LAS LEYES DE GORTINA

Cnosos, la capital minoica de Creta, sede del célebre y legendario laberinto, fue indudablemente la ciudad más importante y conocida de la isla helena, pero esa posición estuvo en disputa durante largos años, entre el 1600 y el 1100 antes de Cristo, y no siempre la capital del rey Minos fue la vencedora. Cuatro urbes más disputaron esa hegemonía: Éleftherna, Kydonia, Lyttos y Gortina.

A medio centenar de quilómetros al sur de Cnosos, en el centro de la planicie de Messará junto al rio Letheós, en un tiempo conocido por el nombre de Mitropolianós, se hallan hoy las ruinas de Gortina, una de las más poderosas ciudades estado de la Grecia Dórica que llegó a albergar a casi cuarenta mil almas. Una vez aliada de Atenas, tuvo puertos en el mar de Libia, donde hoy se encuentran las playas de Matala y el comercio floreció entre sus muelles y los embarcaderos fenicios, griegos, egipcios y de Tartesos. Homero en su “Odisea” ya la menciona, haciendo narrar a Néstor las vicisitudes que encontraron los hombres de Ulises para llegar a Atenas regresando de Troya: “Hay en el oscuro ponto una peña escarpada y alta que sale al mar cerca de Gortina: ahí el Noto lanza grandes olas contra el promontorio de la izquierda, contra Festo...En semejante sitio fueron a dar y costóles mucho escapar con vida...”

En Gortina todavía existe el árbol bajo el que Zeus, trasmutado en buey albo,   sedujo a Europa tras raptarla en Fenicia. De su unión nacerían tres hijos: Minos, Radamantis y Sarpedón. Según la antigua mitología helena Minos reinaría en Cnosos, donde su esposa, Pasifae engendraría al célebre Minotauro. Radamantis y su hijo Gortis fundarían Gortina. El plátano nunca ha perdido sus hojas, siempre verdes.

En las proximidades de la sombra del viejo árbol está grabado en la roca, para que fuera eterno, el llamado Código de Gortina, un compendio de las leyes y normas más antiguas conservadas en occidente. La “Reina de las Inscripciones”, como también se las ha llamado, fue labrada en el siglo V AC sobre una docena de columnas de piedra que ocupan un espacio de nueve metros de longitud por uno y medio de altura. En ellas se suceden seiscientas líneas. Cada columna contiene entre 53 y 66 líneas, escritas en dialecto dórico cretense, y dispuestas en bustrofedón, es decir, escritas, cada línea, sucesivamente de izquierda a derecha y de derecha a izquierda invirtiendo los caracteres, en este último caso, como si se mostrasen en un espejo.
El Código de Gortina es, en general, o por lo menos lo que ha llegado hasta nuestros días, una compilación de leyes dispersas al modo de un código civil en el que se tratan ampliamente el derecho familiar, normas de adopción, herencia, divorcio y garantías para la mujer. También trata de crímenes contra la moral, la violación, el adulterio y sobre los derechos de los esclavos. No prevé sentencias barbarás ni la pena de muerte.

Las leyes cretenses tuvieron una amplia difusión y reconocimiento en el mundo heleno. Platón, en sus “Diálogos” sobre las Leyes, reconoce que “...hay gentes de Argos y de aquella estirpe que entre nosotros tiene hoy una gran reputación: la de Gortina.”

Aristóteles observó en la “Política” que las leyes de Gortina conceden a las mujeres una libertad similar a aquella de la que gozaban las féminas de Esparta, atribuyéndolo a la ausencia física de los hombres, ocupados en sus campañas militares.

Gortina vivió sus mejores días con la expansión de Roma en el Mediterráneo oriental. Aliada de los latinos desde el año 67 AC, Gortina se convirtió en capital de la isla y centro comercial del Levante. El Imperio expandió la ciudad erigiendo el foro, el templo de Apolo Pitias, dos teatros, el ágora, un estadio, unos baños públicos y un odeón. Este último, un edificio cubierto, situado al norte del ágora, fue construido en el siglo I aprovechando en parte los bloques de piedra que contenían las leyes.

Durante el reinado del emperador Adriano, entre el 120 y el 180 se pavimentaron las calles, se crearon mercados y acueductos y hasta 42 fuentes.