



*Escritora salvadoreña, aunque originariamente nacida en Nicaragua. Como otros poetas de su generación, Pablo Antonio Cuadra o Ernesto Cardenal, su preocupación literaria sigue dos líneas, por un lado, la realista y comprometida con la situación política del momento, buscando una poesía democrática y de denuncia, y, por otro, una investigación formal en la que se puede hablar de un nuevo surrealismo con un lenguaje intencionadamente callejero, desgarrado, vehemente y hasta antiliterario. Obras suyas son: Anillo de silencio (1948), Vigilias (1953), Acuario (1955), Huésped de mi tiempo (1961), Vía única (1965), Aprendizaje (1970), Pasaré a cobrar y otros poemas (1973), Sobrevivo (1978, Premio Casa de las Américas de Poesía), Flores del volcán; Suma y sigue (1981) una antología de poemas suyos anteriores más otros nuevos y Una vida en poemas (2003), que recoge prácticamente toda su obra poética.