Nació con el nombre de Lucio Aurelio Cómodo en Lanuvium, cerca de Roma. Tres años antes había fallecido su hermano mayor y su hermano pequeño lo haría cinco años después; quizás por esta razón Marco Aurelio lo encomendó a los cuidados de su médico, el célebre Galeno, que lo trató de diversas enfermedades. Con la finalidad de hacer de él un vir bonus le procuró“una abundancia de buenos maestros” a los que encomendó su educación. Tampoco descuidó su formación militar: con once años Cómodo acompañó a su padre durante las Guerras Marcomanas contra los pueblos germanos del Danubio, que habían llevado a cabo el mayor intento de invasión bárbara desde los tiempos de la Roma republicana. Fue probablemente allí donde recibió el título de Germanicus tras la victoria de su padre sobre los invasores germanos.
A los catorce años comenzó su carrera pública ingresando en el Colegio de Pontífices y pocos meses después entró en la edad adulta al tomar la toga virilis; curiosamente este rito, importante en la vida del hombre romano, tuvo lugar en presencia del ejército en el frente del Danubio. Cómodo se encontraba alli preparando la campaña contra Avidio Casio, un general de su padre que había sido proclamado emperador tras la falsa noticia de la muerte de Marco Aurelio; esta campaña no llegó a realizarse, pues el general rebelde fue asesinado por uno de sus centuriones antes de que los romanos se hubieran puesto en marcha. Después de esto, padre e hijo realizaron una gira por las provincias orientales y viajaron juntos a Atenas, donde fueron iniciados en los misterios eleusinos. La gira por las provincias rebeldes fue un éxito y regresaron a Roma en otoño de 177.
Este mismo año Cómodo se convirtió a la edad de 15 años en el cónsul más joven hasta ese momento; además el emperador le otorgó el título de Augusto (el año anterior le había concedió el rango de Imperator ), lo cual suponía compartir prácticamente sus mismos poderes y a finales de año le fue otorgada la tribunicia potestas, por la cual una persona patricia recibía todos los poderes del tribunado de la plebe sin ostentar formalmente el puesto; esto equivalía a ser proclamado emperador.
En 179 Marco Aurelio volvió al frente acompañado de su hijo para enfrentarse a los distintos pueblos del Danubio: cuados, marcomanos, yázigas, germanos y sármatas. Confiando en la victoria, se proponía crear un gran territorio defendible que hiciera más difícil nuevas invasiones hacia el interior del Imperio y, al mismo tiempo, destruir la alianza entre esas tribus. En el invierno del año siguiente, cuando planeaba la anexión de la Marcomannia para establecer allí una nueva provincia, contrajo la peste y murió el 17 de marzo de 180, siendo sucedido por su hijo Comodo de 19 años.
Rápidamente el nuevo emperador firmó la paz con los germanos, salvándolos de la derrota definitiva, reclutando a guerreros cuados y marcomanos para su campaña contra los yázigas. También retiró los miles de legionarios que ocupaban los territorios de Marcomannia. Durante los años 180-182 llevó a cabo una serie de campañas contra los yázigas y burios; estos últimos prefirieron hacer la paz con Roma y liberar a 15.000 prisioneros. Satisfecho con los resultados, Comodó regresó a Roma, donde, a pesar de no haber conseguido anexionar ningún pueblo, celebró un Triunfo el 22 de octubre de 180. La paz lograda hizo que la frontera de Pannonia permaneciese estable durante los siguientes cincuenta años, hasta que en el año 254 los marcomanos volvieron a entrar en guerra contra el Imperio, invadiendo Pannonia y atacando Rávena.
La primera crisis de su reinado llegó en el año 182, cuando Lucilla conspiró para derrocar a su hermano. La motivación de la rebeldía de Lucilla fue probablemente la envidia que suscitaba en ella su cuñada, la emperatriz Brutia Crispina. Su marido Pompeyano no participó en la conspiración, pero sí lo hicieron dos hombres que habían sido acusados de ser sus amantes, Marco Ummidio Cuadrato (cónsul en 167, que también era su primo hermano) y Apio Claudio Quintiano, que intentaron asesinar a Cómodo cuando entró en el teatro. Estos dos senadores fracasaron en su objetivo y fueron capturados por los guardaespaldas del emperador. Ambos fueron ejecutados, al igual que Lucilla, exiliada primero en Capri y más tarde ejecutada. Previamente, en este mismo año 182, la propia Brutia Crispina, embarazada y acusada de traición y adulterio, había corrido la misma suerte.
Se desconoce la fecha de su nacimiento, pero según Dion Casio, nació en Frigia y fue enviado a Roma en una partida de esclavos. En 182 sin embargo, había progresado lo bastante para ser oficial de la casa imperial, y se había casado con Damostratia, una antigua querida del emperador.
Fue el instrumento de la muerte de Saotero, chambelán de Cómodo, al que sustituyó, y disfrutó desde entonces de la total confianza del emperador. Luego comenzó a conspirar contra el prefecto del pretorio Tigidio Perenio, que ejercía de jefe del gobierno, ya que el indolente Cómodo prefería no ocuparse de la Administración. En 184 permitió a un destacamento de soldados de Britania denunciar a Perenio al emperador, y éste le concedió permiso para ejecutarle. Cleandro concentró así todo el poder en sus manos y se enriqueció como responsable de todos los cargos públicos: vendió o regaló el acceso al senado, a los mandos del ejército, a los gobiernos provinciales y a los consulados. En188 se deshizo del prefecto del pretorio Atilio Aebutiano y tomó el mando supremo de los pretoriaos, con el rango de pugione (portador del puñal), y dos prefectos pretorianos subordinados a él. Ahora, en el cenit de su poder, continuó vendiendo cargos públicos al mejor postor para su particular beneficio.
Entre los años 185 y 190, Cleandro procedió a concentrar el poder en sus propias manos y a enriquecerse al convertirse en responsable de todos los cargos públicos: vendió y otorgó al mejor postor la entrada al Senado, mandos militares, gobiernos de provincias e incluso consulados suffectus. El descontento se extendió por todo el Imperio, causando una gran ola de deserciones a lo largo de los ejércitos estacionados en la Galia y Germania. Pescennius Niger empezó a reunir bajo su mando a todos los desertores de los ejércitos de Galia y se inició una revuelta a lo largo deGran Bretaña dirigida por los ejércitos britanos. En el año 187, uno de los líderes de los rebeldes, Materno, viajó desde la Galia hasta la capital imperial con el objetivo de asesinar al emperador en los Festivales de la Gran Diosa, pero fue traicionado y ejecutado. Ese mismo año Pertinax desenmascaró una conspiración dirigida por dos enemigos de Cleandro — Antistio Burro (uno de los cuñados de Cómodo) y Antonino Arrio. Como resultado, las apariciones de Cómodo en público se tornaron más inusuales aún, y el emperador prefirió retirarse a sus fincas. Esta situación recuerda mucho a lo que sucedió cuando el emperador Tiberio se retiró a la Isla de Capri, dejando en el poder al prefecto del pretorio Lucio Elio Sejano, un ambicioso sin escrúpulos capaz de cometer las peores acciones inimaginables.
A principios de 188 Cleandro despidió al actual prefecto del pretorio, Atilio Ebuciano, y asumió él mismo el mando supremo de los pretorianos asumiendo el rango de pugione (portador de la daga) y con dos prefectos subordinados a su poder. Cleandro se encontraba en esta época en el cenit de su poder, y a pesar de haber reunido ya una gran fortuna, siguió vendiendo cargos públicos a personas privadas. El punto culminante del gobierno opresivo de Cleandro llegó en el año 190, cuando en un año se produjeron 25 consulados suffectus (entre los que se incluían al futuro emperador Septimio Severo), un récord en toda la historia del consulado.
El emperador cambió su nombre por el de Lucius Aelius Aurelius Commodus y, a la edad de 29, se hizo cargo de las riendas del poder. A pesar de todo su línea de gobierno se moderó un poco por consejo de su amante Marcia. Entre los nuevos nombramientos tras la caída de Cleandro se encuentran el nuevo chambelán Eclecto, y el nuevo prefecto del pretorio Quinto Emilio Laeto. En esta época se llevó a cabo la liberación de muchos cristianos encarcelados en las prisiones de Sardinia, probablemente debido a que la persona que mayor influencia ejercía sobre Cómodo, Marcia, era cristiana.
A finales del año 192, un devastador incendio destrozó una gran cantidad de edificios públicos, como el Templo de Pax, el Templo de Vesta, y gran parte del palacio imperial. En noviembre de ese año organizó la celebración de los Juegos Plebeyos, en los que participó disparando diariamente cientos de flechas a los animales y combatiendo contra hombres moribundos. En diciembre anunció para espanto del pueblo romano que iniciaría el año 193 como cónsul y como gladiador.
Llegados a este punto, el prefecto Laeto decidió organizar una conspiración con Eclecto con el objetivo de eliminar del trono a Cómodo y reemplazarlo por Pertinax. Para ello, los conspiradores se ganaron la confianza de Marcia. El día 31 de diciembre de 192 Marcia envenenó la comida del emperador, pero éste vomitó el veneno y fue a darse un baño. Los conspiradores, temiendo la venganza de Cómodo si los descubría, enviaron al liberto Narciso a estrangularle en la bañera. El liberto cumplió satisfactoriamente su cometido y al día siguiente de su muerte, el Senado declaró a Cómodo enemigo público, emitiendo sobre él un damnatio memoriae. La muerte de Cómodo trajo consigo la restauración del nombre de todos los cuerpos públicos a los que el emperador había denigrado. Todas sus estatuas fueron derribadas y su nombre se eliminó de todos los registros públicos. Su cuerpo fue enterrado en el Mausoleo de Adriano. Sin embargo, a pesar de toda la oposición, en el año 195 el emperador Septimio Severo decidió tratar de ganar el favor de la familia de Marco Aurelio rehabilitando la memoria de Cómodo y obligando al Senado a legislar su deificación.
Considerando que el reinado de Marco Aurelio se caracterizó por una guerra casi continua, el gobierno de Cómodo se puede considerar relativamente pacífico en términos militares aunque terriblemente inestable y turbulento en la política del Imperio. El reinado de Cómodo no estuvo sujeto a las necesidades de sus súbditos y sus territorios sino a los caprichos del propio emperador. En palabras de Dión Casio “el reinado de Cómodo marcó la transición de un reino de oro y plata a uno de óxido y hierro”. Esta famosa frase ha llevado a muchos historiadores a tomar el reinado de Cómodo como el comienzo de la Decadencia del Imperio romano.
Cómodo planteó durante todo su reinado una gran oposición al Senado en sus discursos públicos, poniendo de manifiesto siempre que podía su superioridad ante el arcaico cuerpo legislativo al considerarse un dios, con su misma fuerza, destreza e inteligencia. Levantó estatuas a lo largo de todo el Imperio que lo retrataban bajo la forma de Hércules, lo que reforzaba su imagen de semidiós, de físico gigantesco y de protector del pueblo romano. Además, al considerarse la encarnación de Hércules, Cómodo pretendía que se le reconociera como hijo de Júpiter, el dios supremo del panteón romano. Estas percepciones de su propio ser aumentaron las tendencias megalómanas del emperador que, lejos de congratularse de ser hijo del tan añorado emperador Marco Aurelio, hacía hincapié en él mismo, considerándose portador de un nuevo orden y tratando de reconstruir el Imperio en su propia imagen. Las relaciones entre el Senado y Cómodo se estancaron definitivamente cuando el emperador invirtió de manera provocativa el orden tradicional de los dos poderes del Estado, el Senado y el pueblo («Senatus Populusque Romanus») a («Populus Senatusque...»).
A diferencia de sus predecesores Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio, parece ser que Cómodo no tuvo jamás interés en las tareas administrativas que conllevaba su puesto y siguió la tendencia a lo largo de su reinado de impulsar el ascenso de sus favoritos, entre los que se encuentra Saotero, un liberto originario de Nicomedia que llegó a convertirse en su chambelán. Aunque el Senado le odiara y temiera, las evidencias históricas apuntan a que Cómodo se mantuvo popular entre el ejército y el pueblo. El amor que le profesaban los ciudadanos del Imperio no sólo se debía a sus abundantes muestras de generosidad, sino a los espectaculares juegos de gladiadores que se celebraron durante su reinado. Para pagar la intolerable carga económica que suponía para el Estado la celebración de los juegos, Cómodo impuso un elevado impuesto senatorial que separó aún más a los dos cuerpos gobernantes del Imperio.
Cómodo tenía pasión por los espectáculos de gladiadores, lo que le llevó a participar en algunos vistiéndose como los mismos combatientes. Este comportamiento era considerado por el pueblo romano como indigno de un emperador. Se llegó incluso a rumorear entre el pueblo que Cómodo no era hijo de Marco Aurelio, sino de un gladiador que su madre Faustina había tomado durante unas vacaciones en la costa de Caieta.10 Cómodo siempre ganó sus combates en la arena y ningún gladiador fue capaz de derrotarle en combate, llegando a registrarse más de 700 combates con Cómodo presente, aunque se debe decir que era probable que combatiera con mejores armas que las que usaban los gladiadores o que estos eran drogados antes de entrar a la arena.11 Cada aparición del emperador en la arena suponía un gasto de un millón de sestercios para el Estado, lo que arruinó la economía romana que tan sabiamente había sido gestionada durante el reinado de los emperadores de la Dinastía Antonina.
Cómodo suscitaba la ira de muchos oficiales militares cuando hacía su aparición en la arena como Hércules. A menudo, el emperador ordenaba que los soldados que habían perdido algunos de sus miembros durante la guerra fueran maniatados y amordazados y se les colocara en el centro del anfiteatro, donde los asesinaba con una espada. Lo mismo ocurría con los ciudadanos de Roma que perdían sus pies debido a accidentes.12 Todos estos actos contribuirían finalmente a su ejecución.
Dión Casio, testigo de primera mano del reinado de Cómodo e historiador sin ninguna razón para defenderlo, le describe así: Cómodo no es de naturaleza malvada pero, por el contrario, es el hombre menos honesto que jamás ha vivido. Su gran simplicidad, unida a su cobardía, le han hecho ser esclavo de sus compañeros. Las malas influencias le han hecho desviarse del camino del buen hacer y, al principio por su ignorancia y al final por la creación de una segunda naturaleza, han hecho que sus actos crueles y lujuriosos se hayan convertido en un hábito.
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