- El British Museum resucita el lado más doméstico y cotidiano de las dos ciudades.
- Se han reunido 450 objetos, algunos de los cuales no habían salido nunca de Italia.
- Se estima que Pompeya debió tener entre nueve y treinta burdeles.
Pompeya |

La muestra actúa como una varita mágica que insufla vida a las piedras muertas, reconstruyendo con sorprendente eficacia a través de 450 objetos (algunos no habían salido nunca de Italia) aquellas escenas que solo la imaginación del turista podía hasta ahora recrear. Y la vida romana que enseña está muy lejos del rugido de los gladiadores. Pompeya y la pequeña Herculano eran localidades cosmopolitas con una fuerte proporción de esclavos libres entre sus ciudadanos. Se estima que Pompeya debió tener entre 9 y 30 burdeles, la misma ciudad en cuyas paredes se han encontrado más de 50 graffitis con citas del poeta Virgilio. Un mundo de escenas tabernarias y conversaciones de alcoba que lleva a «The Times» a proclamar que «Sexo en Nueva York» ya lo descubrieron los romanos.

Equilibrio entre sexos
Un buen ejemplo es la estatua de la sacerdotisa Eumachia, que guarda todavía el color rojizo de su cabello. Sufragó de su bolsillo el edificio más grande del foro pompeyano, y el reconocimiento que concitaba es evidente. «No quiere decir que fueran iguales, no lo eran, porque no podían votar o asumir cargos públicos, pero mujeres como Eumachia constituyen un nuevo estrato de la sociedad romana», cree.

Es ese sentido del humor el que explica algunas imágenes más subidas de tono, como el de un lascivo sátiro que sujeta el pecho de una ménade, o la estatua del dios Pan en lo que antiguamente se definía como ayuntamiento carnal con una cabra. Esta jocosidad conmocionó a los arqueólogos que la encontraron a mediados del siglo XVIII en un jardín de Herculano, y se enseña en una sala aparte en el Museo de Nápoles. Pero el British Museum ha preferido integrarla en la muestra con un pequeño aviso para los padres. «No hay violencia, es una representación inofensiva y un buen ejemplo del sentido del humor con el que introducían en sus vidas temas como el sexo o la muerte», explica Roberts a ABC.
La vida en el hogar está ilustrada por delicados objetos, como una cuna de bebé de madera recuperada de la ira del volcán, o un banco para hacer una pausa en los paseos por los patios y jardines, reconstruidos con toda su calma por el museo londinense. En la calle, los residentes menos adinerados buscaban diversión en la tabernas como la de Salvio, de la que se salvaron algunos de los frescos más reveladores de la cotidianeidad pompeyana. «Aquí», exige un cliente al camarero. «No, me toca a mí», contesta otro. Las cocinas, un espacio menor en las casas, muestran las sopas y guisos de lentejas, alubias o cebolla que preparaban cuando estalló el Vesubio. Y la subrepticia presencia de higos cuestiona la trágica fecha del 24 de agosto atribuida a Plinio el Viejo, al ser octubre el mes de esta fruta.





Fuente: ABC
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